El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 1 #3
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Liam reparó en que todos sus hombres se mantenían apartados de la bestia. En aquel momento había mucho miedo y curiosidad a bordo, y no podía culparlos en absoluto. Avanzó a grandes zancadas para enfrentarse directamente al dragón.

—Vuelva a su puesto, señor Benyon —ordenó Liam con brusquedad, y su primer oficial pareció agradecer el permiso para regresar a su puesto junto al timón y dejar el problema del dragón en manos de su capitán.

Liam se situó frente al dragón y esperó a ver qué ocurría a continuación. El cuello de la criatura se curvó con sinuosidad mientras bajaba la cabeza y la colocaba justo enfrente de Liam.

— ¿Puede oírme? —preguntó en la mente de Liam una voz inconfundiblemente femenina—. Su hija posee el don, así que apuesto a que usted también. Soy Rivka. ¿Puede hablar conmigo, capitán O’Dare?

—Lady Rivka, no tengo tiempo ni paciencia para juegos. ¿Qué estáis haciendo en mi barco? —Primero lord Skelaroth y ahora aquello. ¿Iban los dragones a atormentar todo aquel viaje?

El largo cuello se echó hacia atrás de golpe por la sorpresa.

— ¡Sí que puede oírme! Sabía que no me equivocaba con usted.

—La dragona parecía sinceramente complacida, pero entonces cambió de tono—.

No hay mucho tiempo —le dijo—. Sé que está persiguiendo a Fisk, pero ha desembarcado en Tipolir.

Los Jinn hacen cuanto pueden por no perderlo de vista, pero es muy escurridizo y posee alguna clase de magia que le permite emborronar su rastro.

Nuestra única ventaja es que parece creer que ha desembarcado sin que nadie lo detectara.

—Pero vos lo habéis visto de algún modo —dijo Liam con cierto sarcasmo. ¿Acaso debía preguntar hasta dónde cuando aquella dragona desconocida le dijera que saltara? Ni hablar. Era su hija quien había ligado su destino al de los dragones, no él.

— Yo no. Los dragones marinos. Se han apostado a lo largo de toda la costa y vigilan en persona todos los muelles y puertos. Lo vieron y transmitieron la información a través de los Jinn.

—¿Y cómo la habéis recibido vos? —Liam continuó desafiándola, aunque empezaba a reconocer que aquella pista podía ser buena de verdad.

— Soy Jinn —le explicó—. Soy Rivka, del Clan del Dragón Negro.

—Por supuesto, he oído hablar de vuestro clan, pero creía que el nombre era solo un eufemismo —dijo en voz baja, consciente de que muchos ojos los observaban.

Confiaba en sus hombres, pero aquello parecía información delicada y no quería contribuir a revelar algo que debiera permanecer oculto.

No le gustaría que los Jinn lo persiguieran. Se decía que eran implacables.

— No lo es —replicó ella con bastante sequedad—. Escuche, no tengo tiempo que perder aquí. ¿Pondrá rumbo a Tipolir a toda prisa o abandona la búsqueda?

—Jamás renunciaré a la justicia que busco contra Fisk —respondió con sinceridad.

— Entonces será mejor que se dirija a Tipolir. Creemos que desde allí continuará por tierra, pero, si da media vuelta y vuelve a hacerse a la mar, hará falta un barco rápido como el suyo para seguirlo.

Liam frunció el ceño mientras sopesaba sus opciones. Hasta aquel momento no había hecho más que dar vueltas sin avanzar en su búsqueda. Quizá aquella ayuda inesperada fuera justo lo que necesitaba para proseguir con su misión. Tomó una decisión sin pensárselo más.

—Señor Benyon, ponga rumbo a Tipolir a toda velocidad —gritó a su primer oficial.

—Sí, capitán. Rumbo a Tipolir a toda velocidad —repitió Benyon. Después se volvió hacia el timonel y transmitió de nuevo las órdenes. A continuación puso a los oficiales en movimiento para desplegar la vela mayor y hacer que el barco navegara tan deprisa como pudiera.

Satisfecho al ver que la tripulación se ponía manos a la obra, Liam se volvió hacia la dragona negra. —¿Permaneceréis con nosotros o volveréis a alzar el vuelo, lady Rivka? —preguntó con cortesía.

Rivka pareció suspirar. A Liam le pareció cansada.

— Si no le importa, capitán, me gustaría quedarme en su barco.

¿Tiene alguna escotilla lo bastante grande para que pueda pasar por ella?

Llevo un tiempo volando bajo el sol y tengo bastante calor.

Las escamas reflejan gran parte de la luz solar, pero el negro aun así absorbe mucho calor en estos climas meridionales.

Liam pensó deprisa. ¿Dónde podía alojarla que resultara lo bastante digno?

Uno no se limitaba a arrojar a un dragón a la bodega del barco junto a la tripulación.

Los dragones eran especiales. Respetados.

Y aterradores cuando se sentían insultados.

Hasta Liam comprendía que debía andar con pies de plomo.

—Las puertas de mis aposentos son grandes —le dijo, esforzándose al máximo por parecer cortés—.

¿Tal vez podríais agacharos un poco y pasar por ellas?

—Señaló hacia la popa, donde su camarote ocupaba la mayor parte de aquella cubierta—.

Puedo ordenar que os lleven agua. Tenemos agua dulce de sobra, pues nos reabastecimos hace apenas dos días.

Ella pareció calcular el tamaño de las puertas dobles, con la cabeza inclinada hacia un lado. — Creo que bastarán. Gracias, capitán. Si abre las puertas, veremos si quepo.