17. Seokga #2
El dios abre los ojos de golpe, alarmado, cuando Hwanin deja escapar un alarido sobrenatural en el cuarto de baño.
—Si quieres algo de la tienda de regalos —dice, terminando la frase mientras se aparta a toda prisa de la puerta cerrada del baño de la suite.
—¿Y por qué no me llama él?
—¡¡Eeerrrrgriiiiiii!!
—Está… ocupado —consigue responder Seokga—. Me he enterado de la pelea de anoche —añade, y la mentira le sale sin dificultad gracias a su famoso pico de oro—. ¿De verdad te sorprende que no quiera hablar contigo?
Hwanung guarda silencio un momento. Seokga escucha con atención y echa mucho de menos su don para leer mentes.
De todos modos, no funcionaría con su sobrino, claro: técnicamente, los dioses no son criaturas .
Si tuviera su don, podría sonsacarles sin dificultad a Chaeyeon y Korain los secretos que ocultan.
Sin embargo, la cabeza le duele con un latido sordo: lleva gran parte de la mañana intentando acceder a ese poder, pero es como si algo lo bloqueara.
El estrés, seguramente. Bien saben los infiernos que Seokga está estresadillo .
—¿Estabas escuchando? —pregunta por fin Hwanung en un tono mucho más tenso.
Cuando Seokga responde que sí, su sobrino guarda silencio antes de decir entre dientes:
— Víbora cotilla…
Mejor ser una víbora que una rata traidora.
—¿Te diviertes gobernando Okhwang? —le pregunta, cambiando de repente de tema para desorientar al dios.
—¿Celoso? —replica el otro con un bufido.
—La discusión afectó mucho a tu padre —dice Seokga mientras se quita una pelusa del jersey negro de cuello alto—. No me sorprendería que ahora mismo estuvieras sentado en el trono con cara de creído.
Al otro lado de la línea, Hwanung calla un instante.
—¿A qué te refieres? —pregunta con precaución.
—Está llorando mucho —reflexiona en voz alta— y se echa una siesta tras otra. No sabrás nada al respecto, ¿verdad?
Un silencio más largo. Seokga se humedece los labios, ladea la cabeza y entra a matar.
—Podría decirse que está irreconocible. ¿Qué le has hecho?
—Es lo que se merece —responde por fin Hwanung en una voz tan fría como para helar el hielo.
«Menudo mierdecilla». Seokga espera que de verdad esté involucrado en esto, aunque solo sea para darle al insufrible capullo el puñetazo en la cara que se merece.
—¿Y qué es lo que crees que te mereces tú?
—contesta rápidamente Seokga, veloz como una víbora, pero también relajado, con una capa oculta de perspicacia.
No le cuesta adivinar de qué iba su altercado—.
¿Una nueva afinidad divina? ¿Todavía estás colgado con lo de «sexo, drogas y rock and roll»?
¿O ahora deseas algo un poco… distinto? ¿Algo más grande?
—Bueno —le suelta Hwanung—, ahora mismo estoy sentado en el trono… y él no. Ya tengo algo distinto, y me gusta. Quizá… —añade, y el resentimiento le caldea la voz hasta que le arde—. Quizá no esté dispuesto a cederlo en el futuro próximo. Que disfrutes de tu crucero. Adiós, tío.
El dios menor cuelga.
Qué descaro tiene la juventud de hoy en día.
Seokga se queda mirando el móvil, incrédulo y ofendido, y Kisa se le acerca con Hwanin en brazos. Cuando la mira, se sorprende al ver que el pijama azul claro está salpicado de agua jabonosa y que Hwanin (con el ceño fruncido) parece recién lavado.
—¿Y bien? —pregunta Kisa, sin prestar atención a que el bebé la mire como si deseara echarla de comer a los lobos.
—Hwanung está involucrado —masculla Seokga, y ella lo mira, juntando las cejas.
—¿Estás seguro? ¿Has grabado la llamada, como te enseñé? ¿Con la app?
—Es probable —responde él (aunque, sinceramente, no está seguro; se le escapa por completo cómo demonios funciona la app), y coge sin mucho entusiasmo a su hermano para que Kisa toquetee ese aparato infernal.
Un momento después, la conversación se reproduce en el móvil, y ella escucha con atención antes de volver a reproducirla y sacarse del bolsillo el cuaderno para rellenar media página de notas garabateadas. Cuando por fin se toma un respiro, parece preocupada.
