7
Liam dormía cuando Rivka llegó al punto de encuentro varias horas antes del amanecer.
Ella montaba guardia. La pequeña virkin estaba acurrucada como un gato sobre el ancho pecho de Liam, pero tenía los ojos abiertos, y vio a Rivka en el cielo y la observó descender.
Rivka alcanzaba a ver el destello de los ojos de Ella siguiéndola.
Rivka aterrizó en el camino y adoptó su forma humana. Ella contempló toda la transformación, y Rivka se preguntó qué pensaría la pequeña virkin de su capacidad para cambiar de forma. No tuvo que esperar mucho para averiguarlo.
— Tú vuelas y caminas —dijo Ella en la mente de Rivka con voz maravillada.
Rivka no pudo evitar sonreír.
— Soy mitad dragón y mitad humana —le confirmó en silencio a la pequeña criatura para no despertar a Liam.
— ¿Cómo?
Ella inclinó mucho la cabecita hacia un lado y contempló a Rivka con una curiosidad arrolladora.
Rivka se sentó en el suelo cerca de Liam.
Él había elegido un lugar bajo un árbol al borde del camino, casi del todo oculto a la vista.
Era un sitio tan bueno como cualquier otro para dormir lo poco que iban a poder descansar aquella noche.
Ella no había visto a nadie en el camino en varias leguas a la redonda.
Allí estarían lo bastante seguros para descansar unas horas.
— Hace muchísimo tiempo hubo un gran mago —le contó Rivka a la virkin mientras se acomodaba bajo el árbol, a unos pasos de Liam y de su pequeña amiga—.
Se llamaba Dranneth el Sabio y fue uno de los últimos grandes magos.
Era un buen hombre y le preocupaba lo que pudiera ocurrirles a sus amigos si él moría.
Se convirtió en el primero de los nuestros: mitad dragón y mitad humano.
Formaba parte del acuerdo que alcanzó con los dragones, para que pudiera comprender sus inquietudes y gobernar con justicia la tierra de Draconia, donde dragones y humanos vivirían juntos en armonía.
Yo soy descendiente lejana del hijo menor de Dranneth el Sabio.
El rey y toda la familia real de estas tierras también son como yo, pero descienden del primogénito de Dranneth.
Su familia lleva muchas generaciones gobernando Draconia en paz.
— ¿Y tu famidia? —quiso saber Ella.
Había escuchado y observado con los ojos muy abiertos todo cuanto Rivka le había contado, y había comprendido incluso más de lo que esta esperaba.
— Mis antepasados se convirtieron en los Jinn. Vigilamos todas las tierras para descubrir cosas que ayuden a mantener a salvo Draconia y a todos los dragones y personas que viven aquí.
— ¡Espías! —exclamó Ella con entusiasmo y manifiesta aprobación.
Rivka sonrió, aunque la sorprendió la complejidad de los razonamientos de Ella. Aquella pequeña virkin era mucho más inteligente de lo que había supuesto.
— Algo parecido —convino Rivka, adormilada—.
Pero somos más bien protectores discretos.
No buscamos ser el centro de atención. Trabajamos en las sombras para ayudar a mantener a todo el mundo a salvo.
Hacer este trabajo necesario es nuestra vocación y nuestro honor.
Del mismo modo que los hijos menores de Dranneth ayudaron a los mayores, nosotros cumplimos esa misma función y siempre lo hemos hecho.
Rivka volvió a bostezar y se tumbó en el lugar que había elegido. Ella la observó y parpadeó varias veces, como si estuviera meditando sus palabras. También se fijaba en todo, y lo siguiente que dijo la pequeña criatura sorprendió a Rivka.
— Tú cansada. Duerme. Yo vigilo. Despierto si peligro.
— Es muy amable por tu parte, señorita Ella. Ha sido un día… y una noche muy largos.
Y, dicho aquello, Rivka se quedó dormida. No estaba del todo segura de hasta dónde llegaban las capacidades de la pequeña virkin para montar guardia, pero, a esas alturas, estaba casi demasiado cansada para que le importase.
— ¡Viene dragón grande!
La vocecita de Ella resonó en la mente de Rivka al mismo tiempo que las alas de la virkin revoloteaban contra su brazo. Rivka abrió los ojos y descubrió a la criatura de pie entre Liam y ella, dando saltitos de emoción mientras sus alas agitaban el aire a su alrededor.
Liam abrió los ojos, y Rivka comprendió que Ella debía de haber hablado con ambos al mismo tiempo.
Las dotes de vigilancia de la pequeña criatura parecían mucho mejores de lo que Rivka habría imaginado.
Por suerte para ellos. Rivka había sido un tanto irresponsable al desplomarse junto a Liam unas horas antes.
Cualquiera podría haberlos sorprendido desde el camino o el bosque.
Por fortuna, no había ocurrido, pero había sido una insensatez bajar la guardia.
Tendrían que reservar tiempo para dormir durante el viaje o ella no serviría de nada si acababan en un enfrentamiento, algo que deseaba desesperadamente que sucediera.
Quería ser quien atrapase a Fisk, no solo porque sabía que poseía la destreza necesaria para derrotarlo, sino también por Liam.
