33. Seokga
Seokga
—¡Hajun! —exclama Somi, preocupada, y corre con una desesperación nacida del pánico por la cubierta inclinada hacia la puerta. Solo se cae dos veces por las prisas antes de desaparecer.
Kisa deja escapar una risa suave al lado de Seokga, que se vuelve hacia ella para memorizar sus mejillas teñidas de azul y su sonrisa tímida.
—Lo digo en serio, ¿sabes? —susurra y, cuando levanta una mano para apartarle un mechón de pelo mojado de los ojos, Seokga teme desmayarse—.
Ahora conozco la respuesta a la pregunta del barco de Teseo, Seokga, y…
estaba equivocada . Te quiero porque, para mi alma, quererte es como respirar.
Es lo único que sabe hacer. Es lo único que quiere hacer y es peligroso , casi…
Me zambulliría en el río del infierno por ti…
Me enfrentaría al dios loco por ti. Porque te quiero, Seokga. En esta vida y en la anterior.
—Kisa…
Intenta dar con las palabras adecuadas, pero le fallan.
No existen palabras en ningún idioma para describir como debe lo que siente por ella, lo que significa para él oírla decir eso.
Como si se compadeciera de su esfuerzo, el hilo rojo brilla antes de enviar un arcoíris de emociones hacia Kisa, que abre mucho los ojos.
Azul, rojo, amarillo, rosa, morado, verde…
Todos en distintos tonos, todos bellos. Todos asombrosos.
—Lo sé —susurra—. Lo sé .
Y entonces lo besa, pasándole las manos por el pelo, apretando su cuerpo contra el del dios. Los labios del gwisin saben muy dulces y, cuando se chocan nariz contra nariz, Seokga se pregunta si en Kisa ha encontrado una nueva religión que profesar.
Hwanin grita y levanta las manitas para agarrarse a Seokga en la enfermería, donde los armarios de las medicinas están tirados por el suelo y las bombillas del techo parpadean al azar.
Seokga también siente ganas de gritar cuando su hermano se limpia la nariz llena de mocos en su pecho al aire, pero no puede evitar estrecharlo contra él, y una emoción más cálida de lo que parece posible le sube por la garganta y lo ahoga.
Hwanin grita y grita, como si estuviera enfadado con él por dejarlo.
—Lo siento —le susurra, y con esas palabras se disculpa por mucho más de lo que el bebé es capaz de comprender—. No volveré a abandonarte.
Hwanin lo mira con sus ojos azules llorosos y, a regañadientes, calla antes de cerrar los ojos y dormirse de puro agotamiento.
Hajun y Somi están enredados en un apasionado abrazo… desde hace un buen rato. Seokga y Kisa intercambian miradas de ternura mientras la otra pareja se susurra declaraciones de amor. Hajun mira con adoración a Somi y juega con uno de los mechones de su cabello corto y negro.
—Creo que ha llegado el momento de pedirle otro favor a Yeomra —murmura Kisa, a su lado.
Seokga no protesta cuando le mete la mano en el bolsillo de los pantalones, saca su móvil (empapado pero milagrosamente intacto) y envía un largo mensaje al dios de la muerte.
Como si la oyera por primera vez, Hajun suelta a Somi (aunque no por falta de ganas de seguir pegado a ella, piensa Seokga) y corre a abrazar a Kisa.
—Lo siento —le dice mientras Kisa le devuelve el abrazo—. No encontré el corazón.
—No pasa nada, Hajun —dice Kisa, y la sonrisa se le nota en la voz—. Jang tiene una eternidad de tortura por delante. De todos modos, no va a regresar al barco. Pero seguro que Yeomra enviará a sus jeoseung saja a registrar el barco y se deshará de él.
Seokga asiente en silencio. Sobre todo porque a Yeomra le debe de dar un asco tremendo pensar que hay un órgano ensangrentado en algún rincón de su amado barco, oliendo a podrido y vísceras.
La verdad es que empaña un poco la imagen del «crucero definitivo» del inframundo.
—Bien —dice Hajun, que se seca los ojos y da un paso atrás—. Esa anciana nunca me inspiró confianza. Lo supe desde el principio.
—Por favor —resopla Somi, aunque parece hacerle gracia—, si apenas te cruzaste con ella…
—¿Insinúas que mis habilidades detectivescas no están a la altura de su reputación? —pregunta él, llevándose una teatral mano al corazón—. Ay…
—Venga, para ya. —Se ríe la gumiho, acariciándole el pecho—. Sirves para otras cosas que se te dan mucho mejor…
Hajun se ruboriza con ganas y tartamudea algo en respuesta; Seokga intenta no vomitar.
El móvil vibra en las manos de Kisa, y la alegría de la joven se transmite por el hilo cuando lee el mensaje y levanta la vista hacia Somi y Hajun.
—Tengo algo para vosotros —dice su alma gemela—, si lo queréis.
Sin decir más, le pasa el móvil a Somi, que pone los ojos como platos al leerlo.
—Dile que sí —suelta sin pensárselo, con Hajun leyendo también por encima de su hombro.
—¡Sí! —exclama medio ahogado el ídolo, que parece a punto de desmayarse—. Sí, sí, sí.
Se ríe y Somi salta sobre él, como si trepara un árbol. A Kisa le brillan los ojos cuando le devuelve el teléfono a Seokga.
Somi & Hajun se merecen más tiempo juntos. Estarías dispuesto a dejar que Hajun se quedara en el CRS Traspalmántico todo el tiempo que quiera, como huésped, antes de entrar en la cola de reencarnación con Somi?
Qué gracioso que me pidas eso después de usar tus ilusiones para hacerme pensar que tenía las entrañas dentro de una batidora. Te odio un poco. La próxima vez que te vea, espera una bofetada. Puede que un puñetazo
En realidad, soy Kisa
Eso explica que el mensaje se entienda. Sí. Vale. A modo de agradecimiento por su ayuda, Hajun puede quedarse con Somi de huésped todo el tiempo que quiera. El barco estará reparado pronto Algún favor para ti?
Solo uno… Pero creo que se lo pediré a Seokga
Y lo que te comenté del puesto en el Departamento de Torturas? … hola??
—¿Cuál es tu favor? —pregunta Seokga, al que no le puede interesar menos el resto del intercambio de mensajes.
Kisa vacila y, de repente, parece tímida. Él decide no prestar atención a que, detrás de ella, Somi y Hajun se devoran como animales hambrientos. Seokga solo tiene ojos para Kisa, para sus mejillas teñidas de azul y para la esperanza pintada en sus ojos de color castaño rojizo.
—Bueno…, ahora eres emperador celestial… o lo serás, al menos hasta que regrese Hwanung…
Seokga se encoge de hombros y restriega la espalda de Hwanin, que se agita en sueños.
—Emperador celestial en funciones para el emperador celestial en funciones del emperador celestial en funciones…
Hwanung regresará pronto y Hwanin solo es emperador hasta que despierte su madre, Mago.
—Aun así, quiero pedirte una cosa a ti —dice ella, esbozando una sonrisita.
—Pues pide —susurra, convencido de que tanta expectación va a acabar con él—. Pide mientras pueda darte lo que más quieras en este mundo.
Ella lo hace.
Kisa, con ojos brillantes, se inclina para susurrarle su deseo al oído.