Capítulo 9 #2
Dentro había fotografías, sobres y un pequeño estuche de terciopelo. Abrí el estuche primero.
Una cadena fina estaba doblada sobre la tela. El colgante era ovalado, con las letras L.H. grabadas en el reverso.
—¿Era de mi madre?
—Según Margaret, sí.
Pasé el dedo por las iniciales.
Tuve pocas joyas durante la infancia. Laura no llevaba casi nada más que un reloj sencillo. No me acordaba de aquel collar.
Dejé el estuche a un lado y cogí la primera fotografía.
Laura aparecía con unos diecisiete años, apoyada en una bicicleta. En la imagen siguiente ya parecía adulta. Estaba delante de un edificio que reconocí después de unos segundos.
El Westbridge.
La fotografía se había tomado cuando parte del hospital todavía estaba en construcción. La fachada principal era más pequeña y había andamios al fondo.
Laura estaba junto a varias personas. Un hombre alto, con traje claro, se encontraba a pocos pasos de ella, hablando con otro invitado. Parte de su cara quedaba tapada por el hombro de alguien.
Le di la vuelta a la fotografía.
En el reverso, Margaret había escrito una fecha y unas pocas palabras:
«Evento de la fundación. Laura, veinte años».
—¿Mi madre trabajó en el Westbridge? —pregunté.
Daniel consultó una anotación de su carpeta.
—Todavía no lo sabemos. Hay registros de que participó en eventos vinculados a la fundación, pero no he encontrado ninguna relación laboral.
Cogí otra imagen.
Laura estaba en un salón elegante, con un vestido oscuro. El mismo hombre aparecía al fondo. Esta vez solo se le veía el perfil.
—Aparece en más de una fotografía.
Daniel se acercó.
—Todavía estamos identificando a las personas.
Dentro de la caja había un recorte de periódico doblado. El papel estaba amarillento, pero el titular seguía siendo legible:
«VICTOR ASHFORD ANUNCIA LA AMPLIACIÓN DEL WESTbrIDGE MEDICAL CENTER».
Conocía el nombre.
Cualquiera que hubiera trabajado en el Westbridge lo conocía. La familia Ashford era la fundadora del hospital y Victor era una figura constante en placas, informes y eventos de la fundación.
Abrí el recorte.
La fotografía mostraba a Ashford junto a varios miembros del consejo. Richard Bennett aparecía en un extremo, más joven, pero inmediatamente reconocible.
Sujeté el recorte con más fuerza de la que el papel pedía.
—¿Qué pasa? —preguntó Daniel.
Señalé el nombre.
—Trabajé en ese hospital.
—¿En el Westbridge?
—Sí. Durante unos meses.
Su mirada siguió atenta.
—¿Conoció a Victor Ashford?
—No en persona. Él ya no participaba en la rutina clínica cuando yo trabajaba allí.
—¿Y a Richard Bennett?
Doblé el recorte con cuidado.
—Conocí a su hijo.
Volví a las fotografías.
Laura aparecía en dos imágenes más relacionadas con el hospital. En una de ellas llevaba una acreditación temporal. En otra estaba al lado de Margaret delante de una mesa decorada para un evento benéfico.
No había nada que probara una relación íntima con Victor Ashford. Aun así, la repetición me incomodó.
—¿Margaret escribió algo sobre él?
—Todavía no he encontrado ninguna referencia directa —respondió Daniel—. Hay sobres firmados solo con iniciales. No sabemos si pertenecen a la misma persona.
Sacó un sobre de otra carpeta. En la esquina inferior había dos letras escritas a mano:
V.A.
El sobre estaba vacío.
—¿Dónde están las cartas?
Daniel dudó.
—Ni idea. Entregué los documentos exactamente como los encontré.
Volví a dejar el sobre en su sitio.
Ellie levantó la hoja que estaba coloreando.
—He hecho la casa.
El dibujo tenía ventanas grandes, una puerta torcida y una figura blanca flotando sobre el tejado.
—¿Eso es un fantasma? —pregunté.
—Todavía no puede entrar porque no lo conocemos.
Daniel observó el dibujo.
—Me parece una norma sensata.
Ellie dejó la hoja a un lado y señaló la escalera que se veía desde el pasillo.
—¿La habitación de la abuela Laura está ahí arriba?
Daniel respondió que sí. El antiguo cuarto de Laura estaba en la segunda planta, pero todavía no lo habían preparado para las visitas.
Mi hija se levantó.
—Yo quiero verlo.
Le cogí la mano antes de que diera el primer paso hacia el pasillo.
