El discreto arte de volverlo… loco (Compromisos, mentiras y algún que otro escándalo 2) Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

Larry se frotó la frente con fuerza. Dios, cómo odiaba revivir aquella noche.

—¿Te has preguntado alguna vez, Henry, por qué huí de Elbridge’s después de que nos pillaran juntos a Madeline y a mí?

—La verdad es que no.

Henry frunció el ceño.

—Simplemente lo achacaba a que tú eres tú.

¡Joder, qué maravilla!

Qué bonito saber que su hermano tenía tan buena opinión de él. Con amargura, Larry se rió.

—Sí, la confianza que tienes en mí siempre ha sido abrumadora. Y estoy tan jodidamente cansado de que todo el mundo piense siempre lo peor de mí.

Entonces empezó a dar vueltas.

—Todos estos años pensaste que la había arruinado y abandonado. Pero deberías saber que no fue así, Henry.

—No sé de qué va todo esto, Larry, pero no creo que haya ninguna duda de si arruinaste o no a Madeline. Elbridge os encontró juntos. Y, la verdad, no tiene sentido discutirlo ahora.

Pero sí tenía sentido, y tenía que hacer que Henry lo entendiera. Con una sonrisa dolorida, Larry continuó:

—Oh, me acosté con Madeline. No lo niego. Pero yo no la arruiné. Alguien antes que yo disfrutó de ese privilegio.

Suspiró profundamente.

—No iba a casarme con ella. ¿Por qué iba yo a estar atado a ella el resto de mi vida, cuando otro la había arruinado? Pero entonces tú te metiste ahí para salvarme de deshonrar el nombre de los Blackwood y te casaste con esa putita en mi lugar.

Henry apretó la mandíbula y su mirada de acero se clavó en Larry.

—Te abstendrás de hablar mal de mi esposa. Y, como eres mi hermano, voy a hacer como si nunca hubiéramos tenido esta conversación. Y luego…

¿Cómo se había convertido el tan estimado y siempre intimidante conde de Ravensmere en semejante zoquete?

—Sí, adelante, vive en tu mundo de fantasía, Henry.

—Vete de Gosling Park y no vuelvas, Lawrence. Nunca —espetó Henry mientras se dirigía una vez más hacia la puerta.

¿Su hermano no le creía? ¡Como si fuera a inventarse algo así! Larry se interpuso delante de Henry.

—No he terminado.

Enderezó los hombros y siguió adelante.

—Todo fue una farsa, Rob. Ella fingió ser inocente y virginal. Me engañó por completo. Y digamos que tengo más que unas simples dudas sobre la paternidad de este hijo suyo. Creo que voy a esperar antes de felicitarte, Henry, para ver a quién se parece el niño primero.

Henry lo fulminó con la mirada, luego pasó junto a Larry y se dirigió hacia la puerta.

—Debe de ser duro para ti darte cuenta de que no serás mi heredero, Lawrence, pero estoy seguro de que te acostumbrarás a la idea.

¿Creía que él iba tras el condado? Era lo más ridículo que Larry había oído jamás. Se rió con cinismo en respuesta.

—No es mi codicia lo que me hace dudar, Henry, sino mi profundo conocimiento de la dama en cuestión.

Henry estalló en un abrir y cerrar de ojos. Antes de que Larry se diera cuenta, su hermano le había agarrado por el cuello y gruñía con los dientes apretados:

—No necesito que me vuelvas a recordar jamás que una vez compartiste la cama con mi mujer.

La habitación empezó a dar vueltas y Larry pensó que podría morir a manos de su hermano. Tiró de los dedos de Henry y jadeó en busca de aire.

—¡Rob!

Entonces Henry lo empujó a un lado y miró hacia atrás con desdén.

—Bastardo mentiroso, si sigues aquí cuando termine de ver cómo está mi esposa, te mataré.

Y la mirada en los ojos de su hermano le dijo que lo decía en serio.

Larry se marchó furioso hacia la sala de estudio.

No había logrado que Henry entrara en razón, pero no estaba dispuesto a rendirse con Victoria.

Abrió la puerta de un golpe, solo para encontrar a su princesa hablando en voz baja con sus dos pupilos, a quienes se les había quedado un trozo de tarta de limón pegado en la comisura de los labios.

Se aclaró la garganta.

—Señorita Mitford, ¿puedo hablar con usted?

Ni siquiera levantó la vista hacia él.

—No tengo nada que decirle, señor Blackwood.

—Bien. Entonces puede escuchar.

Cruzó los brazos sobre el pecho y se plantó frente a ella.

—No me iré hasta que lo haga.

Victoria miró a Peter y a Penny con una sonrisa forzada.

—¿Por qué no sacáis los materiales de arte?

Los dos niños obedecieron encantados, dejando a Victoria a solas con él.

—No soy perfecto —comenzó Larry.

Victoria resopló en respuesta.

—Bueno, tú tampoco eres siempre un rayo de sol, ya lo sabes.

Cuando ella entrecerró los ojos, Larry se acercó y le susurró:

—Me voy de Gosling. Sé que estás enfadada conmigo, aunque, por más que lo intento, no sé por qué.

—Entonces déjame explicártelo. Tú —espetó mientras le daba un golpecito en el pecho— eres un demonio de lengua afilada. Te abres camino en la vida con tu encanto sin pensar en nadie más. Eres un cabrón impenitente, egoísta y arrogante.

Ella lo despreciaba. Esa misma mañana le había confesado su amor, y ahora lo despreciaba. ¿Y todo por culpa de Madeline? Todo por un error de hacía cinco años, cinco años antes incluso de que él se involucrara con la Princesa de Hielo.

—¿Eso es todo? —preguntó en un susurro.

—No. Me alegro de que te vayas.

Asintió secamente y abandonó Gosling Park.