El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 3 #2
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Aquel dragón era poderoso según cualquier criterio.

Mucho más grande que ella, por supuesto.

En general, los dragones negros eran los más pequeños de todos, pero también los únicos capaces de adoptar una forma humana.

Eran, literalmente, mitad y mitad. Mitad humanos y mitad dragones.

Descendientes del linaje del gran mago Dranneth el Sabio, nacidos para gobernar en armonía tanto a humanos como a dragones.

Rivka no era historiadora. En realidad, no sabía qué lugar ocupaban los dragones marinos en todo aquello.

Suponía que alguien, en alguna parte, debía conocer la historia completa de cómo habían surgido los dragones terrestres y marinos, pero eso no le importaba demasiado en aquel momento.

No, lo más importante ahora era saber si aquel dragón marino en particular —señor de todos los dragones que nadaban en aquellos mares— prestaría ayuda a su misión.

Como no era de las que se andaban con rodeos, Rivka se lo preguntó directamente a lord Skelaroth.

—Busco la página del libro de Gryffid. Por eso me acerqué al capitán O’Dare. Creo que ahora mismo es quien tiene más posibilidades de encontrarla. ¿Nos ayudaréis, lord Skelaroth? —Miró directamente a los ojos del dragón.

Él volvió a reír entre dientes, para sorpresa de Rivka. —Yo también me acerqué al buen capitán poco antes de que aterrizaseis en la cubierta del barco. Ya he comprometido mi ayuda en esta misión. Me sorprende que el capitán O’Dare no os lo haya contado.

A ella también.

—Quizá creyó que era una especie de secreto. He observado que a Liam le gusta guardarse las cartas.

— ¿Liam, decís? —Skelaroth la miró de soslayo—. Quizá estabais demasiado ocupados hablando de otras cosas, ¿eh? Los dos tenéis una edad parecida, ¿no es así?

Rivka negó con la cabeza, esperando que sus mejillas no estuvieran poniéndose rosadas.

Era una guerrera. Por lo general, no tenía tiempo para romances.

Aquellas cosas no formaban parte de sus actividades habituales.

Estaba demasiado ocupada velando por la seguridad de su Clan.

Y, además, era bien sabido que el capitán O’Dare seguía llorando la muerte de su esposa.

Llevaba muchos años empeñado en una vendetta personal para llevar a Fisk ante la justicia.

Su corazón no estaba libre, aunque Rivka se permitiera sentir algo por él.

Aquella era una situación en la que nadie podía salir ganando.

Era mejor que siguieran siendo colegas unidos por un objetivo común.

Con eso sí podía lidiar. Eso sí podía hacerlo.

—Creo que descubriréis que esas cosas no son tan sencillas sobre la superficie del agua ni entre los humanos —le dijo a Skelaroth.

— Pero sois al menos medio dragón, ¿no? —preguntó él con aparente inocencia.

—Y medio humana. Eso complica las cosas —admitió ella, dedicándole a Skelaroth una mirada severa.

— Qué lástima —comentó Skelaroth—. Parece un buen hombre, pero tiene un alma solitaria.

—Quizá sea elección suya —dijo Rivka, con la esperanza de poner fin a la conversación—. Llegará dentro de poco. Iré a contarle lo que hemos encontrado.

Rivka adoptó su forma de dragón y echó a correr por la cubierta del barco fantasma para alzar el vuelo; las puntas de sus alas rozaron la cresta de las olas hasta que ganó altura.

Skelaroth se quedó atrás, custodiando el barco y quizá examinándolo con mayor detenimiento, mientras ella regresaba junto a Liam para informarlo de lo que habían descubierto.

También tenía unas palabras que decirle sobre el hecho de mantener en secreto su alianza con Skelaroth, aunque sabía que no podía enfadarse demasiado por ello.

Bien sabía el cielo que ella también le ocultaba secretos a Liam.

A eso se dedicaba. Al fin y al cabo, era una espía de los Jinn.

Una de las mejores. Descubría cosas y guardaba secretos, que solo revelaba cuando era necesario y cuando la seguridad de los suyos estaba en juego.

Había infinidad de asuntos sobre los que guardaba secretos que jamás desvelaría, pero pensaba que Liam probablemente debería haberle contado a un dragón las conversaciones que había mantenido con otro. Era lo lógico.

Aterrizó sobre la borda del barco de Liam y mantuvo el equilibrio con las alas antes de saltar a cubierta mientras los hombres le hacían sitio.

Inclinó la cabeza hacia ellos para agradecérselo en silencio y también para disculparse un poco por haber sobresaltado a un par.

No podía evitarse. Su figura negra se recortaba contra un cielo oscurecido por la noche.

No la habían visto acercarse hasta el último instante.

Sus garras repiquetearon contra la cubierta de madera mientras se acercaba a Liam. Él también iba ya hacia ella.

— El barco está abandonado —le comunicó enseguida, usando la mente para hablar con él bajo su forma de dragón—.

Lord Skelaroth lo custodia desde abajo, pero he registrado las cubiertas y no queda absolutamente nada allí.

Ni siquiera un ratón. Lord Skelaroth cree que Fisk utilizó magia para borrar del barco todo rastro de su presencia y lo dejó anclado aquí como plan alternativo.

—Tiene sentido —dijo Liam en voz alta mientras caminaban hacia su camarote—. Así que, por lógica, deberíamos impedir que pueda utilizar ese barco. ¿Crees que sería seguro que una pequeña parte de mi tripulación subiera a bordo y se lo llevase a otro lugar?

A Rivka le pareció una buena idea. Mejor incluso que hundir el barco sin más. Si disponían de tiempo para estudiarlo, quizá pudieran aprender algo de él. —Debería ser seguro, y privaría a Fisk de esa vía de escape.

—¡Señor Benyon! —gritó Liam para llamar a su segundo al mando. Sus guardias se solapaban, y no tardaría mucho en llegar el momento en que Benyon se preparase junto con la tripulación para la guardia nocturna.

Liam consultó con Benyon qué hombres serían los más indicados para tripular el barco de Fisk y llevárselo. El destino parecía evidente. Liam ordenó que lo condujeran de regreso a Dragonscove, donde su hija Livia podría hacerse cargo de él.