El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 11
42%

11

Abandonaron Waymeet una hora más tarde con unas alforjas adicionales, que Skelaroth transportaba sin esfuerzo, llenas de tantos productos frescos como cabía esperar que pudieran comer antes de que se echaran a perder.

También llevaban nuevas provisiones de cereales y carnes curadas que durarían aún más.

La generosidad del pueblo conmovió profundamente a Liam.

Habían perdido tanto... Numerosas tumbas recién cavadas afeaban el cementerio de la aldea.

Y, aun así, hacían todo lo posible por seguir adelante y habían tratado a Liam y a sus compañeros con amabilidad y cortesía.

Gracias, en gran medida, a Ella. Había sanado al jefe de la aldea y al panadero, además de a varias personas más que habían corrido un grave peligro.

Jalina había confirmado que Ella se había ocupado de sus pacientes más graves y había obrado maravillas.

Con tiempo, todos los que quedaban se recuperarían por sí solos.

Incluso aquellos a quienes Ella había sanado necesitarían mucho descanso para recobrar las energías perdidas, pero estaban fuera de peligro gracias a todo lo que la virkin había hecho por ellos.

Ella dormía plácidamente después de una comida completa que Meg había preparado en especial para ella.

La mujer estaba tan agradecida que había llenado una bandeja con un poco de todo cuanto la aldea podía ofrecer y se la había presentado a Ella cuando terminó su labor.

Ella comió con avidez y sorprendió incluso a Liam al no dejar ni una migaja en la bandeja.

La virkin había ingerido fácilmente el doble de su propio peso.

Tenía el vientre un poco hinchado, pero parecía feliz y satisfecha.

Nada más terminar de comer, se había acurrucado en el nido improvisado que Liam le había preparado y se había quedado profundamente dormida.

Como no había caballos disponibles y ahora sabían que seguían el rastro correcto, volvieron a alzar el vuelo.

Rivka continuó indicando que se detuvieran cada hora, o con mayor frecuencia si el terreno de abajo así lo justificaba.

Desde las alturas no distinguían huellas, pero encontraban muchas cada vez que aterrizaban.

Resultaba tan exasperante como alentador.

Sabían que seguían el camino correcto, pero aún se encontraban por detrás de su presa, aunque iban acortando distancias poco a poco.

Volaron durante el resto del día, pero se hizo evidente que no alcanzarían a Fisk y sus hombres aquella noche. Skelaroth divisó un lugar que parecía adecuado para acampar y volvieron a tomar tierra.

—Parecía que la lluvia venía hacia aquí —observó Rivka cuando hubo recuperado su forma humana. Había ido a recoger leña y dejó caer un pequeño montón en el espacio que Liam había despejado para ese fin.

—¿Has podido calcular la intensidad de la tormenta? —preguntó Liam, poco familiarizado con el aspecto que tenían las tempestades desde las alturas, aunque sí se había fijado en las nubes oscuras del horizonte.

Rivka negó con la cabeza.

—Tenía mala pinta, pero no sé con qué rapidez llegará hasta aquí. Podría ser esta noche. O mañana. Pero, si nos retrasa a nosotros, también retrasará a Fisk.

—Eso es cierto —convino Liam con una mueca. Alcanzar a Fisk se había convertido en una necesidad que lo consumía por entero. Ya había estado cerca antes, pero aquel ser escurridizo se le escapaba una y otra vez. Liam juró que en aquella ocasión sería distinto. Aquella vez se vengaría.

—¿Qué tal preparado estás para dormir si llueve durante la noche? —preguntó Rivka, arrancándolo de sus sombríos pensamientos. Que se preocupara por algo así le provocó una extraña calidez interior. Hacía muchísimo tiempo que nadie se interesaba por su comodidad.

—Mi capa es impermeable —le recordó—. Estaré bien.

Ella lo miró con escepticismo mientras empezaba a montar la tienda que él le había dado, pero no dijo nada.

Liam dispuso la leña en el círculo que había excavado, pero, cuando fue a prenderla, Rivka lo detuvo.

Se limitó a extender un dedo y tocar un pedazo de madera.

En cuestión de segundos apareció una pequeña llama cerca del punto que había tocado.

Retiró la mano, intacta, y sonrió mientras el fuego prendía y se propagaba por el pequeño montón de palos y ramas rotas.

Bueno, aquello confirmaba lo que ya había deducido.

La forma dracónica de Rivka escupía fuego y ella conservaba parte de aquella magia incluso bajo su apariencia humana.

Era extraordinaria. Una belleza y una guerrera dotada de una intensidad que jamás había encontrado en una mujer.

Resultaba fascinante en todos los sentidos de la palabra.

Por supuesto, él nunca podría dejarse atrapar por aquel hechizo.

Hacía mucho que su corazón había desaparecido.

Estaba enterrado junto a su pobre esposa.

Lo que quedaba era una piedra reseca en su pecho, incapaz de volver a querer con tanta profundidad.

