El discreto arte de desafiar… a un duque (Compromisos, mentiras y algún que otro escándalo 4) Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

—Es una niña muy dulce. Creo que ahora tiene cuatro años. Una monada. Tiene sus ojos y el pelo oscuro, pero solo la he visto una vez.

Cindy parpadeó.

—¿Solo una niña? ¿Y las demás? ¿La horda que le atribuyen?

Rebecca se encogió de hombros.

—Supongo que es posible que tenga más. No estoy al tanto de todas sus aventuras. Sin embargo, si tiene más hijos además de Poppy, no creo que él lo sepa. Siempre se ha asegurado de que ella esté bien cuidada, y no veo por qué no haría lo mismo con cualquier otro.

Qué interesante. Sin duda, eso no era lo que ella esperaba. ¿En qué más se había equivocado con respecto a este hombre?

Cindy se dejó caer en la cama, junto a Rebecca.

—La madre de Poppy… ¿quién es?

—¡Por el amor de Dios, Cindy!

—Por favor, Rebecca. Por favor, dímelo.

—¿Sabes en lo que te estás metiendo?

—No —respondió Cindy con sinceridad—. Pero me lo dirás de todos modos, ¿verdad?

—Ellen Fairchild —reveló finalmente Rebecca con el ceño fruncido.

—¿La actriz?

A Cindy se le cortó la respiración. Había visto a Ellen Fairchild sobre el escenario más de una vez. Tenía mucho talento. También era muy guapa.

Rebecca asintió.

Cindy suspiró, sintiéndose un poco cohibida y desgarbada de repente.

¡Ellen Fairchild, por el amor de Dios! Aquella mujer era una belleza deslumbrante. Ella saldría muy mal parada en una comparación con aquella mujer en concreto.

—Cynthia, querida —la voz de Rebecca interrumpió sus pensamientos—, ¿te importaría decirme dónde estuviste anoche?

—¿Dónde estaba? —preguntó, con el corazón repentinamente en un puño.

—Vine a ver cómo estabas, ya que no te encontrabas bien, pero no estabas en tu habitación.

¡Cielos! Odiaba mentirle a Rebecca. Por un lado, siempre intentaba ser sincera y, por otro, estaba segura de que su prima podía calarla de todos modos.

—Oh… bueno… No podía dormir y pensé que quizá encontraría un libro en la biblioteca.

Ya está. No había dicho que hubiera ido a la biblioteca. Técnicamente, no era una mentira.

—Oh —respondió Rebecca, sin dejar de observarla.

Luego sonrió con alegría y tomó la mano de Cindy entre las suyas.

—Bueno, querida, tengo que pedirte otro favor.

—¿De verdad?

Rebecca asintió y sus rizos castaño dorados se balancearon arriba y abajo.

—Esta noche, en el baile de Victoria, me gustaría que le hicieras compañía a lord Ellington.

—¿Lord Ellington?

Cindy no sabía que lord Adonis estaría presente. Eso no haría nada feliz a Addie. Quizá estaría tan absorta con su capitán que ni se daría cuenta.

—Hmm —continuó Rebecca—. Su residencia ancestral, Bayhurst Court, no está lejos de aquí.

Pensé que sería bueno que trajera a su hermana, lady Rosamund.

La pobre chica es terriblemente tímida y un poco torpe, me temo.

Pero como va a hacer su debut la próxima temporada, Victoria y yo creemos que este pequeño evento le vendría bien, para que adquiera un poco de experiencia en este tipo de cosas.

Entonces cabría pensar que Rebecca querría que pasara tiempo con lady Rosamund, haciéndose amiga de ella, haciéndola sentir cómoda.

—¿Quieres que mantenga entretenido a lord Ellington?

—¿Recuerdas el baile que organicé en marzo?

La mayoría de los bailes, veladas y fiestas solían confundirse entre sí, pero los eventos de Rebecca siempre destacaban por una u otra razón.

El baile concreto al que se refería había causado un gran revuelo.

Todos los sirvientes contratados habían sido pintados de plata y vestidos como esculturas griegas con poca ropa —una idea que ella afirmaba que era de Victoria, aunque a Cindy le costaba creerlo—.

Y los músicos habían tocado más valses de los que se consideraban de moda.

Pero, sobre todo, el baile de marzo se le había quedado grabado en la mente a Cindy porque lord y lady Laude habían tenido una horrible pelea en medio de la sala, con él quejándose de que ella coqueteaba con el marqués de Ashcombe.

El baile de Elbridge fue tema de conversación durante semanas.

—Sí, por supuesto.

—Bueno, se suponía que Ellington iba a asistir, pero ese hombre obstinado no apareció. Aún no le he perdonado ese desaire.

—¿Acaso pretendía ofenderte?

A Cindy siempre le había parecido que el conde sentía bastante afecto por Rebecca.

Su prima esbozó una sonrisa.

—De alguna manera se le ha metido en la cabeza que he dirigido mis maquinaciones de casamentera contra él.

Ahora todo tenía sentido.

—Lo cual, por supuesto, has hecho.

—Lo cual, por supuesto, he hecho —asintió ella con una sonrisa—.

Pero eso no significa que quiera que él esté seguro de ello.

Me complicará mucho más la próxima temporada.

Esta noche esperará que intente emparejarlo con una de las jóvenes presentes, lo que significa que eso es lo último que haré.

En cambio, me gustaría adormecerlo con una falsa sensación de seguridad.

Cindy no pudo evitar reírse. Durante años había oído a los hombres lamentarse de las habilidades de Rebecca en este ámbito. Hablaban de ella como si fuera una deidad omnisciente empeñada en robarles su libertad. Imaginó que esta conversación haría que lord Ellington se estremeciera de miedo.

—¿Quieres que lo mantenga entretenido?

Rebecca le guiñó un ojo.

—Cindy, querida, tú estás felizmente prometida. Eso te convierte en la única chica segura a la que puedo poner en el camino de Ellington.

—En realidad, Rebecca, sé que Phoebe Carteret le había echado el ojo al conde. Quizá…

Su prima se echó a reír a carcajadas.

—Por Dios, Cindy, Nathaniel acabaría con la pobre chica.

Cuando Cindy miró a Rebecca con cara de desconcierto, su prima sonrió y continuó:

—La señorita Carteret es joven y tonta. Quiere un hombre que la adule, que la colme de atenciones. Ese hombre no es Nathaniel Moore.

Cuando Cindy frunció el ceño, Rebecca explicó:

—Es uno de los Moore, ya lo sabes. Y, por desgracia, se parece mucho a mi hermano en muchos aspectos.

Obstinado. Rígido. Cerrado de ideas. Necesitará una mujer fuerte que pueda manejarlo.

Habría pensado que Adelaide era una buena pareja para él, pero parece tan enamorada del capitán Seaton.

Pero no importa, encontraré a la dama adecuada la próxima temporada.

Y eso significa que necesito que él caiga en una falsa sensación de seguridad.

—Muy bien.

Cindy sonrió radiante a Rebecca.

—Yo le haré compañía a lord Ellington.