El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 6
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Rivka recorrió el largo muelle en dirección al barco de Liam.

Vio el tenue destello de unas escamas de dragón al otro lado de la borda y apenas alcanzó a distinguir a Liam de pie allí, al parecer hablando con Lord Skelaroth.

Una criatura más pequeña estaba posada en la borda y se volvió más nítida a medida que Rivka se acercó al barco.

¿Sería el virkin que Liam había mencionado?

Sentía una enorme curiosidad por ver con sus propios ojos a una de aquellas legendarias bestias extranjeras y la intrigaba lo bien que la criatura había ocultado su presencia las pocas veces que ella había subido a bordo.

— ¿Permiso para subir a bordo? —le transmitió a Liam al acercarse a la pasarela. Uno de sus hombres montaba guardia junto al ancho tablón de madera que conectaba con la parte más baja de la cubierta principal.

Lo vio volverse para mirar hacia el muelle.

Un momento después, llamó al hombre que vigilaba en la cubierta inferior y le dijo que la dejara pasar.

Su tripulación nunca la había visto con forma humana.

Rivka percibió la curiosidad del marinero, pero la ignoró y dedicó una sonrisa al joven mientras subía ágilmente a bordo.

—El capitán dice que suba, señora —le indicó el hombre con cortesía, señalando el corto tramo de escaleras que conducía al alcázar, donde ella sabía que Liam la esperaba.

Rivka le dio las gracias al pasar junto a él.

Lo que encontró al subir las escaleras fue justo lo que esperaba.

La cabeza de Skelaroth seguía al otro lado de la borda, y el pequeño virkin estaba posado sobre esta mientras Liam le acariciaba el cuello y le rascaba alrededor de las articulaciones de las alas.

Era una criatura adorable; abrió los ojos con curiosidad y parpadeó al ver que Rivka se acercaba.

—¿Qué noticias hay? —preguntó Liam, yendo directo al grano.

Bien. No tenían mucho tiempo que perder en cumplidos.

—Lamento tener que decir que las tres rutas que identificó tu gente son viables.

Todas salen de la ciudad, y pude seguir los rastros durante cierta distancia por el campo.

Un grupo pequeño viajó a toda prisa por cada uno de los tres caminos.

Tan deprisa que no pude alcanzar a ninguno desde el aire —le explicó antes de volverse hacia el dragón marino—.

Saludos, Lord Skelaroth. ¿Qué ha observado?

— Nada por mar —le respondió él de inmediato—. Muchos rastros falsos, pero ninguno verdadero. Creo que Fisk dejó en la ciudad a muchos miembros de su tripulación con el propósito expreso de retrasarnos y desviar cualquier persecución.

—Tiene sentido —dijo Liam, inclinando ligeramente la cabeza como si sopesara la situación—. Dividió en tres grupos a los hombres capaces de viajar deprisa y dejó aquí a los más lentos para que causaran problemas a cualquiera que intentase seguirlo.

— Entonces, nuestro problema consiste en decidir cuál de los tres caminos que salen de la ciudad debemos tomar —les dijo Skelaroth—.

Sabemos adónde se dirige probablemente Fisk en última instancia, pero creo que sería más prudente intentar interceptarlo lo más lejos posible de la Ciudadela.

Es demasiado arriesgado permitir que la página avance tanto hacia el norte.

No tenemos ni idea de hasta dónde debe acercarse para poder utilizarla.

—Buen argumento —fue el único comentario de Liam.

—Vamos a necesitar ayuda —intervino Rivka, expresando la única solución que le parecía sensata.

—¿Pero de quién? Mi gente lucha bien, pero ninguno tiene experiencia en persecuciones por tierra ni en rastrear. Todos somos marineros, no rastreadores terrestres —explicó Liam.

Rivka sonrió.

—No pasa nada. Conozco a gente muy buena viajando sin previo aviso y con experiencia como combatientes, rastreadores y espías.

—¿Los Jinn? —Liam pareció intrigado—. ¿Nos ayudarán con algo así? Podría ser una persecución larga.

—La Hermandad se ha comprometido a proteger esta tierra, y todas las tierras, del mal que podría desatarse si Fisk llega a la Ciudadela con esa página —le aseguró—.

Ayudarán. Demonios, solemos inquietarnos cuando pasamos demasiado tiempo en un mismo sitio.

Apuesto a que bastantes de mis hermanos estarán dispuestos a ensillar sin previo aviso.

— Bien —dijo Skelaroth—. Eso es justo lo que necesitamos.

Liam pareció tomar una decisión.

—Probablemente deberíamos tomar el camino más directo hacia el norte.

Fisk no suele ser muy dado a las sutilezas, y tiene que sentirse tan incómodo en tierra como cualquier marinero que haya pasado casi toda la vida sobre el agua.

Aunque podría haber tomado una de las rutas más largas solo para sembrar confusión, yo apostaría a que no.

Cuanto menos tiempo tenga que viajar por tierra, mejor.

Probablemente sea lo que más le preocupa.

Sé que sería lo que más me preocuparía a mí.

Liam sacudió la cabeza, con un amago de sonrisa pesarosa en los labios.

