El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 2 #2
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Quizá, después de todo, las preguntas directas fueran la mejor forma de tratar con aquella hermosa dama Jinn.

—Ah, todo es cierto. Riki es nuestra reina y el Príncipe de los Espías es nuestro rey.

Me pareció muy apropiado, pues los Jinn somos, en el fondo, una nación de espías.

Seguimos teniendo agentes por todas partes y continuaremos enviando caravanas, pero ahora nuestra base está aquí. Por fin hemos podido volver a casa.

Liam no sabía nada de aquello y trataba de asimilarlo todo.

Se preguntó si podría ayudar a recabar información una vez concluida por fin su misión con Fisk.

Había reunido una de las mayores flotas de alta mar con un único propósito.

Ahora que aquel propósito —atrapar a Fisk— estaba al alcance de la mano, había empezado a pensar en posibles futuros para su flota.

—Si algunos de tus hermanos desean hacerse a la mar cuando todo esto termine, tengo muchos barcos rápidos que recalan con regularidad en puertos extranjeros. Creo que los Jinn —y la Corona— podrían encontrar útil algo así —dijo con cautela.

Rivka sonrió.

—Cuando terminemos esta misión, creo que podríamos llegar a algún acuerdo. No tendría sentido permitir que una red como la que has construido se echara a perder. No cuando el reino y todos nuestros pueblos seguirán necesitando protectores y fuentes que les proporcionen información.

Liam sonrió por primera vez en muchísimo tiempo.

Le gustaba la forma de pensar de aquella mujer.

Era rápida de ingenio y estimulante. Algo que pocas veces había encontrado en el bello sexo.

Claro que, desde la muerte de su esposa, apenas había pasado tiempo en puerto, y no había mujeres en ninguno de sus barcos.

—Eso mismo pienso yo —convino, permitiéndose un momento de satisfacción mientras imaginaba un futuro que aún no había llegado, en el que fuera libre de ser un ciudadano más de Draconia y no un hombre obsesionado con la venganza y con llevar ante la justicia a cierto bastardo pirata.

Liam salió de sus aposentos y dejó dentro a la fascinante Rivka.

Estaba agotada por el viaje, y él se había ofrecido galantemente a dejarla dormir en su cama.

Habían hablado de los pormenores de lo que sucedería, o podría suceder, cuando llegasen a Tipolir, pero ella había empezado a bostezar hacia el final, y él se había apiadado de la mujer y la había dejado descansar.

Había mucho que podía hacer en cubierta para preparar su barco y su tripulación para lo que estaba por venir.

Una pequeña criatura, más o menos del tamaño de un gato, saltó a la borda junto a Liam mientras este contemplaba la cubierta inferior.

Liam no se sobresaltó. Se había acostumbrado a la presencia del virkin a bordo de su barco.

Mejor que un gato de barco a la hora de cazar y devorar alimañas de toda clase, el virkin se había unido a su tripulación en Elderland, durante el último viaje comercial de Liam a aquel lugar.

Se decía que aquellas criaturas eran inteligentes e incluso capaces de comunicarse de forma rudimentaria cuando maduraban, pero aquella había acabado de salir del cascarón cuando trepó por la pernera del pantalón de Liam para instalarse en su hombro.

No sabía lo suficiente sobre los virkin para calcular cuándo maduraría ella lo bastante para comunicarse, pero le hablaba de todos modos.

Solo conocía vagos rumores sobre los virkin y nadie a bordo procedía de Elderland, aunque todos disfrutaban de las ventajas de contar a bordo con una cazadora tan feroz para mantener a raya a las alimañas.

Desde que el virkin —al que llamaba Ella— se había unido al barco, no había habido ratas, ni siquiera arañas.

Era una cazadora consumada y nada escapaba de sus garras.

Ella, sin embargo, era tímida. Casi siempre dormía en el camarote de Liam, pero su ausencia había resultado muy llamativa cuando permitió entrar allí a Rivka.

Ella se había escondido, y él supuso que quizá temiera a la dragona.

Los virkin también tenían alas, pero eran diminutas en comparación con las de un dragón.

Ella era una versión en miniatura de los dragones marinos que Liam había visto.

Colorida y sin fuego. Cubierta de escamas de tonos preciosos, pero de algún modo más esbelta que sus parientes terrestres.

Liam tendió la mano y permitió que Ella decidiera si iba a dejarlo tocarla o no.

En eso se parecía mucho a un gato. Ella embistió con la cabeza contra su mano de una forma que él había aprendido a interpretar como una petición de que la rascara detrás de las orejas y de los pequeños cuernos que le sobresalían de la frente.