—La verdad es que no suena bien —reconoce, y él ve que ha transcrito la conversación entera en la página.
—Le enviaré un mensaje a Yeomra —dice Seokga, deseando librarse de su babeante hermano. Intenta cambiarle el bebé por el móvil, pero Kisa niega con la cabeza para detenerlo.
—Espera, quiero escucharla una vez más.
Es tan cuidadosa, tan meticulosa… Seokga la observa y admira cómo se le arruga la nariz cuando se concentra.
No puede evitar recordar que Hani y él se zambullían de lleno en su investigación, sin precaución alguna, dispuestos a correr una aventura vertiginosa.
Una punzada de tristeza le atraviesa el corazón, pero también nota algo más .
Una anhelo.
Kisa se restriega la cara y detiene la grabación cuando Hwanung dice «crucero». Sus pensamientos se meten en la cabeza de Seokga, pero a tal velocidad que apenas logra seguirlos. Son como coches de carreras que toman las curvas cerradas a toda castaña. Por fin le devuelve el móvil y coge a Hwanin.
—Envíale la grabación al director ejecutivo mientras esperamos a Hajun y a Somi.
—¿Cómo se la envío? —pregunta Seokga, perplejo, y lo que sigue es otro intercambio de bebé/teléfono en el que Kisa envía la grabación y Hwanin estornuda en el hombro de su hermano.
Cuando recupera el móvil, Seokga lee, estupefacto y enormemente irritado, la respuesta de Yeomra.
Puede que sea un cínico, pero esto no es prueba suficiente para que descienda hecho una furia y acuse al príncipe heredero de asesinar a su propio padre.
El contexto lo es todo, y tú estabas siendo deliberadamente sutil…
Es bueno, pero necesito más Acaso estaba Hwanung a bordo del barco?
Si hubiera entrado en mi reino, lo sabría
Kisa suspira y lee el texto por encima del hombro de Seokga.
—Explícale que creemos que envió a dos lacayos —dice, y a Seokga le cuesta aún más de lo normal escribir en la pantalla. Si tienen razón, perderá a Kisa. Con una lentitud desesperante, le envía una explicación plagada de erratas y espera la respuesta de Yeomra.
Por los siete infiernos, Seokga. Aprende a escribir en el móvil. Por favor. Soy incapaz de leer lo que me has mandado, no me jodas
Cuando Kisa se ríe (aunque suena como si hubiera intentado con todas sus fuerzas no hacerlo), todavía inclinada sobre su hombro, Seokga teme sufrir palpitaciones.
El pelo le huele a canela y jabón, y le hace cosquillas en la nariz.
Le tiemblan un poco los dedos mientras escribe otra explicación, y espera que sus pensamientos nerviosos y azorados no se estén abriendo camino hacia la cabeza de Kisa.
Comparado con ella, debe de parecerle un inepto.
Está medio seguro de que Yu Kisa es una genia.
—Se te da fatal escribir en el móvil —lo informa ella un segundo después.
«La verdad es que… nunca había visto… a nadie peor…».
—Te he oído —masculla él, y le da al botón de enviar su segundo intento.
Un poquito mejor. Énfasis en UN POQUITO Cuando tengas pruebas sólidas de los «lacayos», envíamelas. Hasta entonces, no considero cerrado el caso PD : Seokga… El crucero acaba dentro de cinco días. Así que date prisa, o tu nueva reputación quedará arruinada y la chica no se reencarnará
Kisa ahoga un grito. Enfadado, Seokga golpea las diminutas letras de la pantalla en lo que considera una forma elegante de defender a su… de defender a Kisa.
vet eala mierda no la metas n STO !!
Con entusiasmo y bastante orgulloso de lo mucho que ha mejorado escribiendo mensajes, Seokga apaga el móvil y se lo vuelve a meter en el bolsillo. Una luz amarilla vacilante florece en el extremo del hilo de Kisa y, cuando llega hasta él, se sorprende al sentir su cálida gratitud.
—Pero tus mensajes siguen siendo atroces —dice ella a toda prisa, con cara de vergüenza.
Seokga esboza una sonrisita.
—Mientras esperamos a Hajun y a Somi —añade Kisa un rato después, casi tímida—, ¿llevamos a Hwanin a la cubierta exterior? Los bebés necesitan aire, ya sabes, aunque el de aquí no sea precisamente…, bueno, fresco …