O, al menos, eso creía de verdad. También creía que una mujer tan especial como Rivka merecía más.

Muchísimo más. Merecía a un hombre capaz de entregarse por completo a ella.

No un simple revolcón. Eso solo volvería incómoda la relación entre ambos, y aún les quedaban muchas leguas por recorrer juntos.

Liam comprendió que intentar alcanzar a Fisk por tierra sería poco menos que imposible.

Su única ventaja eran los dragones: los dos.

Pese a toda su velocidad y poder, Skelaroth todavía no estaba lo bastante familiarizado con el rastreo sobre tierra como para hacerlo solo.

Allí necesitaban la pericia de Rivka. Del mismo modo, aunque Liam no dudaba de su valor ni de su arrojo, no le gustaría enfrentar su forma dracónica, comparativamente pequeña, a media docena —como mínimo— de los asesinos de Fisk.

Si pretendían tener éxito en su misión, necesitarían la participación de todos.

Incluso Ella había contribuido al éxito alcanzado hasta ese momento.

Había hecho mucho más de lo que él jamás habría esperado para ayudar a la gente de Waymeet.

Su insistencia en viajar con ellos empezaba a cobrar sentido.

Ella sabía que podría ayudar, aunque Liam no hubiera comprendido del todo sus capacidades.

A decir verdad, todavía ignoraba el alcance total de su magia.

Quizá se guardase más ases en la manga. Sentía mucha curiosidad por descubrir qué revelaría a continuación.

Comieron, se asearon en la cercana poza alimentada por un manantial que había llevado a Skelaroth a elegir aquel lugar y después se desearon buenas noches, tras hablar brevemente de sus planes para el día siguiente.

No necesitaban decir mucho. Era probable que el día siguiente fuese una repetición de aquel.

Con suerte, no tendrían que ocuparse de otra aldea diezmada, aunque quizá sí de algo de lluvia.

Aun así, su tarea principal no había cambiado.

Volarían, aterrizarían para comprobar el rastro y volverían a volar durante tanto tiempo como fuera necesario hasta acorralar a su presa.

Liam durmió hasta que el retumbar de un trueno lejano y el aumento del viento lo despertaron en algún momento después de medianoche.

Olió la lluvia en el aire y comprobó que su equipo estuviera a salvo bajo la pequeña lona que había encontrado en una de las alforjas de Waymeet.

Sus alimentos y pertenencias quedarían protegidos de la lluvia gracias a la persona previsora que había preparado aquella alforja y se la había entregado.

Por desgracia, el propio Liam no gozaría de tanta protección. Se arrebujó en su capa impermeable, pero, por mucho que extendiera la tela, alguna parte de su cuerpo quedaba expuesta a las violentas ráfagas. Entonces empezó a llover de verdad.

No era una simple lluvia. Era un aguacero torrencial que no cesaba ni daba la menor señal de amainar.

— Te cubriría con un ala —dijo Skelaroth en su mente, sorprendiendo a Liam—, pero con este viento sería difícil mantenerla en su sitio.

—Gracias por la intención, milord. Estaré bien —respondió Liam en voz lo bastante alta para que el dragón pudiera oírlo.

No se había dado cuenta de que estaba despierto, pero Skelaroth afirmaba tener el sueño muy ligero, y eso les bastaba para dejar en sus manos cualquier posible guardia.

Un dragón gigantesco era un centinela formidable al que pocos salteadores se atreverían a molestar.

La portezuela de la tienda se le escapó de la mano a Rivka cuando la abrió.

—¡Entra! —gritó por encima del ruido de la lluvia—. ¡No puedes quedarte ahí fuera con este tiempo!

Liam solo tuvo que pensárselo un instante antes de que una ráfaga de viento lo enviara a gatas hasta el otro lado del campamento, donde habían montado la tienda al abrigo de dos árboles grandes, rodeados de arbustos.

Era el lugar más protegido del viento, aunque los árboles podían suponer cierto peligro si empezaban a caer rayos.

Por el momento, sin embargo, en aquella zona solo había viento y lluvia.

Los relámpagos y los truenos se encontraban más al norte y avanzaban hacia el este, alejándose de su posición.

Si continuaba en aquella dirección, el frente que concentraba lo peor de la tormenta eléctrica pasaría muy lejos de ellos.

Aferrado al morral de cuero en el que Ella aún dormía, Liam se abrió paso hasta la tienda y se lanzó al interior. Por desgracia, llevó consigo hasta aquel espacio diminuto toda el agua que cubría su capa.

—Lo siento —dijo de inmediato—. Lo estoy mojando todo.

Rivka se escandalizó de sus propios pensamientos lascivos. Sin duda él no había pretendido dar un doble sentido a aquellas palabras inocentes, pero ella no pudo evitar reírse para sus adentros. Desde luego que estaba mojándolo todo... y no solo la tienda.