—Así que necesitaremos dos grupos de Jinn dispuestos a tomar los caminos laterales —dedujo Rivka—.

No debería ser demasiado difícil de organizar.

Mi gente destaca viajando por caminos secundarios, y puedo enviar un mensaje a la capital, donde los demás de los míos se están reuniendo en torno al rey.

Pueden volar hasta aquí para interceptarlo.

—Supongo que tampoco estaría de más pedirle al rey que enviara a algunos de sus caballeros dragón —concedió Liam, aunque Rivka sabía, por todo lo que se contaba, que le incomodaba el reciente matrimonio de su hija con dos caballeros—. Si tienes esa clase de contactos.

—No te preocupes —le aseguró—. Somos parientes, más o menos.

Enviaré un mensaje a Nico, y estoy segura de que el Príncipe de los Espías pondrá a su hermano al corriente de todo.

En cuanto consigamos avisarlos, enviarán cuanto puedan para interceptar a Fisk.

Nuestra tarea será mantenernos tras su rastro desde esta dirección el tiempo suficiente para que la caballería llegue volando desde Castleton.

A estas alturas, esa es la Guarida más cercana.

— Pero ¿cómo se propone hacer llegar un mensaje a Castleton más deprisa de lo que nosotros mismos tardaríamos en llegar? —preguntó Skelaroth.

Rivka sonrió.

—Enviaré a un mensajero Jinn en busca del dragón más cercano, y él o ella podrá volar de inmediato hasta Castleton mientras nosotros seguimos a Fisk.

Skelaroth guardó silencio un momento; sus enormes ojos, semejantes a joyas, parpadearon despacio a la luz de la luna.

— Si supiera adónde voy, podría volar hasta Castleton —dijo al fin—. Por desgracia, mi habilidad para orientarme en tierra es, en el mejor de los casos, deficiente.

Apretó la mandíbula y sacudió la cabeza.

— Es algo que debo solucionar en cuanto haya tiempo, pero lamento admitir que no poseo las aptitudes necesarias, ni tampoco ninguno de los míos que esté lo bastante cerca, para llevar este importantísimo mensaje.

Rivka se compadeció del gran dragón marino.

—Yo misma volaría hasta Castleton, pero creo que es más importante que vigile su rastro para que podamos averiguar cuál de los tres caminos tomó. Cuando llegue más ayuda alada, eso será vital.

Skelaroth suspiró, con aspecto algo derrotado.

— Y los dragones marinos no tenemos la habilidad necesaria para rastrear por tierra —dijo en tono apagado antes de enderezar el cuello, como si hubiera tomado una decisión—.

No obstante, iré con vosotros. Soy más grande que usted, Lady Rivka, y puedo luchar igual de bien en tierra que en el océano.

Me he comprometido con esta misión y haré cuanto esté en mi mano para llevarla a término.

—Si Fisk partió en cuanto pudo después de arribar a puerto, nos lleva una ventaja considerable —dijo Liam con voz pensativa, aunque con expresión afligida.

— Otra razón más para que vaya con vosotros —dijo Skelaroth con convicción—. Aunque nunca he transportado a nadie, estoy dispuesto a intentarlo si usted también lo está, capitán.

Las palabras del señor marino dejaron atónito a Liam.

Sostuvo la mirada de Skelaroth, desconcertado ante la mera idea de volar a lomos de aquel coloso.

No sabía si sentía más espanto o miedo, y ninguna de las dos cosas le sentaba bien.

A lo largo de los años, Liam se había enfrentado muchas veces a la muerte y de muchas maneras distintas.

Sinceramente, había creído que ya nada podía asustarlo. Por lo visto, se había equivocado.

—No sé muy bien qué decir —vaciló Liam, intentando ganar tiempo para asimilar la idea.

Oyó la risa suave de Rivka, aunque cuando la miró ella apenas sonreía.

—Eso sería de gran ayuda, milord —le dijo a Skelaroth—.

Avanzaríamos muy deprisa y alcanzaríamos a Fisk en cuestión de días, dependiendo de cuánta ventaja nos lleve.

Tiene razón en que yo no soy lo bastante grande para transportar a un jinete, aunque estoy muy familiarizada con el rastreo por tierra.

Estaré encantada de explicarle lo que vea desde arriba mientras volamos.

Skelaroth inclinó brevemente la cabeza.

— Le agradezco el ofrecimiento, milady. Es muy amable por su parte y lo acepto.

Cuanto antes ampliemos los míos nuestro repertorio de habilidades, mejor.

Enviaré un mensaje a la Guarida de la Isla para que mis compañeros soliciten adiestramiento adicional a los dragones y grifos de allí.

Aunque, por supuesto, eso no nos ayudará en este momento.

—Aun así, es una buena idea, milord. No sabemos si esas habilidades serán necesarias en el futuro ni cuándo —le dijo al líder de los dragones marinos—. Los Jinn creemos que siempre es mejor estar preparados. Y ahora...

Se volvió hacia Liam, que había aprovechado los pocos minutos de conversación para recuperar parte de su aplomo.

—¿Volarás con nosotros, capitán? Tal vez no sea lo bastante grande para llevarte muy lejos, pero prometo atraparte si caes.