El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 3 #3
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— ¿Tienes en Dragonscove a alguien de confianza que sepa de magia? —preguntó Rivka cuando Benyon se marchó para reunir a la tripulación que necesitaría—. Quizá podamos aprender algo del barco o del tipo de magia que se utilizó en él.

—Hay varias opciones —respondió Liam, escogiendo las palabras con cuidado—.

Livia tiene contactos en la Guarida del Sur, por supuesto.

Algunos de ellos —sobre todo los nuevos líderes, por lo que tengo entendido— podrían ser de utilidad.

Además, he trabado amistad con un par de habitantes de la Isla del Grifo que se encuentran aquí, en el continente.

Ellos también pueden examinar el barco. De ser necesario, Livia puede llevarlo hasta Gryffid para que lo inspeccionen más a fondo.

Si hay algo que podamos aprender de él, lo averiguaremos.

— Excelente. —Rivka agachó la cabeza para cruzar las puertas que Liam había abierto y que conducían a sus aposentos.

Esta vez, él no se sorprendió cuando Rivka adoptó su forma humana en cuanto cerró las puertas tras ellos.

Ella se sentó en la silla situada frente a su escritorio y estiró sus bien torneadas piernas.

Liam no pudo evitar fijarse en cómo el cuero flexible y ceñido que vestía se ajustaba a sus pantorrillas y muslos.

Por un instante, tuvo una visión fugaz de aquellas deliciosas piernas rodeándolo en plena pasión, lo que lo llevó a sacudir la cabeza.

Aquello no podía ser. No tenía ningún derecho a fantasear con esa mujer.

Era casi de la realeza… y él aún se hallaba embarcado en una misión para conseguir justicia para una mujer muerta.

Una mujer a la que había amado con todo su corazón.

Sencillamente no le quedaba nada dentro del pecho que ofrecer a otra.

Al parecer, sus entrañas opinaban de otro modo, pero eso era algo que tendría que ignorar.

No complicaría aún más una situación ya de por sí complicada añadiendo la lujuria a la ecuación.

Por primera vez en años, tuvo que contener sus instintos más bajos.

¿Qué tenía aquella mujer dragón que sacaba a relucir la bestia que había en él?

No se atrevió a seguir ese hilo de pensamiento.

Por el bien de todos, era mejor no averiguarlo.

En un intento desesperado por despejarse la mente, Liam se acercó al aparador, donde una licorera de oporto y varias copas estaban bien sujetas a la mesa. Sirvió una copa y, con un gesto silencioso, preguntó a Rivka si quería. Cuando ella asintió, le entregó la primera copa y se sirvió otra.

Ella brindó en silencio con él antes de dar un sorbo.

A Olivia nunca le había gustado el oporto, pero Rivka parecía disfrutar de verdad de aquella excelente cosecha que él había comprado en uno de sus últimos viajes mercantes regulares .

No había realizado auténticas operaciones comerciales durante los últimos meses, pero Livia estaba devolviendo la mayoría de sus barcos a las rutas mercantes, y los beneficios pronto empezarían a llenar de nuevo las arcas de su imperio comercial.

Por supuesto, todos aquellos diamantes los habían ayudado a capear el temporal.

Livia y su amigo dragón, Hrardorr, se habían apropiado de las armas con puntas de diamante que tan atrozmente se habían empleado contra dragones y grifos, y habían desmontado las hojas.

Ella había contratado talladores de gemas para convertirlas en adornos relucientes e inofensivos y las había enviado con caravanas comerciales a varios reinos.

Siempre había nobles y joyeros en busca de piedras preciosas.

Los dragones marinos no tenían ningún uso para objetos tan afilados y peligrosos.

Habían ayudado de buen grado a Hrardorr a recoger los virotes del fondo marino y de las bodegas de los numerosos barcos que habían hundido.

Livia había sido escrupulosamente justa al repartir el botín de sus recientes batallas.

La Guarida recibió su parte, al igual que los habitantes de la Isla del Grifo y de Dragonscove, pero había muchísimo botín.

Una inmensa cantidad de diamantes extraídos de una inmensa cantidad de hojas. Había de sobra para todos.

También había aconsejado prudencia a la hora de vender las joyas, lo que significaba que todos cuantos habían recibido una parte solo se desprenderían de las que necesitasen vender en ese momento para no saturar el mercado.

Aquellas fuentes seguirían proporcionando diamantes durante muchos años, lo cual ofrecería cierta estabilidad en el futuro inmediato a las gentes que habían sufrido el ataque de la flota de Fisk.

Los diamantes habían mantenido a flote el imperio de Liam…

literalmente. Pero también habían matado y mutilado.

Unas gemas tan frías y gélidas habían sido utilizadas con fines letales por gente malvada.

Pero nunca más. Las habían neutralizado, y Livia se había encargado de que jamás pudieran volver a utilizarse para hacer daño a nadie.

Liam no podría estar más orgulloso de ella, aunque aún no estuviera del todo convencido de su elección de pareja. Mejor dicho, de parejas , en plural.