Capítulo 2 #3
—¡Milady! —se quejó Sorcha, pero se detuvo al darse cuenta de que la marquesa se había quedado pálida como un cadáver. La mujer parecía verdaderamente consternada—. Lady Bramwell, ¿se encuentra bien? —Dio un paso hacia el landó.
La anciana señaló a Alasdair como si hubiera visto un fantasma.
—Es usted despreciable, lady Sorcha.
—¿Despreciable? —repitió Sorcha, deteniéndose en seco.
Lady Bramwell se enderezó como si eso pudiera ayudarla a recuperar la compostura.
—Crecí junto a los chicos Langford. Me casé con un hombre Langford. Y le di tres hijos Langford.
A Sorcha se le cortó la respiración al darse cuenta de lo que la marquesa estaba diciendo en realidad en su diatriba. Pero lady Bramwell no podía saberlo. Nadie lo sabía.
—Reconozco a un Langford cuando veo a uno —continuó la marquesa en un susurro horrorizado—. ¿Cómo se atreve?
Sorcha pensó que se desmayaría, pero Becky la agarró del codo como para estabilizarla.
—¿De qué está hablando?
Pero Sorcha no podía hablar. Movía la boca, pero no le salían las palabras. Lo único que podía hacer era negar con la cabeza.
Lady Bramwell golpeó el suelo de su landó con el bastón una vez más.
—Llévame a Bramwell House ahora mismo.
—¡No! —exclamó Sorcha con voz entrecortada, recuperando por fin la voz—. Por favor, espere.
La marquesa la miró con ojos más gélidos que un invierno en las Highlands.
—Lo más rápido que puedas, Turner.
—Por supuesto, milady —respondió el cochero antes de soltar las riendas.
Entonces partieron, lanzándose a toda velocidad hacia la entrada de Park Lane como si el mismísimo diablo los persiguiera.
—Mamá. —Ewan tiró del vestido de Sorcha—. Tienes mal aspecto.
Estaba enferma. Sin duda alguna, estaba enferma. Sorcha apretó la mano de Becky.
—Tienes que detenerla.
—¿Detenerla? —Becky miró del landó que se alejaba rápidamente hacia Sorcha—. No creo que pudiera alcanzarla. ¿A qué venía todo eso, Sorcha?
—Me odiará.
—¿Quién te odiará? ¿Seb?
Seb. Alasdair. Bruce. Malcolm. Todos.
Becky hizo un gesto a su hija mayor para que se acercara.
—Emily, reúne a todos, ¿quieres? Luego volved todos a Valmere House.
—¿Adónde vas? —preguntó la niña.
—Nos pondremos en marcha enseguida. Lady Sorcha parece que va a desmayarse.
—¿Mamá? —Ewan tiró aún con más fuerza de la falda de Sorcha.
Sorcha acarició con la mano la mejilla de su hijo menor.
—Estaré bien, Ewan. Solo un poco mareada. Coge la mano de Alasdair y haz lo que te diga la señorita Emily.
En cuanto el grupo de niños se dirigió hacia la entrada del parque, Becky llevó a Sorcha hasta un banco.
—Siéntate —le ordenó en voz baja—. Y cuéntame qué está pasando.
Pero Sorcha no podía pronunciar esas palabras.
No en voz alta. No ante nadie. Malcolm lo sabía, por supuesto.
Ella le había contado la verdad antes de casarse.
Y Bruce, bueno, Bruce también lo sabía. Pero no podía contárselo a nadie más.
La verdad era demasiado horrible. Aun así, se sentó, pues realmente se sentía mareada y temía desmayarse en medio del parque.
—Sorcha —insistió Becky—. No puedo ayudarte si no me dices qué pasa.
Lady Bramwell iba de camino a contárselo a Seb en ese mismo momento. ¿Y entonces qué?
—Bastó con que ella lo mirara para darse cuenta —susurró Sorcha horrorizada.
Desde el principio había visto el parecido de Alasdair con Seb, pero nunca había pensado que alguien más reconocería la verdad tan fácilmente o tan rápido. Maldita sea. Debería haber insistido en que ella y los chicos se quedaran en el campo, a pesar de las protestas de Bruce.
—¿Darse cuenta de qué? —insistió Becky.
Sorcha miró a los ojos a su amiga.
—Nunca se lo he confesado a nadie, salvo a Malcolm.
—¿Confesado? —repitió Becky.
—Pensarás que soy una libertina. —Bajó la mirada hacia su regazo—. Pero supongo que entonces lo era.
Aun así, no podía decir las palabras en voz alta. Simplemente no podía.
—Alasdair es el hijo de Seb —murmuró Becky tan bajo que Sorcha apenas la oyó.
Un sollozo se le escapó de la garganta. ¿Era tan fácil de adivinar para todo el mundo? Si era así, ¿cómo iba a superar Alasdair el estigma?
—Ahora que lo pienso, sí que se parecen. —Becky apretó la mano de Sorcha—. Él no lo sabe, ¿verdad?
Sorcha negó con la cabeza.
—No lo sabía, no hasta que ya estábamos en Escocia. —Se secó una lágrima de la cara—. Malcolm quería a Alasdair como si fuera suyo. Me quería a mí a pesar de todo.
—Bueno, claro que te quería —la tranquilizó Becky. Luego soltó un suspiro—. Tienes que decírselo, ¿sabes? A Seb. O lo haces tú, o lo hará lady Bramwell.
Un escalofrío recorrió la espalda de Sorcha.
—Ya va de camino. No hay forma de que la alcance.
Becky resopló.
—Va de camino a Bramwell House. Seb estará en su club en este momento. Así que deberíamos ir a St. James’s en su lugar.
—¿Nosotras? —preguntó Sorcha, lanzando una mirada de reojo a su amiga—. No tienes por qué meterte en esta sórdida historia.
Becky se encogió de hombros.
—Estás más que pálida, Sorcha. Creo que alguien debería ir contigo. Además, necesitarás ayuda para llamar la atención de Seb si está tan recluido en White’s como sospecho.