El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 4 #2
15%

4 #2

Aunque tampoco es que quisiera librarse de la voluptuosa Rivka.

Ni mucho menos. Su cuerpo ansiaba estar cerca de ella, aunque su mente intentara rechazar la idea.

No era Olivia. Era tan distinta de su difunta esposa como podía serlo una mujer.

No importaba. Veía en ella algo que despertaba sus instintos más bajos como ninguna otra mujer lo había hecho jamás.

Tendría que mantener la cautela cuando estuviera cerca de ella.

No quería complicaciones, y mucho menos con un dragón , nada menos.

Liam no sabía por qué estaba tan empeñado en rechazar a los dragones ni por qué siempre lo había estado.

Tal vez, en algún rincón de su mente, siempre había sabido que le complicarían la vida y lo desviarían de los caminos que había elegido.

Si hubiera sido uno de esos soñadores de ojos brillantes que fantaseaban con dragones y caballeros, nunca habría alcanzado su meta de convertirse en uno de los capitanes de barco más jóvenes de la flota mercante.

Jamás habría podido fundar su propia compañía comercial ni convertirla en el imperio que había llegado a ser.

Y, desde luego, jamás habría conseguido reunir su flota de combate, con sus barcos, sus capitanes guerreros y sus marineros soldados, para ayudar en aquella lucha incesante contra el mal.

A su juicio, eso no hacía sino demostrar que había tenido razón al mantener a los dragones fuera de su vida.

Soñar con ellos solo habría podido entorpecer todo cuanto había logrado hasta entonces.

Se preguntó cómo afectaría a su futuro aliarse con ellos ahora, pero no había forma de saberlo.

Quizá los Jinn también tuvieran una profecía al respecto, pensó.

Tal vez Rivka se la contara si se lo preguntaba.

—Lista —oyó su voz en la mente. Había permanecido de cara a las puertas para darle intimidad mientras cambiaba de forma.

No es que la necesitara. Pasaba de humana a niebla y de niebla a dragón con bastante rapidez, pero él quería mostrarle respeto y no quedarse embobado mirando su transformación otra vez.

No sabía muy bien por qué. Sencillamente, le parecía lo correcto.

Abrió de par en par las dos puertas y salió de su camarote con paso decidido, seguido por el dragón negro que era Rivka. Alguien cerraría las puertas por él, de eso estaba seguro. Su tripulación sabía que no debía dejar ninguna escotilla sin asegurar. Eran buenos hombres de mar.

Liam fue directo a la borda para ver lo cerca que estaban del barco de Fisk.

Muy cerca, descubrió casi de inmediato. Empezó a dar órdenes para la aproximación y pasó revista a los hombres que Benyon había reunido para tripular la nave vacía.

Estuvo ocupado un rato y, cuando volvió a levantar la vista, Rivka ya no estaba en su barco, sino en la cubierta vacía de la nave de Fisk, esperándolo, o eso parecía.

Ordenó el abordaje, que se llevó a cabo sin dificultades en unas aguas relativamente tranquilas.

Cruzó con los primeros miembros de su tripulación y les encargó que registraran a fondo hasta el último recoveco.

Para el abordaje inicial llevaba más hombres de los que permanecerían en el barco, por si acaso.

Formaban un pelotón de combatientes curtidos, además de los expertos técnicos elegidos para llevar la nave a Dragonscove.

Un joven oficial llamado Keen capitanearía el barco fantasma.

Sería su primer mando, pero Liam llevaba tiempo observándolo y confiaba plenamente en él.

Liam inspeccionó por su cuenta el buque insignia de su enemigo, prestando especial atención a cualquier cosa que pudiera haber quedado en los aposentos del capitán, pero no había nada.

Ni siquiera una mota de polvo mancillaba el espacio donde había vivido el anterior capitán de aquella nave. Muy extraño, desde luego.

—Ha tenido que ser magia, ¿verdad, milady? —preguntó a Rivka al reunirse con ella en cubierta—. De otro modo, sería imposible limpiar un barco hasta dejarlo así de impoluto.

La cabeza draconiana de Rivka se movió en señal de asentimiento. —Creo que hay hechizos capaces de conseguir algo semejante, aunque, por supuesto, no soy maga. Las tradiciones Jinn recogen muchos casos en los que la magia borró las pruebas de la existencia o del paso de alguien en tiempos antiguos.

—En los tiempos de la magia, quieres decir —dijo Liam con suavidad, aunque apretó la mandíbula. No le gustaban la magia, ni los magos, ni nada que tuviera que ver con el mal que habían mantenido en secreto durante tantos siglos, encerrado en el hielo impenetrable del extremo norte.

La dragona asintió de nuevo.

—¡Señor! —La voz de barítono del capitán Keen llegó desde detrás de Liam. Este se volvió para sostener la mirada del joven oficial—. Todos los hombres informan de que el barco está limpio como una patena. No han dejado nada.

Liam vio la confusión en los ojos de Keen y decidió compadecerse del joven. Al fin y al cabo, Keen sería quien llevara el barco de vuelta a Dragonscove. Tenía derecho a saber a qué podría enfrentarse.

