El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 8 #3
34%

8 #3

Liam cogió la moneda que ella le ofrecía y la examinó.

En una de sus caras aparecía la cabeza de un hombre de perfil, tocado con una corona.

Por experiencia, Liam sabía que muchas tierras acuñaban en sus monedas las imágenes de sus monarcas, si sus artesanos del metal poseían la destreza necesaria.

Le dio la vuelta en la mano y contuvo el aliento al ver la imagen de la otra cara.

Era una serpiente enroscada. Una criatura muy peculiar.

Enemigo mortal de los dragones, era un skith de Skithdron, la tierra enemiga vecina.

El comercio con Skithdron era inexistente. Apenas había tránsito por la frontera —de hecho, ninguno autorizado oficialmente—, y esta se encontraba a muchas leguas de distancia. En realidad, estaban casi al otro extremo de Draconia. No tenía sentido que aquella moneda apareciera allí.

A juicio de Liam, la única manera de que hubiera llegado hasta aquel lugar era en el bolsillo de alguien que hubiese viajado a Skithdron.

Y las únicas personas con probabilidades de haber viajado allí eran quienes estaban confabuladas con el enemigo.

Fisk y su tripulación encajaban en esa descripción.

Podrían haber navegado con facilidad hasta Skithdron o cualquier otro lugar, y haber permanecido allí el tiempo suficiente para hacerse con algo de la moneda local.

—¿Lord Skelaroth? ¿Lady Rivka? —llamó Liam a los dos, que aún examinaban la carretera.

Aquello era demasiado importante para no compartirlo.

—La señorita Ella ha encontrado algo.

Ella regresó volando para posarse en su hombro, y Liam le rascó la cabeza en señal de aprobación mientras observaba con gran atención cuanto lo rodeaba.

Había algo extraño en la disposición de la hierba de aquella zona.

Como si varias personas hubiesen caminado por allí y después hubieran hecho todo lo posible por ocultar su paso.

—¿Qué es? —preguntó Rivka en voz alta, después de adoptar su forma humana para seguirlo.

Skelaroth se limitó a inclinar la cabeza hacia ellos con su largo y sinuoso cuello para unirse al grupo.

—Ella ha encontrado esto entre la hierba. Es una moneda de Skithdron —dijo Liam, ofreciéndole a Rivka el pequeño disco de cobre.

Ella contuvo el aliento cuando el skith relució en el reverso de la moneda. Skelaroth llegó incluso a echar la cabeza hacia atrás. Liam observó cómo Rivka retrocedía y se negaba a coger la moneda de su mano.

—¿Le pasa algo? —preguntó mientras volvía a examinarla con cautela.

A él no le parecía peligrosa.

—Lo siento. Es la imagen. Los dragones y los skiths... Somos enemigos naturales. Ni siquiera puedo mirar esa imagen sin que mi dragona interior quiera rugir y lanzar fuego —admitió ella.

— La moneda en sí no es el problema —intervino Skelaroth—. Es el... animal ... representado en ella.

El énfasis con el que Skelaroth pronunció aquella palabra —animal— parecía significativo. Como si los skiths fueran lo más bajo de lo más bajo. Seres viles. Bestiales. Criaturas carentes por completo de razón. Liam supuso que Skelaroth sabía más del asunto que él.

Liam había evitado Skithdron, como hacía la mayoría de la gente sensata.

Era una nación aislacionista que no aceptaba comerciar con nadie salvo con los pocos criminales dispuestos a jugarse el cuello para obtener beneficios.

Por tanto, Liam nunca había tenido ningún motivo para ir allí.

No era la clase de desalmado que traficaba con las cosas ilegales e inmorales que, según se decía, interesaban al rey de Skithdron.

—Creo que acamparon aquí —dijo Rivka, interrumpiendo los pensamientos de Liam.

Caminaba de un lado a otro, colocando los pies con sumo cuidado.

—¿Ves cómo han aplastado la hierba y luego han vuelto a enderezarla? Y aquí...

Dio la vuelta con la punta de la bota a una rama rota. Debajo, Liam pudo ver los restos de una hoguera. El suelo estaba un poco chamuscado y había cenizas dentro del círculo ennegrecido.

—Intentaron ocultarla, pero el fuego siempre deja huella.

Eso lo dice la dragona que escupe fuego , pensó Liam. Probablemente sepa de lo que habla.

— ¿Podéis averiguar cuántos eran? —preguntó Skelaroth.

—No exactamente —respondió ella—. No con certeza.

—He contado al menos cuatro lugares donde la hierba estaba lo bastante alterada para haber servido de lecho —aportó Liam.

Rivka asintió.

—Estoy de acuerdo. Pero podría haber habido más. Probablemente acamparon aquí hace dos noches. Los rastros no son lo bastante recientes para revelarnos nada más.

Suspiró y negó con la cabeza.

— Al menos ahora sabemos que seguimos el rastro correcto —intervino Skelaroth.

—Bueno... —Liam no quería mostrarse demasiado contrario, pero tenía que ser realista—.

Sabemos que seguimos el rastro de alguien que ha estado en Skithdron.

La lógica nos dice que debe de ser alguien de la tripulación de Fisk.

O, como mínimo, algún pirata. Puesto que Fisk es el único pirata del que sabemos que ha desembarcado recientemente en Tipolir y ha tomado la carretera, tiene sentido pensar que pertenece a su tripulación.

Pero aún no podemos estar seguros de que este sea el grupo con el que viaja Fisk.

Skelaroth gruñó.