Liam merecía obtener justicia después de tanto tiempo y de todo el esfuerzo que había dedicado a capturar a Fisk.
Y, después de lo que Fisk le había hecho a su esposa, merecía dar rienda suelta a toda la rabia y la furia acumuladas que sin duda lo habían impulsado durante aquellos años.
Por el bien de Liam, además de por el de la justicia, Rivka quería ver culminada aquella búsqueda.
Y, si podía ser ella quien recuperase la página del libro, volaría personalmente a la isla de los Grifos para entregársela en mano a Gryffid.
No por la gloria, sino para cumplir el juramento de toda una vida de servir a su tierra y a su pueblo.
Quería conocer la isla de los Grifos y hacerle una o dos preguntas a Gryffid, si este se mostraba dispuesto a hablar con ella.
Siempre había soñado con ver a los grifos y volar entre ellos, aunque tal vez fuese un sueño egoísta.
Lo más importante era la página de aquel libro y el peligro que suponía para todos, en todas partes.
Se concentraría en eso y, la recuperasen como la recuperasen, haría todo cuanto estuviera en su mano para contribuir.
—Skelaroth está en el aire —dijo Liam, frotándose los ojos mientras despertaba de lo que debía de haber sido un sueño profundo—. No te he oído llegar. Gracias por no despertarme. Supongo que estaba más cansado de lo que creía.
—Llevábamos en marcha todo el día y casi toda la noche. No me sorprende que los dos hayamos caído rendidos, pero a partir de ahora tendremos que organizarnos mejor.
Rivka se levantó y salió al camino para que Skelaroth pudiera verla. Agitó una mano, y él viró y descendió en picado para aterrizar.
— ¡No tan deprisa! —le dijo mentalmente al verlo acercarse a una velocidad temeraria.
Skelaroth desplegó las alas y frenó el descenso para posarse en el camino de tierra frente a ella con apenas algo más de fuerza de la necesaria.
— Saludos, lady Rivka —dijo Skelaroth formalmente en su mente—. Gracias por su consejo. No estoy acostumbrado a aterrizar. Cuando vuelo sobre las olas, al regresar me sumerjo en el agua. Veo que tendré que adaptar mis costumbres si he de volar sobre tierra firme.
Rivka asintió y entonces se le ocurrió algo.
—Aunque vea lo que parece una masa de agua lo bastante grande, no se lance en picado. La mayoría de los lagos no son lo bastante profundos para usted.
La enorme cabeza de Skelaroth asintió.
— Veo que tengo mucho que aprender. Gracias por la advertencia.
A Rivka le alegró que no se tomara a mal sus palabras.
No sabía gran cosa sobre los dragones marinos, pero los terrestres eran seres sumamente formales y exigían la máxima cortesía a los humanos con quienes trataban.
Claro que, cuando uno tenía garras afiladas como cuchillas de treinta centímetros de largo y la capacidad de escupir fuego, a veces la cortesía evitaba numerosos malentendidos… y actos innecesarios de violencia.
— No hay nadie en el camino en muchas leguas —informó Skelaroth cuando Liam se reunió con ellos, con Ella flotando a su lado.
El sol empezaba justo entonces a asomar.
Al parecer, la tenue luz previa al alba había bastado para que Skelaroth encontrase el camino hasta allí.
Rivka se alegró. Eso significaba que tenía una vista más aguda de lo que ella temía.
No sabía qué esperar de un dragón marino.
Tendría que observarlo y aprender durante el viaje para determinar con exactitud qué podía hacer y qué no.
Además, era probable que tuviese capacidades con las que ella no estaba familiarizada.
Por ejemplo, cómo «veían» los dragones marinos bajo el agua era algo que todos los dragones negros deseaban descubrir.
Tal vez, si pasaban junto a un lago lo bastante profundo, podría pedirle una demostración.
Naturalmente, su misión tenía prioridad.
No importunaría a Skelaroth a menos que surgiera una buena oportunidad y dispusieran de tiempo para ello.
Sin embargo, podría hacerle preguntas mientras volaban, salvo que hubiera algo más importante de lo que hablar.
Le había prometido enseñarle a explorar la tierra desde el aire.
Empezaría por eso y lo ayudaría a familiarizarse con el aspecto que tenían desde arriba las cosas del suelo.
No siempre era una destreza fácil de dominar, como sabía por experiencia propia.
— ¿Han descansado lo suficiente? —preguntó Skelaroth a Rivka y Liam.
—He dormido unas tres horas —respondió Rivka.
—Yo algo más, pero no sabría decir cuánto —admitió Liam—. ¿Quizá cuatro horas? ¿Cinco? No estoy seguro.
— Cuatro y cuarto —intervino Ella, encaramada ahora al hombro de Liam como si descansara allí a menudo.
Tenía la colita enroscada alrededor de la espalda de él y apoyada con suavidad en el otro hombro para mantener el equilibrio.
— Yo vigilado bien.
Liam alzó una mano y acarició la cabeza de la virkin con evidente afecto.
—Bueno, eso responde a la pregunta. Gracias, preciosa —le dijo a su pequeña amiga.