5 #3
Liam regresó a su barco y buscó cualquier indicio de lord Skelaroth en las aguas cercanas.
Incapaz de ver gran cosa en la oscuridad, recurrió a proyectar sus pensamientos con fuerza hacia el agua, confiando en atraer la atención de Skelaroth con sus torpes intentos de comunicación silenciosa.
Cerró los ojos con fuerza mientras intentaba recuperar la sensación de las palabras del dragón reverberando en su mente. Entonces emitió una llamada tentativa.
— ¿Hola?
Liam esperó. No obtuvo respuesta, así que, transcurridos unos minutos, volvió a intentarlo.
— ¿Hola? ¿Está ahí?
Liam abrió los ojos al oír unas garritas correteando sobre la cubierta.
La virkin Ella había acudido a visitarlo.
Parecía curiosa y alerta, y ladeaba su cabecita a uno y otro lado mientras utilizaba sus diminutas alas para impulsarse hasta la borda, justo al lado de Liam.
Él le tendió la mano y Ella aceptó el contacto, restregando la cabeza contra su palma.
La acarició distraídamente mientras cerraba los ojos y volvía a intentarlo.
— ¿Hola? ¿Lord Skelaroth?
— ¿Hola?
Ella emitió un trino y Liam abrió los ojos de golpe. ¿Había sido ella...?
—¿Estás hablando conmigo, pequeña Ella? —Había oído toda clase de historias en Elderland según las cuales los virkin podían comunicarse, pero nunca había entendido cómo... hasta aquel momento, quizá.
— ¿Hola? —repitió ella dentro de su mente, mirándolo con sus grandes ojos verdes, que parpadeaban con inocencia.
—¡Hola, pequeña! —Liam sonrió, con el corazón lleno de asombro. Ella acababa de salir del cascarón cuando se había encariñado con él. Quizá ya fuera lo bastante mayor para hablar como hacían los de su especie o, al menos, para intentarlo.
— Soy Ella —prosiguió, demostrando que era capaz de algo más que intentar imitar lo que él había pensado.
—Sí, lo sé. Tú eres Ella. Y yo soy Liam —respondió en voz baja, agradecido por la oscuridad y por la escasa tripulación presente en cubierta a aquellas horas de la noche. Disponía de cierta intimidad para aquella primera conversación con su pequeña compañera.
— Liim —repitió ella con alegría, sin pronunciar del todo bien su nombre, aunque a él no le importó. Había supuesto que, de todas las formas en que la gente lo llamaba, su nombre de pila sería la más sencilla para aquella criatura que, a todas luces, acababa de aprender a comunicarse.
— Veo que ha empezado a hablar. Hola, señora Ella —la voz de lord Skelaroth resonó con claridad en la mente de Liam.
Volvió la cabeza y descubrió que el dragón acuático había alzado la testa hasta la altura de la cubierta, a menos de metro y medio de Liam, mientras este se encontraba tan absorto con la virkin.
— Hola —respondió ella con timidez, mirando de soslayo al gigantesco dragón marino.
—No parece sorprendido de verla —dijo Liam, volviéndose para sostener la mirada del dragón marino.
— Oh, sabía que estaba ahí. Inspeccioné su barco a conciencia antes siquiera de ponerme en contacto con usted.
A Liam le pareció percibir cierta suficiencia en el tono mental de Skelaroth.
—¿Cómo? No pretenderá decirme que subió a bordo sin que nadie se diera cuenta —se burló Liam con suavidad.
Skelaroth soltó una risita.
— Los dragones marinos hemos desarrollado otros sentidos que los dragones terrestres parecen haber olvidado.
O quizá esas facultades sencillamente no resulten útiles fuera del agua.
En cualquier caso, puedo percibir muchas cosas a través de las ondas sonoras y otras vibraciones que llegan hasta mí en el océano.
Por ejemplo, oía el rasguño de las diminutas garras de la señora Ella desde el interior de la bodega de su barco; un sonido muy distinto al de las uñas de un gato, si uno sabe reconocer la diferencia.
Para su edad, es una cazadora muy consumada.
Ella pareció comprender la esencia de lo que había dicho Skelaroth y se pavoneó un poco ante el elogio.
— Cazo ratones —convino—. Saben bien. Pero mejor cuando no hay y como con Liim.
Liam interpretó que disfrutaba cazando cualquier alimaña que subiera a bordo siempre que atracaban en un puerto, pero que aún le gustaba más cuando había terminado su tarea y comía con el capitán.
Liam le daba bocaditos de su propio plato, además de un platillo de carne troceada que el cocinero preparaba expresamente para ella.
Era una de las favoritas del barco, y la tripulación la recompensaba con generosidad por su buen trabajo manteniéndolo libre de plagas.
Todo aquello era fascinante, pero aún tenían trabajo que hacer. Liam miró a Skelaroth.
—¿Tiene alguna noticia, milord?
— Han dejado varias pistas falsas en la costa, pero nadie ha partido realmente por mar. Todos se encuentran dentro de la ciudad o alejándose de ella —informó—. He buscado desde arriba y desde abajo.
Por lo que a Liam respectaba, eran buenas noticias.
—Lady Rivka está ahora mismo en el aire, comprobando tres rutas que mi gente identificó pero no pudo seguir. Ya han descartado muchas pistas falsas dentro de la ciudad y en sus inmediaciones.
— Eso está bien —dijo Skelaroth con satisfacción—. No conocía el alcance de sus recursos en esta ciudad, capitán, aunque, por supuesto, sabía que tenía contactos aquí. Esto es aún mejor de lo que esperaba.
—Construí mi negocio con dos objetivos en mente.
El primero era asegurar el futuro de mi hija, aunque supongo que eso ya está resuelto ahora que se ha emparejado.
—Liam negó con la cabeza, todavía incapaz de comprender del todo las decisiones de Livia—.
La segunda razón, y quizá la más importante, era crear una red de observadores que me ayudara a seguirle la pista a Fisk.
Llevo muchísimo tiempo preparándome para el día en que por fin pueda llevarlo ante la justicia.
Los ojos de Liam se entrecerraron cuando una fría ira prendió en su interior.
—Tendré mi venganza.