El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 6 #2
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El brillo burlón de sus ojos verde oscuro lo tentó más allá de toda razón. Liam se descubrió asintiendo.

—Lo intentaré, milady. Es lo único que puedo prometer por ahora.

—Bien.

Ella le dedicó una sonrisa radiante.

Liam se volvió hacia Skelaroth.

—Gracias por su generoso ofrecimiento, Lord Skelaroth. Nunca he volado y, francamente, no sé cómo me afectará, pero estoy dispuesto a intentarlo. Si descubro que no puedo soportar el vuelo, seguiré por tierra y vosotros dos podréis continuar sin mí. Esta misión es demasiado importante.

— Bien dicho, capitán, pero creo que se desenvolverá bien en el aire. Al fin y al cabo, su hija parece disfrutarlo y ha salido a usted, ¿no es cierto?

Skelaroth le mostró una sonrisa dentuda y muy propia de un dragón.

Liam suspiró profundamente.

—A veces desearía que no fuera así —dijo antes de poder contenerse.

Se dio cuenta de que aún acariciaba al pequeño virkin cuando Ella se movió bajo su mano. Había creído que se había dormido, pero tenía los ojos muy abiertos y no se perdía detalle.

— Yo también voy —dijo cuando él sostuvo su mirada, tomándolo por sorpresa.

Ella se volvió para mirar a Skelaroth.

— Yo voy con Leem.

Skelaroth pareció tan sorprendido como Liam, pero, después de parpadear un par de veces, bajó la cabeza hasta la borda, a la altura del virkin.

— Vendrás con nosotros si así lo deseas, señora Ella, pero podría ser un viaje incómodo para ti. ¿Estás segura?

— ¡Sí! —respondió ella, embistiendo con la cabeza la mano de Liam—. Ir con Leem. Cazar.

Liam no sabía qué clase de cacería tenía en mente la pequeña criatura, pero sospechó que, si no la llevaba consigo, probablemente intentaría seguirlos por su cuenta. No quería que eso ocurriera. Sin duda se perdería en la ciudad y él no volvería a verla jamás.

—De acuerdo, pequeña —le dijo Liam al virkin—. Puedes venir. Llevaré una bolsa de viaje mullida, podrás dormir dentro mientras volemos y vigilar nuestros campamentos cuando paremos a descansar.

— ¡Sí! ¡Vigilar! ¡Puedo! —gorjeó, con voz emocionada—. Yo ayudar. Tú ver.

El viaje se organizó con gran rapidez. Liam se maravilló ante la forma en que Rivka y Skelaroth pusieron todo en marcha.

Él se alejó nadando para hablar con sus dragones marinos, mientras Rivka regresó a The Smiling Dragon para solicitar la ayuda de los Jinn.

Le había dicho a Liam que preparase cuanto necesitara para él y para Ella y que se reuniera allí con ella.

No tardó mucho en recoger sus cosas, pero cuando llegó a la taberna ya era tarde.

Hacía mucho que la gente corriente se había acostado y, en teoría, la taberna estaba cerrada; sin embargo, cuando Liam abrió la puerta, lo recibió el ajetreo de un grupo de personas que ocupaban sus puestos para lo que parecía una especie de sesión informativa.

Rivka estaba al frente de la sala, y Liam se deslizó hasta un rincón oscuro del fondo para observar mientras ella imponía orden.

Explicó la situación con tanta claridad y concisión como cualquier soldado al presentar un informe.

Liam quedó impresionado. Utilizó un trozo de tiza en la pizarra donde el tabernero anotaba los platos del día para quienes supieran leer y dibujó un mapa aproximado de los caminos que salían de la ciudad y de las direcciones generales que seguían.

Se reservó el camino del norte y pidió que se formaran dos grupos para tomar las rutas que iban hacia el noroeste y el nordeste.

Había unos veinticinco Jinn en la sala. Los dividió en tres grupos: dos de diez personas cada uno y uno de cinco especialistas, quienes parecieron saber de antemano que harían algo diferente.

Asignó a los dos grupos de diez los caminos que debían tomar y eligió entre ellos a un líder para cada grupo.

Se retiraron a distintas zonas del salón principal para hablar en privado con los miembros de su propio grupo, mientras Rivka fue a dirigirse directamente a los cinco restantes.

Liam se acercó, deseoso de saber qué harían aquellos cinco. Tenía una idea, pero quería oírlo él mismo. Rivka no pareció sorprendida cuando salió de las sombras y se unió al grupo más pequeño.

—Cada uno de vosotros irá en una dirección distinta —les dijo a los cinco—. Encontrad un dragón. Convencedlo de que lleve mi mensaje a Castleton y regresad aquí. Vuestra tarea habrá terminado y contaréis con mi agradecimiento y con la recompensa que organizaré por medio de los miembros de mi Clan.

Liam entendió que ella dispondría que su Clan pagara a los mensajeros después. Él podía ayudar con eso. Se aclaró la garganta para llamar su atención.

—Si al volver vais a mi barco, dejaré instrucciones para que mi contramaestre pague a cada uno de vosotros, si os parece aceptable.

Inclinó ligeramente la cabeza hacia Rivka para comprobar si estaba de acuerdo. Ella asintió y le dedicó una pequeña sonrisa.

Ella eligió aquel momento para asomar la cabeza por la alforja que Liam llevaba colgada de los hombros.

El resistente cuero tenía una solapa que salió disparada hacia arriba cuando ella apareció bajo el brazo de Liam, revelando su presencia a todos.

Liam había forrado la bolsa de cuero con la tela más suave que tenía a bordo, creando un nido cálido para el pequeño virkin.

Ella lo había aceptado al instante y no había vuelto a salir desde que él abrió la bolsa para enseñársela.

— Yo llevar mensaje a Benyon —dijo—. Después volver aquí.

Su ofrecimiento dejó atónito a Liam. ¿Hasta qué punto comprendía lo que él estaba haciendo? El virkin demostraba ser mucho más consciente de su entorno y de la situación de lo que jamás había imaginado.

—¿Estás segura de que conoces el camino? —preguntó Liam, concentrándose en el virkin e ignorando las miradas sobresaltadas de los Jinn reunidos.

Ella asintió con vigor.

— Yo siempre poder encontrarte, Leem.

Vaya. Aquella era una idea interesante. No se había dado cuenta de que la criatura estuviera tan estrechamente vinculada a él.

Había disfrutado de su compañía durante los últimos meses, y sin duda ella parecía preferirlo a casi cualquier otra persona del barco, pero Liam no había comprendido hasta qué punto era consciente de todos y de todo.

Rivka le entregó un trozo de pergamino y una pluma.

Otro de los Jinn sacó un pequeño tintero de debajo de la barra y se lo dio.

Liam asintió para darle las gracias, se sentó a la mesa, escribió sus órdenes y las firmó.

Después enrolló el pergamino y se lo entregó a Ella, que había salido de la bolsa y permanecía a su lado sobre la mesa, observándolo.

—¿Puedes llevar esto o quieres que te lo ate alrededor del cuerpo de alguna manera? —preguntó, sin saber muy bien cómo proceder.