El discreto arte de desafiar… a un duque (Compromisos, mentiras y algún que otro escándalo 4) Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

Le dedicó una sonrisa burlona a su nueva prima.

—Imagino que muchas cosas cambiarán en Roswell House ahora que Cynthia está aquí para gobernar el lugar.

Atrajo a su esposa a su lado y luego se sentó con ella en un viejo sofá de brocado, pasando perezosamente el brazo sobre sus hombros.

—Sí, muchas cosas, sin duda —respondió Rebecca, sin dejar de evaluarlo, lo cual resultaba inquietante.

Odiaba que ella clavara en él esos ojos tan perspicaces que tenía.

Entonces se iluminó con una sonrisa.

—He decidido organizar un baile.

—¿De verdad? —preguntó su esposa con alegría.

Nick se estremeció. Realmente detestaba ese tipo de eventos sociales. Uno pensaría que ahora que estaba casado podría evitarlos de aquí en adelante. No es que hubiera asistido habitualmente a bailes o veladas antes de casarse, pero no iba a empezar ahora.

Sacudió la cabeza.

—Sabes muy bien que no asisto a ese tipo de eventos, prima Rebecca.

Sus ojos color avellana se oscurecieron peligrosamente.

—Pues asistirás al mío. Después de esa pequeña actuación de ayer en St. George’s, Cindy tendrá suerte si la reciben en algún sitio. Para ser un hombre que se suponía que debía proteger su reputación, hasta ahora has hecho un trabajo pésimo.

A Nick le disgustó que Cynthia palideciera ante la afirmación de su prima. En realidad, no podía ser tan grave. Sin duda había pasado por cosas peores. Además, estaban casados. ¿Qué más querían de él esas arpías de la alta sociedad?

—Estás exagerando.

—Sí, porque soy muy propensa a eso —replicó Rebecca con acritud.

Rara vez le hablaba así. Quizá era peor de lo que él pensaba.

Nick tomó la mano de Cynthia.

—No te preocupes, cariño.

En ese momento se oyó un rasguño en la puerta, y Nick se alegró de la interrupción. Nunca había estado tan feliz de ver a su mayordomo.

—Adelante.

Gibson abrió la puerta y entró con una carta sobre una bandeja de plata.

Asintió a Cynthia.

—Su Excelencia, esto acaba de llegar por mensajero.

Nick hizo un gesto al hombre para que se acercara, de modo que Cynthia pudiera coger la carta sin alejarse de su lado.

Ella sonrió al coger el pesado pergamino.

—Es de Addie.

El mayordomo carraspeó.

—Su Excelencia, el mensajero espera vuestra respuesta.

—Oh —respondió Cindy.

Luego rasgó el sobre y echó un vistazo rápido a la nota.

—Quiere ir de compras mañana, como siempre hacemos.

—Me parece una idea maravillosa —comentó Nick, disfrutando del resplandor radiante que de repente la envolvía—. No dudes en comprar lo que te apetezca, cariño. Preferiblemente algo transparente.

Cynthia se levantó de un salto y les sonrió a él y a Rebecca.

—Déjame escribir una respuesta y vuelvo enseguida.

—Tomate tú tiempo —le dijo Rebecca con un guiño indulgente.

Cuando Cynthia salió de la habitación, la sonrisa de Rebecca se desvaneció y clavó en Nick una mirada irritada.

—Tienes mucha suerte de que te adore.

Él se inclinó hacia delante en su asiento, mirándola fijamente con expresión severa.

—Suéltalo, sea lo que sea, Becky.

—No sé ni por qué aceptaste casarte con ella, si ibas a dar media vuelta y arruinarla segundos después de los votos.

—¡Por el amor de Dios! El melodrama no te pega nada.

La mirada de Rebecca se ensombreció.

—Nicholas Westhaven, mientras tú y Cindy estabais encerrados aquí, yo estaba ahí fuera.

Señaló vagamente hacia una de las ventanas de la habitación.

—Y te digo que su reputación está por los suelos. Como es tu duquesa, espero que hagas todo lo que esté en tu mano para arreglarlo.

¡Maldita sea! Desde luego, no era esa su intención. Se frotó la frente con fuerza.

—Dios mío.

—Tus acciones ya no solo te afectan a ti, Nick.

—Soy muy consciente de eso, Rebecca —gruñó frustrado.

—Por tu comportamiento imprudente, nadie lo diría.

—Tienes mucha suerte de que te adore, Becky, o te echaría a patadas.

Ella respiró hondo y luego habló con mucha calma:

—Vas a asistir a mi baile, Nick. Voy a traer a Ravensmere desde Dorset para ello, así como a Ellington desde Derbyshire. Y todos los demás tipos aburridos de Inglaterra que pueda encontrar estarán allí y nadie se atreverá a ignorarla. No en mi casa.

La idea de que alguien ignorara a Cynthia hizo que Nick apretara los dientes. Estrangularía a cualquiera que lo hiciera.

—Estaremos allí, por supuesto.

Cynthia volvió a entrar en la habitación, sonriendo dulcemente, y Nick le indicó que ocupara el lugar a su lado.

—Cariño, le estaba diciendo a nuestra prima que estaríamos encantados de asistir a su baile.

—¿De verdad? —preguntó ella, con sus bonitos ojos color avellana centelleando.

—Y al teatro —añadió Rebecca con una sonrisa—. Bramwell me ha ofrecido su palco en Drury Lane mañana.

¡Drury Lane! ¿Tenía que ser el maldito Drury Lane?

Nick hizo una mueca de dolor.

—Macbeth es la obra favorita de Elbridge —continuó Rebecca, aparentemente ajena a la incómoda situación en la que acababa de ponerlo—. Es un poco lúgubre para mi gusto, pero cuanto más sombrío es el entretenimiento, más respetable parece uno.

A Cindy le sorprendió lo fácil que resultaba contratar personal para una residencia ducal. Por supuesto, lo más probable era que Rebecca hubiera descartado a todas las candidatas inaceptables antes de que llegaran hasta ella. Pero, en general, había sido un día muy satisfactorio.

Al final, el puesto más difícil de cubrir fue el de niñera para Poppy. Como nunca había sido madre, no estaba muy segura de qué cualidades eran las más importantes, y apenas recordaba a su propia niñera.

Había conocido a mujeres severas, ruidosas, mayores y tímidas de todas las formas y tamaños.

Pero cuando la señora Bickle entró en su salón, Cindy supo que había encontrado a la mujer adecuada para el puesto.

La niñera era mayor, con mechas grises en su pelo, por lo demás negro.

Era regordeta, con mejillas sonrosadas y amables ojos marrones que hicieron que Cindy se sintiera a gusto.

Durante la entrevista, Poppy irrumpió por la puerta y se detuvo en seco al posar la mirada en la mujer mayor.

—Poppy —dijo Cindy con una sonrisa—, ¿te gustaría conocer a la señora Bickle?

Su hijastra asintió, y sus bonitos rizos azabache se balancearon arriba y abajo.

—Pero, Cynthia, no hemos tenido nuestra merienda.

Cindy se sintió fatal. Le había dicho a la niña que podían tener una todos los días si quería, pero había estado tan ocupada contratando personal que no había pasado nada de tiempo con Poppy. De verdad debería conocer mejor a la niña.

—Por supuesto, cariño. La tendremos ahora.

Cuando Poppy sonreía, todo su rostro se iluminaba.

—¿Quiere un poco de té usted también? —le preguntó Poppy a la anciana.

—Me encantaría, señorita —respondió la niñera con una sonrisa.