El dios y el gwisin (El Hilo del Destino 2) 23. Seokga #3
69%

23. Seokga #3

—Silencio, gumiho —le espeta Korain, que, claramente, espera a alguien.

Seokga reza para que no se trate de otra deidad.

Hajun se tensa.

—No le hables así —responde el ídolo, y su voz, siempre tan suave, se vuelve más dura de lo que Seokga le ha oído jamás.

Somi está sentada en el suelo, a su lado, y él la rodea con un brazo protector. A la gumiho parece hacerle gracia, y el dios coincide con la apreciación. Una asesina en serie protegida por la despreocupada estrella de una boy band .

—Mi caballero de brillante armadura —murmura Somi, aunque tiene las mejillas azules.

—¿Dónde está Kisa? —pregunta Korain, atravesando con la mirada a Hajun—. ¿No estáis siempre unidos por la cadera?

—Ella no está metida en esto —contesta él con rapidez. Demasiado rápido.

Korain frunce el ceño.

Seokga observa, disgustado, que Hajun cierra la boca de golpe. Como dios del engaño que es, le horroriza y avergüenza la falta de habilidad para la mentira del joven.

Un instante después, la puerta del armario se abre y un poco de luz entra por la rendija, junto con la camarera de pelo negro que el dios empujó en el invernadero. Chaeyeon.

Siente tanto alivio al ver que no se trata de un miembro del panteón que, por un momento, no se da cuenta de lo mal que va todo.

Está atrapado en un armario para las escobas.

Con los espías de la Cotilleos Divinos .

Chaeyeon mira boquiabierta a Somi, después a Hajun, después a Hwanin (que está sentado, tan contento, en el regazo de Hajun), y después entorna los ojos para mirar con rabia a Seok­ga.

Korain se levanta y le susurra algo al oído, sin duda un resumen de los acontecimientos que los han conducido hasta el armario.

Vale. Seokga ya se ha aburrido de esto. Por el bien de conservar su energía (apenas ha dormido un minuto desde que subiera a bordo de este malhadado barco), estaba siguiéndole la corriente a este procedimiento demencial, pero ya es suficiente. Ha llegado la hora de hacer algo de magia.

Se levanta, intentando parecer digno, aunque se dé con la cabeza contra el techo.

—Nos vais a dejar marchar —dice— y no le vais a contar a nadie lo que habéis visto.

Unos tentáculos de niebla verde le salen de las manos y se enredan en las extremidades de Korain y Chaeyeon. «Nos vais a dejar marchar. Vais a olvidar lo que habéis visto. Nos vais a dejar marchar. Vais a olvidar lo que habéis visto».

Solo puede influir en los pecadores. Los que son realmente buenos no se dejan convencer por su coacción.

A juzgar por su trabajo de tapadillo como informantes de la Cotilleos Divinos , cree que será bastante fácil.

Casi todo el mundo tiene una pizca de maldad en su interior…

Es muy poco habitual encontrar a alguien del todo «inocente».

Pero su magia no funciona.

Korain y Chaeyeon se miran, poco impresionados.

—Espera —murmura Seokga—. Esta vez debería funcionar. —Aprieta los dientes y concentra toda su voluntad en la pareja, pero… nada. Entre jadeos, los mira—. ¿Pretendéis decirme que sois buenas personas?

Increíble. Primero lo abandona su don para leer mentes y ahora esto …

—Morí salvando de un incendio a unos huérfanos —responde Korain, sin cambiar de expresión.

Chaeyeon resopla.

—Mentiroso —dice y, mirando de nuevo a Seokga, añade—: Estás en Jeoseung.

Esos poderes están reservados para el reino de los vivos.

Aquí abajo, los muertos pueden hacer lo que quieran…

, sin verse coartados por las criaturas vivas como tú.

—Ladea la cabeza—. Pero puede que aceptemos hacer lo que pides.

Por un precio. La Cotilleos Divinos quiere…

—Llevo bóxer —la interrumpe el dios—. ¿Contenta?

—Todavía no —responde ella, extendiendo la mano, y Korain deja en ella su Samsung.

Es el teléfono que la Cotilleos Divinos debe de haberle pasado de contrabando a sus espías.

Sin apartar los ojos de los de Seokga, abre la app de grabación y pulsa el botón para grabar—.

Queremos saberlo todo, una entrevista exclusiva para la Cotilleos Divinos a cambio de nuestro silencio sobre…

lo que sea esto. Una hora completa de tu tiempo, y la obligación de responder con sinceridad a todas las preguntas que te hagamos.

Por las tetas de Hwanung.

—Antes me arranco la lengua.

Korain sonríe.

—No tienes elección.

El cabrón no se equivoca.

Seokga no tiene poder en esta situación, ni nada con lo que negociar. Es el trato que le ofrecen, así que es el trato que se ve obligado a aceptar. Aprieta con fuerza los dientes.

Un momento muy largo pasa con dolorosa lentitud.

Ah, cómo le gustaría aniquilarlos.

—De acuerdo —dice al fin, sin separar los dientes—. Pero nada de preguntas sobre el bebé, la sala de control ni mi hermano…, quien, para que conste, está perfectamente. Lo he dejado viendo la tele en su cuarto y no le pasa nada de nada.

Y, añade en silencio, la «sinceridad» no significa nada para un dios del engaño. Responderá a las preguntas como le dé la gana.

—Ese bebé podría ser nuestra exclusiva más importante —responde Chaeyeon, señalando a Hwanin—. Preguntaremos lo que queramos sobre él.

Seokga se sulfura.

—Como preguntes sobre el bebé, te arrancaré las extremidades una por una. Por mucho que no puedas morir de nuevo, sí que puedes sentir dolor…, dolor en cantidad.

La chica palidece.

—Qué más da —dice Korain, encogiéndose de hombros, aunque un brillo malicioso le ilumina la mirada—. Vamos a empezar de una vez. Hay muchas otras cosas que preguntar.

—Vale —dice Chaeyeon, aclarándose la garganta—. A la Cotilleos Divinos le gustaría darle las gracias por sentarse hoy con nosotros…

—Vete a la mierda —ruge Seokga, mirando con rabia el botón rojo que parpadea en la app de grabación que le ha puesto en la cara—. Ambos sabemos por qué estamos aquí. Venga, pregunta. Antes de que pierda la paciencia.

—De acuerdo. Primera pregunta: ¿llevas tupé?