El dilema de mirar un cielo estrellado 8
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Me duelen los músculos del rostro de tanto repetir esa sonrisa algo gastada, que he usado tantas veces que ya parece un tic. En el set todos la compran. El técnico de luces, el sonidista, la chica que acomoda el vestuario. Yo saludo, asiento, hago bromas, mantengo conversaciones amenas.

Hellen sabe que estoy agotado. Llevo semanas grabando una nueva película. ¿Lo único que me motiva? Esta vez tengo el protagónico. Se trata de un thriller postapocalíptico, cuya trama ha sido adaptada al universo de The Walking Dead , titulado La penumbra . Un desafío nuevo y fascinante.

El peso de los trece años de carrera comienza a envolverme con un calor inesperado.

Cada recibimiento en los sets y saludo en los programas me llega con una calidez que antes solo podía imaginar.

Día tras día, el reconocimiento a nivel interno se siente más cercano, más humano y cuidadoso, como si estuviesen tratando con una superestrella.

Honestamente, creo que es algo exagerado.

—Josh necesita hablar contigo más tarde —me dice Hellen—. Es importante.

—Por favor, no le toque el cabello —alega la estilista.

Exhalo una pequeña carcajada, cuando veo la expresión indignada de Hellen.

—¿Mañana a mediodía? Podríamos almorzar. —Bato las pestañas para convencerla de aceptar—. Estoy cansado y terminamos muy tarde hoy. ¿Mañana temprano no tengo una sesión de fotos? Necesito descansar bien.

—Le avisaré. —Tras exhalar un suspiro, se aleja con el celular en la mano.

Al final de la jornada, me duele la espalda y me sorprendo por alcanzar este nivel de agotamiento. Este siempre es bien pagado al finalizar una toma por los aplausos y el «buen trabajo, equipo» que grita la directora. Supongo que continúo siendo fácil de recompensar.

He tratado de llevarlo de la mejor forma posible mientras actúo dos veces a la semana en La misma tormenta y analizo junto a Montalbán la posibilidad de realizar una gira nacional de teatros, como ya es costumbre para él en los últimos años.

No dejo de ir de un lado a otro, pero las posibilidades y los caminos que se abren desde que Sombras de neón ha tenido éxito en taquilla me mantienen enloquecido de la mejor manera posible.

Tras mi sesión de fotos para la revista Velour , Hellen y yo nos reunimos con Josh en la cafetería de la agencia. Mi representante está enfocado en su tablet con el ceño fruncido.

—Me esperaba algo más elegante —bromeo mientras me siento frente a él.

—Es una reunión de trabajo, Dedrick.

Le lanzo una ceja alzada a Hellen y, luego, solo espero a que comience.

Si ha cambiado de ánimo tan rápido y toca la pantalla de su tablet con tanta molestia, debe ser algo importante.

Clavo las uñas en las palmas de mis manos para ver si de esa forma no soy expulsado de mi cuerpo solo por anticipación las malas noticias.

—Montalbán te contactó por correo anoche para pedir una reunión. —Una pausa y una mirada de esas que se cargan de regaños—. ¿Qué acordamos sobre concretar ideas con él sin hablarlo conmigo antes?

—Lo siento —me apresuro a decir—. Fue espontáneo. Le dije que te hablara apenas pudiera para que no te llevaras la sorpresa e iba a decírtelo ahora.

—Primero llegamos a un acuerdo nosotros , luego tú se lo comunicas y al final viene su correo. No al revés, Dedrick.

—Mira, Josh —me inclino sobre la mesa—, esta es una oportunidad que jamás he tenido en mi vida. ¿No te parece buena?

Silencio. Me ignora y vuelve a enfocarse en su pantalla para maltratarla con sus dedos. Poco después, la gira hacia mí.

