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Había sido en parte gracias a la flota de combate de Liam que solo hubieran robado un libro de la torre del mago Gryffid.
Y aquel libro había sido recuperado gracias, una vez más, al apoyo de Liam a los esfuerzos por recobrarlo.
Solo aquella página seguía suelta, amenazando a toda la gente de bien, en todas partes, y Liam se esforzaba más que nadie por recuperarla.
Rivka admiraba su determinación inquebrantable.
No muchos hombres se consagraban a una misión y la llevaban hasta el final, sin importar cuánto tardaran.
Aquello también le gustaba de él. De hecho, estaba descubriendo que había mucho que admirar y muy poco de lo que quejarse en lo referente a Liam.
Encontrar la página perdida también significaría encontrar a Fisk.
Rivka sabía que aquello probablemente influía mucho en la motivación de Liam, pero, en definitiva, no creía que importase por qué lo hacía...
solo que lo estaba haciendo. Corría grandes riesgos por la oportunidad de cumplir su propia misión, al tiempo que ayudaba a proteger a todos de los horrores que podrían desatarse si aquella página y su hechizo se usaban allí donde pudieran causar más daño.
Perseguiría a Fisk por toda Draconia y las Tierras del Norte si era necesario.
Era una guerrera de su pueblo y había prestado juramento a aquella misión.
La llevaría hasta el final, pasara lo que pasase.
En aquel momento, eso suponía aliarse con el capitán O’Dare.
Nadie había estado tan cerca como él de encontrar a Fisk, y conocía al pirata y sus costumbres mejor que nadie.
Había ligado su suerte a la de Liam y permanecería a su lado mientras la alianza siguiera dando frutos. Que fuera a pasar tanto tiempo con el apuesto y atractivo capitán era algo con lo que sencillamente tendría que aprender a lidiar.
*
—Cap'n, hay un barco en el horizonte —gritó desde la cofa el marinero a Liam, que se encontraba en cubierta hablando de sus próximos movimientos con el señor Benyon y sus oficiales.
Liam sacó de inmediato el catalejo y concentró la mirada en el lejano horizonte.
Llevaban todo el día persiguiendo al sol, rumbo al oeste, hacia la gran ciudad portuaria de Tipolir.
En efecto, vio un barco a lo lejos; no navegaba a vela, sino que al parecer estaba fondeado, muy lejos de la costa. Extraño.
Liam plegó de nuevo el catalejo hasta convertirlo en el pequeño cilindro que solía llevar en el bolsillo de la casaca y se volvió hacia Benyon.
—Si es Fisk, ha fondeado en un lugar extraño.
Las implicaciones inquietaban a Liam. Habría esperado que Fisk atracara en Tipolir, no que fondeara su barco lejos de cualquier posible apoyo procedente de tierra.
—Que los vigías no pierdan de vista ese barco lo mejor que puedan hasta que se ponga el sol. Pondremos rumbo hacia él y prepararemos a los hombres para un posible abordaje hostil —ordenó Liam.
—Sí, sí, cap'n —respondió Benyon con energía, y se puso a transmitir las órdenes de Liam a las personas adecuadas.
Liam se mantuvo ocupado en cubierta hasta la hora de cenar.
Poco a poco fueron ganando terreno al barco, y cuanto más se acercaban, más se parecía al Thorny Nettle de Fisk.
Liam siempre había pensado que el nombre le venía como anillo al dedo, pues llevaba décadas siendo una espina clavada en el costado.
Otros lo llamaban simplemente el Nettie , pero Liam sabía que era mucho más que eso.
Cuando sirvieron la cena, Liam regresó a su camarote tras ordenar al asistente que dejara la bandeja fuera mientras iba a ver cómo estaba la dragona .
Llamó con suavidad a la puerta, pues no quería molestar a Rivka, aunque también deseaba ofrecerle la cena.
Ella respondió con un quedo adelante , de modo que abrió la puerta y entró con la bandeja.
Estaba claro que el cocinero no había sabido qué hacer ante la presencia de una dragona en el barco, así que sencillamente había enviado dos raciones abundantes de la comida del capitán.
Aquella noche habían servido una pequeña ave de caza con guarnición de patatas y pimientos asados.
Habían preparado el mismo plato para la invitada, lo que probablemente habría resultado del todo insuficiente para una dragona, pero pareció satisfacer muy bien a Rivka bajo su forma humana.
—Ah, tiene una pinta deliciosa —dijo ella entusiasmada cuando Liam dejó la gran bandeja sobre el escritorio y retiró todas las cubiertas.
La sirvió primero y despejó un espacio al otro lado del escritorio para que pudiera comer. Ella no pareció molesta por aquellas improvisadas comodidades, cosa que Liam agradeció. Sabía que a las mujeres les gustaban, y a menudo esperaban, ciertas atenciones que escaseaban en un barco como el suyo.
