16.Kisa
Kisa
L o has conseguido? —pregunta Korain.
Kisa y Somi intercambian miradas de sorpresa detrás del carrito de la limpieza, mientras Chaeyeon se encoge de hombros y se aparta un mechón de pelo de la cara.
—¿Y si no qué? ¿Me vas a detener ? —pregunta con una sonrisa irónica.
A Korain no parece hacerle gracia.
—Esto es serio, Chaeyeon. ¿Has encontrado algo o no?
Un largo suspiro brota de los labios de la joven, que lanza miradas furtivas a uno y otro lado del pasillo. Cuando la aspiradora empieza a sonar con un rugido sordo en una de las habitaciones cercanas, Kisa tiene que esforzarse para oír lo que dicen.
—Ahí dentro no hay casi nada. La cama sigue hecha. He registrado su maleta, pero es todo bastante estándar. Sin embargo, sí que he descubierto que le van más los slips que los bóxer…
Completamente desconcertada por lo que está sucediendo, Kisa mira boquiabierta a Chaeyeon cuando esta se saca algo del bolsillo trasero. Ropa interior. La ropa interior de Hwanin .
—También he descubierto otra cosa… —dice, pero no oye el resto de la frase por culpa de la aspiradora.
Los slips. ¿Para qué demonios quieren…?
A su lado, Somi resopla y se lleva rápidamente una mano a la nariz y la boca.
Mientras se muerde el labio, nerviosa, Kisa se pregunta, cada vez más preocupada, de qué va el complot que se desarrolla ante sus narices.
Korain responde algo, pero, con el rugido de la aspiradora de fondo, no hay manera de descifrarlo.
Con el ceño fruncido, decidida, Kisa se endereza un poco y se agarra al frío metal de la barra del carrito.
—Tenemos que acercarnos más —le susurra a Somi.
Si Korain o Chaeyeon se fijan en que el carrito de la limpieza rueda hacia ellos poquito a poco, no se les nota. Cuando están lo bastante cerca como para entender sus siguientes palabras, las dos mujeres se agachan e intercambian miradas de satisfacción.
—… tiene lo que se merece —dice Korain en voz alta y severa—. Cuando le cuentes a quien manda que nos hemos encargado de él, nosotros también tendremos lo que nos merecemos .
Bueno. De repente a Kisa le sudan las manos con las que se agarra a la barra del carrito.
Le parece que se trata de algo excepcionalmente incriminatorio.
Su ansiedad aumenta, así que hace todo lo posible por envolverla bien, meterla en una cajita y guardarla en un rincón de su cerebro.
Al fin y al cabo, tiene que concentrarse en esto.
A no ser que se equivoque mucho con el contexto en el que tiene lugar la conversación, parece que Somi y Kisa han encontrado a los asesinos.
Aun así, aunque Somi, encantada, le da unos codazos cómplices, Kisa se obliga a pensar con tranquilidad. No ayuda perder toda racionalidad ante un par de pistas, por condenatorias que parezcan. Todavía tiene que meditarlo bien.
Mientras los observa, escribe una lista mental. Motivos: ambos estaban enfadados con Hwanin (o con alguien relacionado con Hwanin) por lo de la fiesta del invernadero. Pruebas: Chaeyeon ha expresado en voz alta su enfado con Hwanin y Seokga.
«El director ejecutivo se enterará de esto. Estoy muy cansada de trabajar aquí. Pero, por culpa de lo de esta noche, me descontarán todos mis puntos por buen comportamiento. Yeomra verá mi nombre en la lista de trabajadores del invernadero».
Se marchó a la vez que Hwanin. Ahora mismo está delante de la puerta del emperador, con sus calzoncillos en la mano. En su conversación han mencionado a «quien manda» (¿alguien les pidió que acabaran con Hwanin?) que podría ser Hwanung, si su teoría es correcta.
Sin embargo, algo sigue sin encajar .
—¿Has oído eso? —susurra Somi en voz tan baja que Kisa apenas la oye—. Que «tiene lo que se merece», que se han «encargado de él»…
«Espera», le dice Kisa en silencio, moviendo los labios, empeñada en escuchar más.
Si se apresuran ahora… Korain es un haetae con una fuerza increíble…
, seguramente capaz de arrancarle el corazón del pecho al emperador.
Somi y Kisa son inmunes a la muerte, pero hay otras consideraciones a tener en cuenta.
Korain podría huir. Y también Chaeyeon. Y hay algo en la camarera que le preocupa…
Aparte de que tenga la ropa interior de Hwanin en las manos.
Un instinto que le dice que no es el momento correcto para atacar.
El haetae se saca el móvil del bolsillo.
—Puedo llamar ahora mismo…
Chaeyeon se tensa y levanta una mano. De repente, su mirada su vuelve más aguda, como de pájaro, y recorre el pasillo.
Sus inquietantes ojos se posan en el carrito, y Kisa contiene el aliento mientras el corazón le martillea en el pecho.
Somi enseña los dientes en silencio, expectante, y saca las garras.
Las uñas destrozadas aparecen y la gumiho palidece, como si se le hubiera olvidado.
Por fin, la joven aparta la vista del carro.
—Ahora no —dice—. Vete a algún sitio más privado.