—Esto es un gráfico de las búsquedas de tu nombre, reproducciones de streaming de Ritmos de ruina y Luna de acero , antes del estreno de Sombras de neón . —Desliza la imagen, los gráficos cambian—. Esto es un gráfico de lo mismo, después del estreno de Sombras de neón .

Alza la mirada. Yo parpadeo. No tengo otra respuesta más que mover la mano para pedirle que continúe. Eso le arranca un jadeo exasperado.

—¿Qué significa, Josh? —imita mi voz. Hellen se ríe—.

Significa que Ded Rossel está en el punto más alto de su carrera.

—Desliza el dedo por la pantalla—. Las búsquedas de tu nombre se triplicaron desde que anunciaron La penumbra .

Tu popularidad está creciendo tanto que los correos de sponsors no paran de llegar.

Una pausa. Deja sus gafas sobre la mesa para presionar los dedos en el puente de la nariz.

—Quizá debí enseñarte esto antes, es mi culpa. —Me mira directo—. Pero ahora te lo pregunto en serio, como tu representante: ¿de verdad quieres ir a una gira con Montalbán justo ahora ?

Una noticia puede golpear de muchas maneras, pero nunca había sentido una disonancia como esta.

Tengo que llevarme los dedos a la sien, solo para asegurarme de que mi corazón no se ha desplazado hasta ahí, por la intensidad con la que late.

Es una noticia que me llena el pecho de una alegría que no sé sostener del todo, la clase de éxito que siempre esperé alcanzar.

Y, aun así, hay una parte de mí que duda.

—Si lo pones así… —digo—. Yo no tenía idea de esto… Estoy muy sorprendido.

—Sé que suena increíble, pero para mí es una confirmación.

Tenía claro que este día llegaría. —Toma la tablet y vuelve a buscar algo para enseñármelo—.

Esta es una lista de audiciones para las que quiero que te presentes.

No todas son para el protagónico, pero creo que estás listo para enfocarte al cien por ciento en tu trabajo en pantalla.

El teatro exige tiempo, lo sé. Demasiado.

Ensayos largos, funciones, una rutina que no convive fácilmente con una agenda que empuja de un set a otro cada día.

Si acepto todo lo que Josh me pone sobre la mesa, le sumo las promociones de La penumbra y la terapia dos veces por semana, no es difícil imaginar cómo terminaré: agotado antes de que acabe el año, desgastado entre viajes, compromisos y un ritmo que no da tregua.

Y duele. Duele porque el escenario sigue siendo el único lugar donde todo parece ordenarse, donde no tengo que forzar nada para sentir que pertenezco.

Duele porque la idea de recorrer teatros de la mano de la persona que más me ha enseñado, no es solo un proyecto, es una ilusión que llevo tiempo anhelando.

—Tu compromiso es con la agencia, Dedrick —dice Josh, supongo que ante mi inesperado y extenso silencio—. Espero que no se te olvide.

—No lo olvido —suspiro.

Me guardo el resto. Me trago ese lamento que insiste en salir, que quiere llorar por algo que, para él, podría parecer insignificante, pero para mí es una enorme parte de mi historia.

—Bien, ¿con qué comenzamos?

Desvío su atención para que nos enfoquemos en los anuncios. Josh y Hellen comparten una sonrisa enorme. Sus ojos brillan de ilusión mientras me comentan que comenzarán a reordenar mi agenda para cuando finalicen las funciones de La misma tormenta .

El teatro es una etapa que me gustaría que durase un poco más.

Montalbán no regresará a Saras en un tiempo y dudo que logre encontrar a un director igual de flexible con mi agenda como él.

Disfruto cada segundo de las últimas dos funciones estelares.

La caída del telón se siente melancólica y sin querer se me caen las lágrimas.

Es una despedida indefinida para la cual no estoy preparado.

Recibo un fuerte abrazo de Montalbán cuando me encuentra detrás de escena.

—Perdóname —murmuro.

