El dios y el gwisin (El Hilo del Destino 2) 16.Kisa #3
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16.Kisa #3

—Se habrá desintegrado con el cuerpo —responde el embaucador, echando humo—.

Desaparecido de la existencia. Pero, sí, puedo llamar a Hwanung con el mío.

Aunque seguro que sospecha. La última vez que lo llamé fue para leerle un artículo entero de la Cotilleos Divinos sobre cómo había empeorado su buen gusto para vestirse en los últimos años.

Hajun hace una mueca.

—Creo que aquí abajo también se distribuye la Cotilleos Divinos —dice, y Kisa está bastante segura de que Somi está haciendo piececitos con él bajo la mesa (a juzgar por la cara de placer y miedo que tiene el chico y que pone tan a menudo cuando ella está presente…

y por los sospechosos golpes que se oyen por ahí debajo)—. Es una revista, ¿verdad?

—Por las tetas de Hwani…, digo, de Hwanung —exclama Seokga—. ¿También está aquí abajo? ¿No hay forma de escapar de ella?

—Eso me recuerda…

Kisa se alarma al ver el cambio de expresión de Hajun cuando deja la frase en el aire. El juego de pies para de repente y Somi abre más los ojos de manera casi imperceptible, preocupada.

—¿Te he dado demasiado fuerte? —pregunta la gumiho, nerviosa, pero Kisa sabe que no es eso.

—Hajun… —dice, alargando una mano hacia su amigo. A él le tiemblan un poco los dedos cuando rodea los de ella.

Es algo que pasa a menudo: su amigo dulce y amable se ve arrastrado por sus demonios.

En las semanas posteriores a la llegada de Kim Hajun, partes de su historia fueron saliendo poco a poco.

Durante los últimos años de su vida, los paparazis lo perseguían.

Su nombre estaba por toda la prensa amarilla; surgieron unos rumores muy crueles después de que fuera a comer a un pequeño local de ramyeon con una chica que le gustaba.

No era más que eso, una chica que le gustaba mucho, pero ella también estaba en el ojo público, así que su inocente y esperanzada cita provocó una reacción en cadena que, al final, acabó convertida en un torrente de mezquindad que rodeó a ambos ídolos.

La agencia de Hajun le prohibió salir del complejo en el que vivía con los otros miembros del grupo hasta que amainara la tormenta.

Sin embargo, para Hajun la tormenta había empezado hacía muchísimo tiempo.

Cuando llegó al CRS Traspalmántico, tenía un peso muy inferior al deseable para un hombre de su edad y altura.

Durante el proceso de restauración, Kisa le había diagnosticado casi de inmediato anorexia nerviosa, en concreto del subtipo atracones/purgas, que no debe confundirse con la bulimia.

Las exigencias de su vida de ídolo le habían pasado una factura extrema después de su debut con ST 4 RL 1 GHT .

Hajun comía cosas que parecían nutricionalmente satisfactorias, incluso sanas en exceso, pero las purgaba de su cuerpo justo después con un ejercicio obsesivo que, a veces, acompañaba de vómitos.

Su pelo, a pesar del corte experto, estaba muy quebradizo, y la piel, muy seca.

A Kisa se le rompió el corazón. A Kim Hajun lo llamaban «la luz dorada» de la industria del K -pop.

Se pregonaba que era uno de los ídolos más felices y amables (había vídeos de él riéndose durante las firmas con los fans, y cada uno de ellos tenía medio millón de reproducciones, como mínimo, en YouTube), y a Kisa no le cabe duda de que, tras su suicidio, la misma prensa amarilla que lo atormentaba sacó dinero al publicar largos artículos donde lamentaban su muerte.

Por lo que le había contado Hajun, su agencia no era mucho mejor.

SPOTL 1 GHT era el motor que impulsaba la enfermedad de Hajun: controlaban lo que comía y cómo se vestía, y evaluaban cada una de sus sonrisas y cada palabra que decía o cantaba.

Tampoco se libraba parte de su público. En una noche tranquila a bordo del Traspalmántico, su amigo le susurró algunos de los comentarios que había recibido…

y eran horribles, de verdad. Sintió su horror crecer al percatarse de que Hajun era capaz de recitarlos de memoria, palabra por palabra.

Habían sido la mano y la cuchilla del chico las que le habían cortado las venas, pero Kisa sintió un arrebato de rabia contra el mundo que le había puesto la cuchilla en la mano.

Ahora se la aprieta con fuerza y le sostiene la mirada, aunque, de repente, se le saltan las lágrimas.

El amor que siente por Hajun es tan profundo que el dolor del chico es su dolor.

Es el hermano que nunca tuvo, y odia verlo volver a un lugar tan oscuro.

—No están aquí —le asegura—. No pueden llegar hasta ti. La Cotilleos Divinos solo se interesa por el panteón. No por los ídolos mortales. Aquí estás a salvo, Hajun, te lo prometo.

Una lágrima solitaria se desliza por la mejilla del joven, que se la limpia rápidamente mientras se encoge en la silla, avergonzado. Kisa siente un nudo en la garganta. Si Somi se burla de él por llorar, la… la… Bueno, no tiene ni idea de lo que le hará, pero no será agradable. En absoluto.

Sin embargo, la gumiho la sorprende. Somi se levanta de golpe y se abre camino hasta colocarse la primera de la cola de la cafetería. Cuando regresa, un par de minutos después, va cargada con un boba tamaño grande. Lo deja delante de Hajun, junto con la gorda pajita.

—Apuñala la tapa de plástico con esto —le explica a Hajun mientras ella se sienta de nuevo—. Con ganas . Y, después, dale un buen trago.

Kisa suelta la mano de Hajun y mira a Somi, desconcertada.

—¿Por qué?

—Ayuda —responde con voz temblorosa Nam Somi, y Kisa siente remordimientos, y no por primera vez, al pensar en lo horrible que debe de haber sido su muerte—. Apuñalarla puede resultar catártico.

Una chispa de luz regresa a los ojos de Hajun mientras desenvuelve la pajita y, con un movimiento rápido y casi violento, hace lo que le dice Somi.

El tubito atraviesa la fina tapa de plástico que cubre el vaso, y Hajun…

se ríe antes de darle el primer trago; el té oscuro se ve emborronado dentro de la pajita rosa medio transparente.

Kisa siente una mezcla de sorpresa, alivio y orgullo.

Hace unos meses, Hajun no habría tocado la bebida azucarada a pesar de que la comida del inframundo era una ilusión sin beneficios calóricos (salvo por caramelos como los Kopiko, traídos de contrabando del mundo de los vivos).

Ahora, el joven bebe por segunda vez y después esboza una sonrisita vacilante.

—Esto… está muy bueno —susurra—. Me encanta, la verdad.

—Es de calabaza blanca con miel, perlas de tapioca y jalea de hierba —contesta Somi, que sonríe con su pajita en la boca—. El mío es de té de jazmín con leche y lichi, por si quieres probarlo.

Kisa mira a Seokga y se pregunta si es la única a la que le parece ser testigo de algo inesperadamente profundo y delicado.

Se sorprende al ver que al dios se le ha ablandado el gesto mientras ve a los dos intercambiarse el té de perlas.

Somi prueba el de Hajun y se ríe, y es un sonido infantil, inocente y brillante.

Cuando la conoció en la enfermería, no se imaginaba que la risa de la gumiho fuera así. Como campanillas.

—¡Es muy dulce! —exclama, casi farfullando—. ¡No me lo esperaba!

Hajun sonríe.

—Sí —murmura—, yo tampoco.

Aunque no mira la bebida.

Está mirando a Somi.