Echa los hombros atrás para volverse… y a Kisa se le revuelve el estómago al ver la tenue silueta de unas plumas en los brazos y el cuello de la chica, al aire bajo la camisa blanca.
Como si se los hubieran dibujado en la piel con un lápiz, pero se volvieran más oscuros y realistas por segundos.
Una alarma le retumba dentro y se pone a rebuscar como loca en sus recuerdos para confirmar que no se equivoca al suponer que Chaeyeon es una…
Los cuerpos de las criaturas, cuando están en alerta o en cualquier otra situación tensa, empiezan de manera inconsciente a transformarse en su poderosa forma animal.
Anatómicamente, es imposible saber dónde se guarda esa forma bestial cuando adoptan la humana, pero se suele suponer que el proceso de transformación es «de dentro a fuera» (Lee et al .
, 2004). Al ver a estos individuos transformarse, resulta fascinante fijarse en que las plumas parecen empujar la piel desde dentro para comenzar el proceso; poco después, el cuerpo de un pájaro gigantesco (o, en raras ocasiones, un yong) sustituye a la forma humana, salvo por el rostro, que permanece inalterado…
Un sudor nervioso le brota de la nuca cuando Chaeyeon vacila y examina el pasillo por última vez antes de volverse y seguir a Korain, y las plumas se difuminan de nuevo. Cuando desaparecen los dos, Kisa se vuelve hacia Somi, que tiene un aspecto sombrío muy poco propio de ella.
—Las plumas —dice Somi, y le parece ver una chispa de miedo en la mirada de la gumiho rebelde—. Esa chica es una inmyeonjo. Y yo jamás de los jamases he conocido a una inmyeonjo rebelde.
—No puede ser ella —dice Kisa, que contempla su flat white—. Las inmyeonjo son las mayores defensoras de la paz y la armonía…
Le da vueltas la cabeza.
Han intentado localizar de nuevo a Chaeyeon y Korain, sin éxito. Ahora esperan a que Hajun, Seokga y Hwanin se les unan en el bullicioso Creature Café, sentadas en una esquina, sin apenas oír la agradable música jazz y sin apenas saborear sus bebidas.
—Son ellos —dice Somi, que remueve su boba, pensativa. La pajita está manchada de pintalabios rojo—. No puedo explicarlo, tampoco, pero tienen que ser ellos…
Kisa niega con la cabeza. Hechos. Es lo que le da la vida, lo que la sustenta.
Vive y respira hechos, la lógica fría y sólida.
Se puede encontrar consuelo en la rigidez invariable de los hechos, y los hechos le dicen que las inmyeonjo sienten la misma inclinación por la rebeldía que los ratones por atacar a los gatos monteses.
—No creo que sean Chaeyeon y Korain —dice mientras saca su cuaderno, lo hojea hasta la página de sospechosos y mordisquea el bolígrafo—. No encaja .
—¿En qué otro contexto ubicarías la conversación?
—No sé en qué contexto ubicarla —responde, vacilante—. La ropa interior…
—No, eso ha sido raro , es verdad. —Somi suspira mientras mastica una perla. Deja que Kisa garabatee en silencio un rato antes de preguntar de golpe—: ¿Todavía… todavía te gustan las novelas románticas?
A Kisa le tiembla el boli ante un cambio de tema tan aleatorio y sorprendente. Lo deja en la mesa y parpadea.
—Sí, bueno, sí que me gustan —reconoce, despacio—. ¿A… Hani también?
Una asesina en serie no disfrutaría de algo tan maravilloso como una apasionada historia de amor, ¿verdad? Seguro que no.
¿No?
Frente a ella, Somi esboza una sonrisa un poco tímida (en curioso contraste con sus sonrisas habituales, tan desenvueltas) y mete la mano en su bolso vintage de YSL .
—Me he traído unas cuantas cosas conmigo —dice, y Kisa hace una mueca al recordar el infierno del día de transición—. Este libro es una de ellas.
De las profundidades de cuero saca un libro que está en las peores condiciones que un libro pueda estar.
Kisa, que procura por todos los medios no arrugar sus libros y siente palpitaciones cada vez que un lomo se agrieta por accidente, no logra reprimir un grito ahogado al ver que la novela está hecha un asco.
Páginas amarillas que parecen haberse sumergido en agua en algún momento, una cubierta que se cae a cachos y un claro olor a moho.
—Por todos los infiernos —dice entre dientes, ofendida hasta la médula, y lanza una mirada dolida y acusadora a Somi—. ¿Lo has hecho tú?
Somi parpadea y después sonríe, empujando el libro hacia ella.
—Lo he conservado lo mejor que he podido, en realidad. Esto es todo cosa tuya, unn…, digo, Kisa.
Es lo peor que nadie podría haberle dicho.
—Sacrilegio —dice con voz ronca, medio mareada, mientras alisa la tapa con delicadeza para ver mejor la ilustración y el título.
Secuestrada por el rey pirata escocés viajero del tiempo , dicen en inglés las letras brillantes de la cubierta, por encima de la imagen de los protagonistas abrazados.
Un hombre descamisado se encuentra en el puesto de vigía de un barco pirata, con una mano en el mástil de madera y el pelo y el kilt rojo chillón al viento.
Con el otro brazo rodea a una mujer rubia pechugona que parece haberse desmayado.