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—Saldré a tierra y, desde allí, alzaré el vuelo —anunció Skelaroth—.
He estado disfrutando de las lecciones de natación aérea que vuestros dragones terrestres han estado impartiendo en la Guarida de la Isla.
Buscaré patrones desde las alturas y podré vigilar fácilmente los caminos que salen de la ciudad.
—Si vos os encargáis de la vigilancia desde las alturas, yo adoptaré mi forma humana y trabajaré con Liam en tierra. Hay muchos Jinn en la ciudad y podré contactar con ellos para obtener información —intervino Rivka.
—Pondré a algunos de mis hombres a registrar el litoral en busca de señales de tránsito reciente —les dijo Liam—.
Es posible que los botes de Fisk desembarcaran en distintos puntos de la costa.
Haré que los míos lo comprueben, por si evitó la propia ciudad.
En cuanto a mí, iré directamente a los muelles y a mi almacén de aquí.
En todos los puertos donde hago negocios hay órdenes permanentes de tomar nota de cualquier avistamiento de Fisk o de alguna de las naves que se sabe que cooperan con él, así como de seguir y vigilar a sus agentes.
Si mi gente está atenta, quizá podamos acorralarlo de ese modo.
O, como mínimo, averiguar dónde desembarcó y adónde se dirigió desde los muelles.
Rivka asintió despacio. —Tu gente vigila el frente marítimo.
La mía tiene ojos por toda la ciudad. Regentamos varias posadas y tabernas, y nuestros trovadores actúan en casi todas las demás.
Si averiguas en qué dirección se marchó desde los muelles, podré hacer las preguntas adecuadas a los míos y descubrir adónde fue después.
—Parece un plan muy bueno —opinó Skelaroth.
—De acuerdo —convino Liam. Que el cielo lo ayudara: estaba a punto de asociarse no con uno, sino con dos dragones. ¿Es que nunca dejarían de suceder prodigios?
En el fondo, Tipolir era una ciudad mugrienta.
A Rivka nunca le había gustado. Había acudido allí por asuntos de los Jinn en un par de ocasiones y conocía a varios de los demás Jinn que trabajaban en la ciudad, pero no era un lugar donde se sintiera cómoda.
Para empezar, había muchas fábricas. El humo de las fraguas envolvía la ciudad tanto de día como de noche.
La proximidad de las minas de hierro hacía que las fundiciones trabajaran sin descanso, refinando el mineral y produciendo barras y lingotes de hierro para transportarlos a otras partes del mundo donde aquel metal no era tan abundante.
El intenso comercio del hierro hacía que las clases mercantiles amasaran grandes fortunas y que hubiera muchísimos obreros para ocuparse de las fraguas y las fundiciones.
Unos pocos privilegiados y una multitud de desposeídos .
De vez en cuando, aquello desembocaba en violencia o paros laborales cuando los obreros intentaban conseguir salarios más justos o una mayor protección contra los accidentes.
Rivka había estado en la ciudad varios años antes, cuando una cuadrilla de obreros murió por culpa de un equipo defectuoso.
Los disturbios posteriores a aquella terrible tragedia habían durado una semana.
Pero en esa ocasión sí se había atendido la exigencia de mayores medidas de seguridad y, desde entonces, aquel problema en concreto no se había repetido.
Ese parecía ser el patrón allí. Una tragedia, seguida de una protesta, seguida de una solución y de la reanudación del trabajo.
Rivka había pensado a menudo que todo aquello también era innecesario.
Si desde el principio diseñaran los equipos pensando más en la seguridad, podrían evitarse muchas muertes y disturbios.
Pero la gente de allí parecía prosperar gracias al conflicto y, por eso, el patrón se repetía una y otra vez.
Rivka había dejado a Liam en los muelles después de caer la noche.
Había volado hasta una posada que conocía, donde podía adoptar su forma humana en la intimidad del establo.
Nadie la había visto en la oscuridad de la noche y pudo hablar con el posadero, que también era miembro del Clan del Dragón Negro.
Lo que averiguó allí la hizo fruncir el ceño.
No obstante, acudió a su siguiente fuente de información y averiguó cuanto pudo.
Había acordado reunirse con Liam en su próximo destino, una taberna propiedad de los Jinn donde servían una comida excelente.
Iban a verse allí para cenar, si era posible.
Por supuesto, los planes podían cambiar con rapidez si cualquiera de los dos descubría algo que exigiera actuar de inmediato.
Sin embargo, hasta el momento todo lo que había averiguado se remontaba a varios días atrás.
Necesitaba información más reciente para saber cuál sería su siguiente paso.
Quizá Liam o Skelaroth tuvieran noticias más frescas, pensó mientras se dirigía a El Dragón Sonriente .
En el letrero situado sobre la puerta había tallada una extravagante serpiente de alas moradas, con la boca de la extraña criatura curvada hacia arriba en una sonrisa dentuda.
Rivka se limitó a negar con la cabeza mientras abría la puerta y entraba.