El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 12
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Liam no sabía qué lo impulsaba. Había decidido evitar a las mujeres, pero Rivka…

Ella no se parecía a ninguna mujer que hubiera conocido.

Se sentía poderosamente atraído por ella.

Así había sido desde el principio. Había intentado negar su atractivo sensual, pero, dada la situación en la que se encontraban en aquel momento, era casi imposible.

Su comprensión y su compasión eran su perdición.

Se descubrió besándole la mano, y le pareció tan… natural.

No debería parecerle natural tocar a otra mujer con tanta intimidad. Debería ser la peor de las blasfemias. La más cruel traición a la memoria de Olivia.

Pero no lo sentía así.

Al contrario, tocar a Rivka resultaba sanador.

Era como si la magia de ella se extendiera para aliviar las asperezas de su alma.

Siempre que estaba cerca, conseguía que se sintiera mejor.

Y estar allí, con ella en la intimidad de la oscura tienda mientras la lluvia convertía aquel oasis seco en un escondite secreto, le parecía más natural que nada de cuanto había vivido en muchísimo tiempo.

Liam sabía que ella también respondía a su cercanía.

Oía el leve temblor de su voz y sentía cómo le temblaban los dedos entre los suyos.

Oyó cómo se le cortaba la respiración cuando le besó la palma y casi pudo sentir el anhelo de su alma cuando su cuerpo se acercó involuntariamente al de él.

Ya había muy poco espacio entre ambos. No le costaría nada alinear las piernas con las suyas, apretarse contra ella y sentir contra su cuerpo toda la extensión de su figura esbelta.

—Debo de estar loco —susurró mientras se acercaba más, buscando sus labios con los suyos.

Se movió despacio, dándole la oportunidad de apartarse, pero ella no lo hizo. Entonces oyó sus palabras, pronunciadas sin aliento.

—Yo también.

Y entonces ella salvó el espacio que los separaba y lo besó.

¡Dulce Madre de Todo! Lo estaba besando y se metía entre sus brazos tal como él ni siquiera se había atrevido a soñar. Contra su cuerpo era toda suavidad y curvas, y la ropa que llevaba para dormir era más delicada de lo que había esperado.

Liam había reparado en las espadas de Rivka, colocadas a un lado de la tienda y al alcance de la mano.

Su armadura ligera de cuero estaba en la cabecera.

Lo demás era suave bajo sus manos: los pantalones holgados y la blusa de colores oscuros que solía llevar bajo la armadura y la capa.

La tela se apartó bajo su tacto explorador y entonces sintió un cosquilleo cuando sus dedos rozaron la piel de ella.

Un pequeño destello de lo que parecía magia le acarició los sentidos durante un fugaz instante; después sintió el calor y la suavidad de su piel cremosa y se perdió. Se perdió por completo.

Todo pensamiento cesó. Solo quedaron las sensaciones. El tacto y el hambre. La pasión y la necesidad.

Rivka no podía creer el fuego que le recorría las venas. Poco tenía que ver con el conocido fuego mágico de los dragones. No, aquella era una llama de deseo conjurada por un solo hombre. El contacto de Liam había despertado algo innegable. Inextinguible. Inimaginable.

Fuera lo que fuese aquello, era puro y… bueno.

También peligroso, lo sabía. Pero, ay, qué tentador.

Rivka no podía resistirse. Liam la fascinaba desde el instante en que se habían conocido.

Viajar con él durante los últimos días le había permitido descubrir al hombre que había detrás de su reputación.

Era todo lo que se decía de él… y más. Era amable y tierno cuando así lo sentía.

Se mostraba paciente con Ella y con los niños de Waymeet.

Era comprensivo y fuerte. Inteligente e increíblemente atractivo en todos los sentidos que importaban a Rivka.

Lo había deseado con pasión, pero nunca había creído que fuera posible.

La devoción que profesaba a su difunta esposa era legendaria.

Que se hubiera permitido bajar la guardia lo suficiente para dar el primer paso con Rivka decía mucho de su necesidad y su atracción.

A ella no le importaba. Sentía lo mismo.

Al entregarse a aquel encuentro, sabía que probablemente no duraría más allá del amanecer.

El corazón de Liam ya tenía dueña. Pertenecía a una mujer muerta que no podía devolvérselo.

Si Liam quería recuperar su corazón para entregárselo a otra persona, tendría que hacerlo por sí mismo.

En el fondo, Rivka sabía que aún no había llegado a ese punto.

Todavía no había alcanzado ese lugar de paz, justicia y perdón. Tal vez algún día. Pero no aquel.

Aun así, no iba a negarles, ni a él ni a sí misma, la pasión momentánea que había surgido entre ambos.

Rivka no era una muchacha ingenua que tejiera ensoñaciones en torno a un hombre que nunca podría ser suyo.

Tomaría lo que quería —y lo que él pudiera darle— y se conformaría.