—Mañana, después de que revisen la escalera.
—Pero voy a ir despacio.
—Da igual.
—Sé agarrarme a la barandilla.
Daniel se adelantó.
—La barandilla es justo la parte que no es segura.
Ellie miró la escalera como si esta hubiera cometido una ofensa personal.
—Pues deberían arreglarla.
Se cruzó de brazos.
—¿Ni con el fantasma?
—Sobre todo con el fantasma.
Daniel colocó una pequeña barrera móvil delante de los primeros escalones. No detendría a un adulto, pero dejaba claro que el paso estaba cerrado.
Me acerqué a la escalera y toqué la barandilla. La madera se movió bajo mi mano.
Poco, pero lo suficiente.
Los escalones tenían marcas profundas en el centro, resultado de décadas de uso. Una alfombra estrecha cubría parte de la madera y estaba sujeta con varillas de metal antiguas.
—¿El inspector viene por la mañana? —confirmé.
—A las nueve.
Miré a Ellie. Fingió estar ocupada con el dibujo.
Volvimos al despacho.
Daniel abrió otra caja, esta vez con documentos escolares de Laura. Había boletines, certificados y cartas enviadas por profesores. Mi madre había sido una alumna excelente, aunque las observaciones mencionaban faltas frecuentes durante el último curso.
Encontré también una fotografía de ella embarazada.
La barriga todavía era discreta. Laura estaba delante de la ventana de aquella misma casa, con una blusa ancha y una taza en la mano.
En el reverso, Margaret había escrito solo:
«Laura, noviembre».
Hice las cuentas.
Yo nací pocos meses después.
—Pensaba que mi madre había roto con Margaret antes del embarazo.
Daniel se acercó para ver la imagen.
—Es lo que sugerían los primeros documentos.
—¿Esta fotografía se hizo aquí?
—Eso parece.
—Entonces seguían viéndose.
Se encogió de hombros.
—Puede que durante parte del embarazo.
—¿Margaret no se lo contó a los investigadores?
—No se lo puedo asegurar. Hay contradicciones en los registros.
Dejé la fotografía sobre la mesa.
—¿Qué tipo de contradicciones?
Daniel acercó la silla frente a mí.
—Margaret decía que Laura se marchó de casa después de una discusión y cortó todo contacto. Sin embargo, algunas fotografías y recibos demuestran que volvió al menos dos veces. También hay pagos hechos por una empresa vinculada a la fundación del Westbridge en el mismo periodo.
—¿Pagos a quién?
—A Margaret.
—¿Por qué?
—Todavía no lo sabemos.
Volví a mirar el recorte sobre Victor Ashford.
—¿La empresa era suya?
—Pertenecía a un grupo que financiaba parte de la ampliación del hospital. Ashford formaba parte del consejo.
—¿Él solo?
—Con los Bennett.
No me gustó la dirección que estaba tomando la conversación.
Richard siempre había tratado el Westbridge como una extensión de su propia familia. Saber que tenía alguna relación con el pasado de Laura hizo la ciudad más pequeña de lo que ya parecía.
—¿Mi madre recibió algún dinero?
—No he encontrado registros a su nombre.
—¿Y Margaret?
—Recibió tres pagos durante el embarazo de Laura. Después, ninguno más.
La información no probaba nada, pero tampoco parecía irrelevante.
—Quiero copia de todo.
—La tendrá. —Daniel cerró la carpeta—. Solo necesito pedirle que no saque conclusiones antes de que analicemos los documentos completos.
—Me he pasado la vida entera sin ninguna conclusión. Creo que puedo esperar unos días más.
Aceptó la respuesta sin intentar tranquilizarme.
Daniel recogió las carpetas que no podían quedarse a la vista y nos acompañó hasta la entrada.
Cuando salimos, el final de la tarde dejaba la calle más oscura. El chófer esperaba junto a la acera para llevarnos al hotel.
Ellie se detuvo al lado de la verja y miró la fachada.
—¿Volvemos mañana?
—Claro —respondí.
—¿Después de que arreglen la escalera?
—Después de que digan que es segura.
Lo aceptó, aunque la curiosidad le seguía siendo evidente.
En el coche, esperó a que le ajustara el cinturón en la sillita antes de preguntarme si la casa se ponía triste cuando nadie dormía en ella.
—¿Y cómo iba a saberlo?
Ellie miró la casa por la ventanilla.
—Los fantasmas oyen cuando se abre la puerta.
No encontré una respuesta mejor, así que dejé que lo creyera.