El dilema de mirar un cielo estrellado 7 #2
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7 #2

Días más tarde, arrastro los pies por el empedrado viejo del cementerio de Puerto Dara con la convicción de que debo enfrentar lo que me duele, aunque eso sea incluso más doloroso que esconderlo.

Mis dedos están a punto de romper el tallo de cada flor en el ramo que he comprado.

Llevo años sin regresar a esta ciudad, sin respirar el aire marino cargado de recuerdos y caminatas con conversaciones que quedaron pendientes, sin leer la placa limpia que lleva su nombre ni deslizar los dedos por cada letra.

Hoy suma un año más la cuenta eterna de su ausencia.

Mi llanto se ahoga a pocos pasos de la tumba de Jillian, cuando distingo la figura de Ivanka, delgada e imponente, junto a la lápida.

Creía tener cierto dominio sobre mis emociones, pero verla aquí basta para que varios tallos cedan entre mis dedos mientras entierro las uñas en la palma de mi mano.

Su presencia enciende algo violento y breve dentro de mí, lo suficiente para recordarme que ella y yo cargamos una herida que lleva más de diez años abierta.

Mis pasos pierden firmeza en cuanto ella nota mi presencia. Son sus ojos enrojecidos los que me detienen. Ivanka apenas alcanza a limpiarse la nariz antes de cubrirse tras gafas oscuras.

—¿Qué haces aquí? —pregunto tajante—. Lo último que querría Jillian es verte.

—¿De verdad quieres discutir ahora ?

—Jillian sería la más feliz de escuchar. Te odiaba, tal como todas las personas que trabajan contigo.

Ivanka exhala un suspiro y alza las gafas hasta su cabeza.

—Dedrick, vengo todos los años. Creo que la sorpresa aquí eres tú.

Tengo que apretar los dientes para no estallar. En su lugar, el veneno brota de mi boca antes de que pueda detenerlo.

—¿Es tu forma de lidiar con la culpa? Durante años has hablado de la carrera de Jillian como si fuera un fracaso. Bastó un tropiezo para que la sacaras de tu camino. Te deshiciste de ella como si fuera desechable y jamás volvió a ser la misma.

—No sabes de lo que estás hablando.

—Sé perfectamente de lo que hablo. Fui yo quien la vio sufrir por tu culpa.

Hablar de Jillian siempre ha sido una forma de mantenerla suspendida en el tiempo.

La imagen perfecta de talento, intensidad y fragilidad que nadie supo sostener, interrumpida por una tragedia imposible de anticipar.

Y, aun así, borraron su recuerdo del camino con una frialdad que me resulta insoportable.

Ivanka escucha sin interrumpirme, hasta que me quedo sin aire y con las mejillas ardiendo.

—Siempre admiré a Jillian —dice.

Todo lo que acabo de decir se descoloca de golpe. Algo falla. Como un cortocircuito.

—Se peleó con su hermana, tomó a su sobrino y se fue a una ciudad que no conocía. Persiguió un sueño con la convicción que solo alguien seguro de su talento puede tener. Era una mujer poderosa, fue por eso que la elegí.

»Pero este trabajo exige disciplina. Necesita de una capacidad constante de cuidarte en un ambiente donde todo conspira para que te pierdas.

Tú lo sabes más que bien. Jillian nunca supo convivir con esas reglas.

Intenté devolverla a su camino más veces de las quiero admitir, me avergüenzo incluso de haberle rogado…

Y es que tenía un futuro brillante. Pero su destino fue producto de las decisiones que tomó; prefirió jactarse de libertad en lugar de aceptar su responsabilidad.

Eso no es culpa de nadie más que de ella, Dedrick.

Sus palabras suenan crueles, pero la honestidad rara vez es amable.

Por primera vez alguien habla de Jillian sin convertirla en una figura trágica ni en un símbolo de injusticia, y mi cabeza no hace más que revolcarse en sus ideas preconcebidas.

Que Ivanka declare que la vida de Jillian dependía de sus propias decisiones, no me produce alivio, solo ganas de gritar hasta desgarrarme la garganta.

Acabo de caer de bruces en una grieta dentro de la historia que he repetido durante años.

—Espero que dejes de vivir creyendo que el mundo le debe algo a Jillian, porque nunca ha sido así.

Se equivoca. El mundo siempre le deberá algo a Jillian.

A ella, en nombre de todos los que perdieron un sueño al ser tragados por la indiferencia y la locura; de quienes se volvieron estrellas fugaces.

El mundo le debe lo que todo artista anhela: memoria y respeto.

Sé que no fue precursora de nada ni la mejor en su oficio.

Apenas rozó el cielo en escenarios lejanos a cualquier forma de gloria.

Aun así, el destino al que fue empujada por sus propios tropiezos no le da a nadie el derecho de borrar su historia y fingir que nunca existió.

Cuando Ivanka se va, caigo de rodillas sobre la lápida y lloro con una rabia desordenada.

Lloro por el tiempo que he pasado convenciéndome de que deseaba lo mismo que ella, y porque sé que Ivanka tiene razón.

Jillian fue una víctima de las circunstancias, pero también una consecuencia de sus decisiones.

La he convertido en el centro de un relato en el que honrarla implica mantener intacta la culpa, como si dejar de castigarme fuera una forma de traicionarla.

No sé cuánto tiempo pasa antes de que me dé cuenta de que mi respiración se ha vuelto más ligera.

Reconcilio la versión brillante de su historia con su final, aunque algo dentro de mí aún se resiste a aceptar que ambas cosas puedan coexistir, y eso no hará que deje de amarla.

Si el éxito fuera suficiente para darle sentido a una vida, la historia de los artistas sería solo señalar un punto en la oscuridad y caminar hacia él, convencidos de que todo lo demás dejará de importar al alcanzarlo.