El discreto arte de desafiar… a un duque (Compromisos, mentiras y algún que otro escándalo 4) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

Los dos se habían conocido y casado en el Caribe. No fue hasta meses después cuando la pareja, junto con su tripulación, había llegado a Inglaterra. Habían pasado muchas semanas a bordo de su barco. ¿Pero Simon nunca mencionó a sus hijos? ¿Ni una sola vez?

Ella negó con la cabeza, y una expresión de fastidio se dibujó en su bonito rostro.

—No le pareció importante.

—Y, sin embargo, ¿a ti no te parece importante que se lo diga a la señorita Abbott?

—Tu situación es diferente, Nick. Tú no le estás pidiendo a la señorita Abbott que críe a Poppy.

Y ella ya cree que has tenido docenas. Yo simplemente no entraría en detalles al principio.

Esto es algo que por fin he aprendido tras años de matrimonio, pero no dudes en pedirles su opinión a Beth o a Rebecca.

Sin embargo, sé a ciencia cierta que hay muchas cosas que no sacan a colación delante de Bruce y Elbridge —Rebecca en particular, ya que así evitan que surja la discordia—.

Pero también estoy igualmente segura de que Simon, Bruce y Elbridge tampoco nos lo cuentan todo.

Él sonrió ante su honestidad, una de sus cualidades más entrañables.

—Creía que habías dicho que Bruce no podía ocultarle secretos a Beth.

—Hay secretos y luego están los secretos.

Simon se acercó por detrás y le dio una palmada en la espalda a Nick.

—Nunca había visto a Elbridge poner esa mirada, ni siquiera a su degenerado cuñado. ¿Qué has hecho?

Madeline le acarició el brazo a Simon con la mano y sonrió.

—Te lo dejo a ti, amor mío.

Simon pasó el brazo por los hombros de Nick.

—¿Tan mal está la cosa?

Curioso, Simon era su mejor amigo, el que más se le parecía, el que conocía la mayoría de sus secretos; pero era el único de sus amigos que no tenía ni idea de lo que estaba pasando con Cynthia.

Dado que su inminente boda era ya un hecho consumado, le contó a Simon todo sobre Cynthia, el armario y el descubrimiento de Elbridge.

—Elbridge es razonable. Estoy seguro de que el matrimonio no es necesario, sobre todo porque ella ya está comprometida. Todos podemos mantener la boca cerrada.

Nick lo miró con el ceño fruncido.

—Sí, tu hermana lo ha hecho magníficamente hasta ahora.

Sacudió la cabeza mientras los dos se adentraban por un sendero sinuoso.

—Además, he estado intentando convencer a Cynthia de que acepte mi propuesta desde que quedó claro que el matrimonio era nuestro único recurso, y si antes no estaba comprometida, ahora sin duda lo está.

—¿Así que vas a convertirte en un hombre casado? —Simon se tragó una risa—. Nunca pensé que te vería a ti en una situación así.

—Yo tampoco —gruñó con tristeza.

—Venga ya, Roswell. No te es indiferente esa chica. Te he visto babear por ella desde el día que llegaste.

Nick lanzó a Simon una mirada asesina.

—¿Y el matrimonio? Bueno, a algunos nos gusta mucho ese estado.

Nick negó con la cabeza.

—Sí, a los que tuvisteis la oportunidad de elegir a vuestras propias esposas. No todos los matrimonios son tan… —buscó la palabra adecuada— …felices como el tuyo, el de Bruce o el de Elbridge.

—El matrimonio de Elbridge fue concertado.

Nick resopló.

—Por Elbridge. Tú ya te habías ido entonces.

Él vio a lady Rebecca Beckford, vivaz y llena de vida, en algún baile.

Averiguó quién era y al día siguiente acordó dicho arreglo con su hermano, Ravensmere, sin haber reunido nunca el valor para bailar con la muchacha o siquiera hablarle. Pero aun así fue él quien la eligió.

—¿Te parece que a la señorita Abbott le falta carácter o inteligencia?

Al contrario, Cynthia era encantadora en todos los sentidos. Era perfecta. Solo deseaba que ella sintiera lo mismo por él, que hubiera tenido más tiempo para convencerla de que lo aceptara antes de que ella no tuviera otra opción.

—Es encantadora. Por desgracia, ama a su prometido. Y lo he intentado, Simon, de verdad que lo he intentado, para ganarme su corazón, para que me aceptara antes de que esto nos fuera impuesto a ambos. Pero se me ha acabado el tiempo.

—Sabes, aunque la mayoría de los matrimonios no sean tan felices como el nuestro, la mayoría no son tan desarmónicos como el de tus padres.

¿Desarmónicos? Eso era un eufemismo. Horrible. Espantoso. Cruel. Esos eran más acertados.

—Esto no tiene nada que ver con ellos.

La mirada de Simon lo taladró.

—Mentiroso. Te conozco de toda la vida, Nick. ¿Cuántos años compartimos habitación? Nunca te permitiste esperar nada de nadie, por miedo a llevarte una decepción. Nunca te apresuraste a ir a buscar el correo. Ni una sola vez creíste que alguien te hubiera enviado una carta o un paquete…

—Y nadie lo hizo nunca —le recordó a su amigo.

Excepto una vez, en su primer año en Harrow, cuando recibió noticias del abogado de su padre de que su madre había fallecido.

—Nunca volvías a casa, convencido de que el duque no te quería allí.

Nick no quería volver a revivir esos años terribles ni pensar en ese cabrón. Jamás.

—Creo que es bastante obvio que no me quería allí, Simon. Ese hombre nunca me escribió, ni me visitó, ni mandó a buscarme. Y por mucho que esté disfrutando de este viaje al pasado, nada de eso tiene que ver con mi situación con Cynthia.

—Lo que intento decirte, viejo amigo, es que juzgas a todo el mundo con el mismo rasero que tu padre. Como él era un auténtico cabrón, nunca esperas nada de nadie. Siempre estás convencido de que la gente te decepcionará.

—Una expectativa a la que, por lo general, están a la altura.

—Te sugiero que le des a la señorita Abbott el beneficio de la duda. La he estado observando, Nick, y ella tampoco te es indiferente.

No, ella se amoldaba perfectamente a sus brazos, y él se imaginaba que a ella le gustaba estar allí, sobre todo si la noche anterior servía de indicio. No era su pasión lo que le preocupaba. Era su corazón, y todas las preguntas sin respuesta que lo acompañaban.

Momentos después, un lacayo lo llamó. Lord Elbridge quería hablar con él en el estudio del señor Beckford.