El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 7 #3
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Tal vez estuviese concentrado en su misión y en su venganza, pero seguía siendo un hombre atento. Aquella era una cualidad muy atractiva y, si no tenía muchísimo cuidado, podría acabar enamorándose un poco del apuesto capitán de barco.

Por imposible que supiera que era.

Liam despertó unas horas más tarde, a juzgar por la posición del sol.

Había pasado de estar casi en lo más alto del cielo a iniciar su descenso hacia el horizonte.

Ella montaba guardia, por así decirlo, encaramada a una rama sobre el lugar donde él dormía.

Había escogido una que no tenía demasiadas hojas que le obstruyeran la vista del camino y de ambos flancos.

A sus espaldas los protegía el escarpado risco.

Una vez más, le sorprendió lo llena de recursos que era Ella.

Se había adaptado a viajar por tierra y aire con la misma facilidad con la que se había acostumbrado a navegar con él en su barco.

Era una compañera excelente. Y también resultaba útil tenerla cerca.

Tuvo que admitir que disfrutaba de su compañía.

Incluso antes de que empezara a hablar, siempre le había gustado tenerla cerca.

Otro ser vivo con quien compartir sus días.

De algún modo, su presencia reconfortaba su alma solitaria.

El mero hecho de que estuviera a bordo de su barco, y sobre todo con él, le recordaba que no estaba completamente solo.

Sabía que era un pensamiento extraño en él.

El famoso capitán O’Dare, que no necesitaba nada ni a nadie.

Que ni siquiera se acostaba con una compañía pagada en ninguno de los puertos.

Era solitario por elección, y su tripulación sabía qué lo impulsaba.

Muchos de sus hombres llevaban con él desde el principio, y los que no probablemente habrían conocido su historia por boca de los demás.

Antes de permitir que sus pensamientos se internaran en territorios aún más deprimentes, oyó a Rivka moverse dentro de la tienda.

Se alegraba de haber metido aquella ligera pieza en el macuto.

Ella había parecido cautivada por la tienda y perpleja ante la idea de que alguien pensara en su comodidad.

Aquello lo inquietaba de una forma que no sabía definir.

Era una princesa entre los suyos. Deberían cuidarla y mimarla y, sin embargo, resultaba dolorosamente evidente que había elegido otro camino.

Era una guerrera, con todo lo que eso implicaba.

No sabía por qué no buscaba también algunas comodidades para sí misma.

¿Tal vez había renunciado a todos los lujos por alguna razón ascética, o incluso religiosa?

¿O quizá carecía de medios para adquirirlos?

Aquello no parecía probable. Los Jinn eran célebres por ser comerciantes de primera categoría.

Eran famosos por sus magníficos carros, caballos y mercancías.

Aunque, claro está, no sabía si Rivka había formado alguna vez parte de quienes recorrían las tierras ganando montones de dinero e intercambiándolo por objetos hermosos o útiles como la tienda que había llevado para que ella la utilizase.

Se levantó y recogió el macuto que había guardado en la horquilla de un árbol no demasiado lejos de donde habían dormido.

No sabía con exactitud qué fauna frecuentaba aquella parte del país.

Si había osos o animales semejantes, no había querido correr el riesgo de atraerlos al lugar donde dormían.

Atendió la llamada de la naturaleza mientras estaba fuera de la vista y después hizo algo de ruido al regresar al campamento para advertir cortésmente a Rivka de que se acercaba.

Ella lo recibió con una sonrisa y ya había desmontado la tienda. A esas alturas, Liam supuso que no debería sorprenderlo su eficacia ni su destreza, así que no hizo ningún comentario, aparte de darle las gracias cuando ella le entregó la tienda perfectamente doblada y metida ya en su pequeña funda.

—El diseño de los postes es realmente ingenioso —le dijo—. Pocas veces he visto un trabajo tan exquisito.

—Hay un pequeño mercado en Elderland donde se encuentran cosas así. Importé todas las que pudieron suministrarme, aunque por desgracia no fueron muchas. Fabricar cada una lleva su tiempo, pero duran décadas si se cuidan bien.

Ella le sonrió.

—Se te notan tus raíces de comerciante, capitán.

Liam descubrió que le devolvía la sonrisa.

—Necesité dinero para construir mi flota —respondió con franqueza—. Cuando todo esto acabe, supongo que volveré al comercio.

Suspiró casi sin darse cuenta, pero Rivka pareció advertirlo.

Ella agitó un dedo ante él.

—Eso no suena como un hombre que quiera volver al simple comercio —dijo, observándolo con una ceja enarcada—. Has creado la mejor flota de combate que ha visto jamás este país. Espero que puedas encontrarle alguna utilidad noble incluso después de cumplir tu misión.

Se volvió para mirar las provisiones que él sacaba del macuto.

—Naturalmente, es algo que probablemente deberías hablar con el rey. Podría ayudarte a concertar una audiencia. Más adelante, claro.

Liam meditó sobre aquello un instante mientras escogían qué comer. Él cogió una manzana, mientras ella cortaba un pedazo de queso y parte del pan que había llevado.

—Tal vez acepte vuestra oferta, milady. Si todo va bien en nuestro viaje.