—Lady Rivka y yo hemos estado hablando de esto —le dijo Liam a Keen—.

Su opinión meditada es que Fisk quizá haya vuelto a utilizar la magia para borrar sus huellas.

No hay otra manera de dejar así de limpia y vacía una nave en servicio.

Parece recién salida del astillero, salvo por el color envejecido de la madera.

—Liam apoyó una mano en la borda—. Es la cosa más condenadamente extraña que he visto.

Keen frunció el ceño.

—¿Cree que la magia que utilizó podría causarnos problemas durante la travesía, señor?

Liam levantó la mirada hacia Rivka.

—No veo cómo —le dijo ella—. Lo que quiera que ocurriera aquí, se hizo cuando abandonaron el barco.

No percibo ninguna maldición persistente ni nada que pueda hacer que esta nave resulte peligrosa para una nueva tripulación.

Aun así, aconsejo cautela y llegar al destino con la mayor rapidez posible.

Después, deberían hacer que personas más expertas que yo examinaran el barco con mucho detenimiento.

Liam inclinó la cabeza ante la dragona con respeto.

—Como deseéis, milady.

Transmitió sus palabras a Keen y solo entonces se dio cuenta de que el secreto de su capacidad para oír el habla silenciosa de los dragones había dejado de ser secreto definitivamente.

Tampoco es que fuera un gran secreto. Liam no veía cómo podían utilizar aquel conocimiento en su contra, así que procuró no darle demasiadas vueltas.

Sus hombres creerían lo que quisieran creer y él poco podía hacer al respecto.

Ahora se sabía que su hija podía conversar con dragones, de modo que no era descabellado pensar que había heredado aquella capacidad de Liam.

A una orden de Liam, Keen dio la señal para que quienes no fueran a quedarse a bordo regresaran al barco de Liam. Rivka y él fueron los dos últimos en cruzar. Se despidió de Keen con palabras de ánimo y algunos consejos, confiado en que al joven le iría bien.

Liam ordenó poner rumbo a toda velocidad hacia la cercana ciudad portuaria de Tipolir.

En el barco de Fisk no había quedado rastro alguno que indicara adónde habían podido ir él y su tripulación, pero lo lógico era que hubiesen buscado tierra firme.

Para empezar, los botes del barco brillaban por su ausencia.

Los hombres habían remado hasta la costa. Esa era la explicación más sencilla.

Por supuesto, podrían haber transbordado a otra nave y haberse marchado a otro lugar, pero no había forma de saberlo con certeza.

Además, Liam no creía que hubieran dispuesto de tiempo suficiente para coordinar todo aquello.

En cualquier caso, tenía que registrar Tipolir.

Fisk había estado demasiado cerca del puerto para no considerar la posibilidad de que hubiera desembarcado allí con el fin de llevar o enviar por tierra hacia el norte, hasta la Ciudadela, la valiosa página del libro de Gryffid.

Como estaban tan cerca, Rivka permaneció en forma de dragón y Liam se quedó en cubierta con ella. Observó cómo Keen desplegaba las velas detrás de ellos y ponía rumbo a Dragonscove. Había partido sin ningún problema aparente, de modo que tal vez tuviera una travesía tranquila. Liam así lo esperaba.

En ese momento, Liam se dio cuenta de algo.

—Milady, ¿habéis visto a Lord Skelaroth? ¿Sabéis dónde está?

Rivka ladeó la cabeza. —No estoy segura.

Deja que lo compruebe. Guardó silencio en su mente durante unos minutos y después informó: —Ha enviado a varios de sus compañeros dragones marinos para escoltar el barco de Fisk de vuelta a Tipolir.

Lo estaba organizando mientras nosotros estábamos en la nave.

—De haberlo sabido, habría avisado a Keen —dijo Liam, observando cómo el otro barco se empequeñecía en la distancia.

Rivka resopló y lanzó aros de humo que ascendieron entre la jarcia.

—Creo que ninguno de los tres estamos acostumbrados a consultar con los demás antes de tomar decisiones.

Quizá deberíamos empezar a mejorar la comunicación ahora, antes de que comience la verdadera acción.

Si cada uno sigue sus propios planes, podríamos interferir fácilmente en los de otro y echarlo todo a perder.

Skelaroth emergió junto a la borda y nadó sin esfuerzo para mantener el ritmo del barco de Liam.

Parpadeó al mirarlos mientras su voz penetraba en la mente de ambos.

—Muy cierto, milady. Os pido disculpas a los dos por no haberos informado de mis planes.

He enviado a tres jóvenes dragones marinos para que sirvan de escolta submarina a ese barco.

Ayudarán a vuestros hombres a llevarlo sano y salvo hasta Dragonscove, y más allá si se decide navegar hasta Gryphons Isle para pedir consejo al mago.

—Gracias, milord —dijo Liam con formalidad—. Quizá deberíamos hablar de lo que cada uno planea hacer cuando lleguemos a Tipolir, ya que estaremos allí en menos de una hora.