Tenía que hacerlo. No había otra opción.

Rivka lo ayudó a desvestirla y después tiró de la ropa de él.

Liam le devolvió el favor hasta que los pantalones de ambos quedaron enmarañados cerca de sus pies y las prendas superiores formaron un montón semejante sobre la armadura de ella, en la cabecera de la tienda larga y estrecha.

La capa de Liam y el petate de Rivka formaban bajo ellos un lecho mullido y cálido mientras se unían, piel con piel, cuerpo con cuerpo, corazón con…

Bueno, no corazón con corazón. Quizá persona con persona fuera una idea más apropiada para aquel momento, comprendió Rivka.

Ambos estaban necesitados. Ambos sentían la misma atracción salvaje. Eso estaba claro.

Cuando él la tocó con aquella ternura feroz, Rivka supo que estaba perdida.

Los labios de Liam descendieron por su garganta hasta sus pechos, lamiendo, succionando e incluso mordisqueándole con suavidad la piel de un modo que la volvía loca.

Se detuvo allí y dedicó tiempo a tentarla, a excitar sus sentidos y a asegurarse de que estuviera preparada para más.

Rivka ya estaba impaciente cuando las manos de Liam descendieron para abarcarle las nalgas.

No quería perder el tiempo, pero empezaba a descubrir que Liam era un amante concienzudo.

Le acarició las piernas con las manos y, mientras ella permanecía de cara a él, le levantó la rodilla que tenía encima hasta colocarla sobre su muslo.

Ambos yacían de lado en aquel espacio oscuro destinado solo a ellos.

La lluvia golpeaba la tela sobre sus cabezas, pero nada importaba salvo ellos dos, juntos, compartiendo aquellos preciosos momentos de pasión.

Sus dedos buscaron y encontraron las pruebas de su deseo.

Trazó pequeños círculos alrededor del botón situado en el vértice de sus muslos, y Rivka no pudo contener el gemido que escapó de sus labios cuando Liam acarició aquel punto sensible.

Después, sus dedos exploradores descendieron y encontraron su objetivo húmedo y preparado.

Liam introdujo con suavidad un dedo en ella, como si comprobara que estaba lista. Después añadió otro, dilatándola y aumentando aún más su necesidad. A Rivka le gustaba lo que estaba haciendo, pero quería algo más sustancial que su mano. Lo quería a él. Su polla. Su posesión. Su pasión.

Y lo quería ya. Todo. Cuanto él pudiera darle. Aunque sabía que aquello que más deseaba estaba fuera de su alcance. El maltrecho y magullado corazón de Liam permanecería para siempre lejos de ella.

Pero no importaba. En aquel momento nada importaba salvo la satisfacción que tenía casi al alcance de la mano.

—No me hagas esperar —susurró, vencida por la necesidad.

Nunca en su vida le había suplicado nada a un hombre, pero Liam estaba a punto de conseguir que hiciera precisamente eso.

—¿Estás segura? —Se detuvo el tiempo suficiente para preguntárselo, lo que la sorprendió.

Una parte de su mente no quería que dijera nada, por miedo a que se rompiera el hechizo y él se apartara.

Pero Liam conservaba la suficiente lucidez para asegurarse de que ella estuviera de acuerdo con sus intenciones, y no se detenía.

Tal vez fuera un poco más consciente de lo que estaban haciendo de lo que Rivka había pensado.

Quizá no todo se debiera a una necesidad irracional y a un hambre negada durante demasiado tiempo.

Quizá ella no fuera un cuerpo cálido cualquiera en mitad de la noche oscura.

Tal vez Liam estuviera realmente allí, haciendo el amor con Rivka, y no con una figura femenina anónima.

La idea tocó algo muy profundo en su interior y avivó aquella esperanza prohibida que creía haber superado ya.

Muchacha tonta. Liam no era un hombre con el que pudiera quedarse. No mientras Olivia conservara su corazón.

Rivka se limitaría a tomar de él cuanto pudiera y se conformaría. ¿Verdad?

—Estoy segura —respondió.

Él no tenía ni idea de los pensamientos que pasaban por su mente, y ella se encargaría de que siguiera así.

Aquello era complicado, pero no tenía por qué serlo.

Podía ser solo sexo. Sexo magnífico, intenso y sudoroso.

Haría cuanto estuviera en su mano para limitarlo a eso y permitir que ambos volvieran a la normalidad —o a lo más parecido que pudieran alcanzar— por la mañana.

Se tendió de espaldas y abrió los muslos.

No podría haberle ofrecido una bienvenida más explícita ni aunque hubiera levantado un cartel.

Gracias a su visión nocturna, veía con claridad el rostro de Liam.

Dudaba de que él pudiera distinguir tanto, pero sin duda parecía comprender la invitación que se le ofrecía.

Liam se acercó y ocupó su lugar entre sus piernas.