—Tranquilo, Dedrick. —Me acaricia el brazo—. Lo entiendo y está bien, no voy a culparte. Deseo lo mejor para tu carrera, que sé que es lo más importante para ti. —Me da una palmada en el mismo brazo—. No perdamos el contacto por tanto tiempo, ¿bueno?

Es, al mismo tiempo, una especie de advertencia y promesa, la cual me mantiene en alerta durante varias semanas.

Siempre estoy a la espera de algo, de una nueva oferta, de una pequeña presentación, de un breve cameo.

Lo que sea que me lleve de nuevo a los escenarios y me desconecte de las entrevistas repetitivas que hablan sobre La penumbra , sobre mi relación con el reparto, sobre mi personaje.

O de las audiciones. O de las sesiones de fotos y entrevistas individuales.

Callan y Boomie me esperan en casa esta noche.

Mi mejor amiga está de vacaciones y tiene sus propios planes, así que solo pasa un par de días conmigo.

Nuestro tiempo juntos es corto, por eso ella lo cuida, prepara la cena y espera a que llegue, sin importar la hora, como si así pudiéramos estirar estos días un poco más antes de que se terminen.

En unos días va a tomar sus cosas y saldrá a cumplir uno de los sueños que lleva tiempo guardando: recorrer el país sola, perderse en lugares nuevos, moverse sin más compañía que la suya durante dos semanas.

Su forma tan clara de saber lo que quiere y simplemente ir hacia ello me deja dando vueltas cada noche.

—Tienes que cuidarte, por favor. —Apoyo la cabeza en su hombro—. Y quiero fotos todos los días, será la señal de que sigues viva.

—Subiré todo a Instagram.

—Pero yo no puedo usar Instagram —alego.

Mi equipo sigue prefiriendo que me mantenga al margen de las redes sociales, así que Hellen se hace cargo de ellas.

Incluso Renata lo ha considerado una buena idea.

Sé que no puedo esconderme de la crítica el resto de mi vida, pero si esto me da aunque sea una pizca de estabilidad, quiero aceptarlo.

—Y como tu mejor amigo, tengo que saberlo todo primero —aclaro.

—Está bien, está bien —dice entre risas.

Se acomoda en el sofá para que Boomie salte a sus brazos y me cuenta sus planes para el viaje. Verla hablar y reír a carcajadas es una imagen que quiero guardar para alimentarme de felicidad en los días que vienen.

Renata ha dicho que pedir apoyo a mis seres queridos no es cargarles una responsabilidad a menos que deje en sus manos las soluciones y me moleste porque no me las den, entonces, sentir culpa no es algo que sea justificable en mi caso.

De hecho, sentir culpa ya demuestra que no trato de dejarle mis problemas al resto.

Sin embargo, yo cuestiono qué sabe ella de lo que es cargar con la culpa de ser un desequilibrado, incapaz de resolver sus problemas.

Sobre mantener a todo el mundo en estado de alerta y con la falsa esperanza de que todo mejore y así vivir en paz.

Porque Seren me sonríe cada vez que nos topamos en los pasillos de la agencia, y aún me duele un poco que sea una estrella que se ha logrado empapar de brillo.

Mientras, yo sigo sintiéndome pequeño cuando nos encontramos en la misma sala de reuniones de Lunaris sobre todo en las noches, mi mente es tramposa y me acorrala con esas ideas que hieren tanto a los demás como a mí mismo.

Por supuesto que no se lo digo. Prefiero dejar que me queme en silencio.

En su lugar, le pido lo que suena más cuerdo: que se cuide, que coma bien, que aproveche el tiempo, que se desconecte del mundo entero.

Yo permanezco conectado, tomo una decisión que no me atrevía a mirar de frente.

Sé que Ritmos de ruina ya no es lo que fue alguna vez.

Sé que Seren y yo tampoco. Pero me niego a permitir que Julien desaparezca como si jamás hubiese significado algo para mí.

Si de verdad ha llegado el momento de terminar esta etapa, quiero estar ahí cuando ocurra.