Sus escamas eran suaves al tacto, pero lo bastante resistentes para proteger su cuerpecito.

—¿Dónde te habías escondido, preciosa? —le arrulló Liam a la criatura en voz baja mientras le rascaba y acariciaba las escamas como a ella le gustaba.

Pronto notó bajo la mano la vibración de su ronroneo, y los ojos de Ella se cerraron en lo que parecía el éxtasis propio de un virkin.

Ella emitió un leve gorjeo mientras se adormilaba.

A veces producía los sonidos más adorables.

Liam no sabía con certeza si los virkin debían comunicarse de forma verbal o mediante el lenguaje corporal.

No era la primera vez que deseaba saber más acerca de aquella especie.

Nunca había esperado que uno de ellos lo escogiera como compañero, pero, ahora que lo había hecho, no podía imaginarse navegando sin ella a bordo.

Era útil y también reconfortante para un hombre que había perdido a casi todos cuantos habían importado a su corazón.

—¿Te daba miedo la gran dragona negra? —le preguntó retóricamente a Ella sin dejar de acariciarle las escamas mientras ella se quedaba dormida sobre la borda.

Pensó en que la dragona era una cambiaformas. Y una cambiaformas preciosa, además.

Si su mente se desvió hacia lo extraño que resultaba tener a una mujer en su cama por primera vez desde que había perdido a su adorada Olivia, no permitió que se recreara mucho en ello.

Rivka no se parecía en absoluto a su querida y dulce Olivia.

Por una parte, Rivka era una guerrera. Las espadas que llevaba cruzadas a la espalda no eran un mero adorno.

Presentaban todas las señales de una larga familiaridad y un uso intenso.

Rivka tenía unos centelleantes ojos oscuros que albergaban secretos y misterios propios.

Olivia había poseído la mirada azul más diáfana, incapaz de ocultar nada.

Rivka era alta y musculosa, mientras que Olivia había sido menuda y el refugio más tierno del mundo para un hombre que había llevado una vida dura en el mar.

En realidad, no había comparación posible entre ambas mujeres.

Es más, Rivka no solo era una Jinn, sino también una dragona .

Aquello quedaba por completo fuera de la experiencia de Liam.

Era de la realeza... o lo más parecido a ella.

Era mágica y misteriosa. Liam ni siquiera sabía si tenía marido entre los Jinn o si las personas capaces de transformarse en dragones se comportaban de algún modo distinto a la gente corriente.

—¿Por qué estoy siquiera pensando en ello? —masculló Liam para sí mientras permanecía junto a la borda, acariciando a Ella y escrutando la penumbra.

—¿Perdón, cap'n? —preguntó Benyon, acercándose a Liam.

—Nada —respondió Liam con un profundo suspiro—. Dadme vuestro informe, señor Benyon.

*

Rivka dormía en la cama del capitán, incómodamente consciente del olor de él que impregnaba el camarote.

No había esperado que resultara tan devastadoramente atractivo.

Alto, apuesto y más joven de lo que había imaginado, Liam O’Dare era demasiado atractivo para su propio bien.

Tenía la piel bronceada por todo el tiempo que pasaba navegando bajo el sol y el cuerpo en forma de un hombre que participaba en el trabajo físico necesario para gobernar su barco, en vez de quedarse sentado ordenando a otros que hicieran el trabajo duro.

Sus ojos azules eran tan profundos como el mar, y los reflejos dorados de su cabello castaño oscuro le despertaban el deseo de pasar los dedos entre sus mechones.

Estaba luchando contra una atracción muy visceral hacia el apuesto capitán de navío.

Algo que no había esperado ni para lo que se había preparado, pero que, pese a todo, era muy real.

Le habían contado, por supuesto, su trágico pasado.

Cómo había perdido a su esposa y, desde entonces, había consagrado su vida a llevar al pirata Fisk ante la justicia.

Al principio, cuando oyó la historia, se había burlado de lo mucho que el capitán O’Dare estaba tardando en atrapar a Fisk, pero luego había retirado su desprecio a medida que averiguaba más cosas sobre Fisk y sobre los medios mágicos con los que había ocultado su rastro durante tantísimo tiempo.

Una vez comprendió la verdadera magnitud de aquello a lo que se enfrentaba Liam —ya no podía pensar en él por otro nombre que no fuera el de pila, ahora que había dormido en su cama— mientras perseguía a Fisk, cambió de opinión.

Comprendió que debía de haber amado profundamente a su esposa para dedicar tanto tiempo y esfuerzo a llevar al asesino ante la justicia.

La flota que Liam había logrado reunir era una maravilla que ya había resultado muy útil para proteger las tierras de Draconia de Fisk y los suyos.