Durante la cena, Liam la puso al corriente acerca del barco al que se acercaban, y ella formuló preguntas incisivas e inteligentes sobre sus planes y los planes de contingencia.
Decidió adoptar su forma de dragona para ayudar a medida que se aproximaran a la nave.
De hecho, resolvió realizar un breve vuelo para observar el otro barco justo después del anochecer.
—¿Es prudente? —preguntó Liam.
No quería discutir con una dragona, aunque en aquel momento tuviera forma humana, pero se sentía obligado a señalar los posibles peligros.
—Sabemos que Fisk posee armas capaces de perforar las escamas de un dragón.
—Si espero hasta que haya oscurecido del todo, será muy difícil verme —insistió ella mientras hundía la cuchara en una de las porciones de tarta que habían incluido en la bandeja como postre—. Y tendré cuidado.
A Liam no le gustaba, pero, a fin de cuentas, ella no estaba bajo sus órdenes. Él no tenía voz ni voto sobre lo que hiciera o dejara de hacer la dragona cambiaformas. Lo mejor que podía hacer era prestarle apoyo si sufría algún daño.
Aquello suponía un cambio considerable respecto a la forma en que estaba acostumbrado a tratar con las mujeres.
Según su experiencia, siempre habían sido más frágiles y habían necesitado su protección.
Rivka, por el contrario, era perfectamente capaz de cuidarse y velar por su propia seguridad.
Era más protectora que protegida. Una guerrera por derecho propio.
Un ser mágico con poderes que él probablemente jamás llegaría a comprender del todo.
Pero también era una mujer hermosa. Algo en ella lo atraía en casi todos los sentidos, cosa que no le había sucedido desde hacía más años de los que podía contar. Desde su esposa no había conocido a una mujer tan fascinante. Y aquel pensamiento lo hizo detenerse.
Tras perder al amor de su vida, había creído que nunca conocería a otra mujer que pudiera resultarle mínimamente atractiva.
Entonces Rivka había irrumpido volando en su vida y trastocado todas sus ideas acerca de la atracción y de la clase de mujer por la que podía sentirse cautivado.
Algo en ella lo conmovía de formas en que nada lo había conmovido desde hacía demasiado tiempo.
Sin embargo, era imposible. Liam jamás amaría a otra mujer y, al margen de la atracción, sabía que no deshonraría el recuerdo de su esposa con algún encuentro sin amor con una sustituta que nunca podría ser su Olivia.
Había jurado no volver a amar, y tenía la edad suficiente para comprender que el sexo sin amor era un mero acto físico carente de significado.
Había conocido lo mejor. Nunca volvería a conformarse con la simple pasión.
Aquello lo deshonraría tanto a él como al recuerdo de su amor perdido.
No. Por muy atractiva que le pareciera la hermosa Rivka, Liam no se entregaría a sus instintos más bajos.
De todos modos, ¿qué iba a querer de él una mujer así?
Él no era más que un humano, mientras que ella era una dragona cambiaformas, ¡por las estrellas!
Una pareja tan dispar no tendría posibilidad alguna y, según sabía Liam, él tampoco. Gracias a la Madre de Todos.
No buscaba una aventura ni siquiera un revolcón. Aquellas cosas habían terminado para él, y estaba mejor sin todas esas emociones apasionadas que podían interferir en su verdadera misión en la vida: matar a Fisk.
Recuperar la página del libro era una misión nueva, pero encajaba a la perfección con su razón de ser . Recuperar la página, matar a Fisk. Ahora todo formaba parte de un mismo propósito, puesto que Fisk tenía la maldita página.
—No frunzas tanto el ceño, capitán —le llegó la voz de Rivka, recordándole que no estaba solo.
¿Había pasado últimamente tanto tiempo cociéndose en sus propios pensamientos que ya no sabía cumplir con su parte de una conversación? Sí, comprendió. Probablemente era eso.
—Mis disculpas, milady. Estaba pensando en nuestra misión común.
Esperó que ella aceptara la explicación sin más y dejara correr el asunto.
Rivka lo observó con recelo durante un momento, pero luego se limitó a menear la cabeza con suavidad y bajó la mirada hacia el plato.
Liam reparó en que habían terminado la cena y probablemente debía retirar la vajilla.
En circunstancias normales, habría llamado a un asistente para que despejara la mesa, puesto que Rivka era una invitada, pero nadie salvo Liam sabía que era una cambiaformas.
Se limitó a recoger los platos y volver a colocarlos sobre la bandeja en la que los había traído.
Se la llevaría consigo cuando saliera otra vez del camarote.
De momento, tenían planes de los que hablar.