El dilema de mirar un cielo estrellado 5
86%

5

Romy abandona el set apenas los aplausos que anuncian el fin de las grabaciones de Sombras de neón hacen eco. Cuando la pierdo de vista, presiono las uñas en mis palmas. Entonces una mano toma mi muñeca; Hellen tiene sus ojos puestos en mí, con su silencio me pregunta hacia dónde voy.

—Tengo que hablar con ella.

—Lo sé, pero ¿no crees que sea mejor hacerlo en otro momento?

Ha sido difícil lidiar con la culpa, sobre todo porque las grabaciones se volvieron cada día más incómodas. He estado más torpe, errático, y me ha costado controlar la forma en que me dejo arrastrar por el personaje.

La historia de Damián y Lía no tiene un final feliz, eso lo he sabido desde el principio. Pero eso no significa que nosotros tuviéramos que arrastrar la misma tensión fuera de escena. No tenía por qué convertirme en alguien que cruzara esa línea.

No he logrado volver del todo a mí mismo. Llevo semanas observándome desde un rincón, atrapado en una versión de mí que reacciona antes de pensar, que habla con dureza todo el tiempo. Y lo peor no es solo no reconocerme, sino empezar a sospechar que, en algún punto, dejé de intentar volver.

Tengo una cena importante con Montalbán para revisar mi papel en la última obra que presentará en Saras antes de marcharse, lo que es una excusa conveniente para evitar la celebración en el Perihelio. Con lo mal que me he sentido, prefiero limitarme a lo inevitable, como la fiesta de la premiere.

Esta vez, tanto Josh como Hellen me acompañan.

Sé que Montalbán estará algo tenso. La forma en que él y Josh me ven sobre el escenario parece dividirse entre el arte y la proyección de mi carrera.

Josh debe plantear sus inquietudes directamente, sobre todo ahora que se acerca la etapa más intensa de promociones de Sombras de neón.

Hay que ordenar mi tiempo si no queremos que todo colapse.

Mientras esperamos nuestra comida, Montalbán nos presenta un drama contemporáneo titulado La misma tormenta.

En este interpretaría a Víctor, un profesor rural que se reencuentra con su hermano menor tras la muerte de su padre.

No es un musical, pero tiene un componente dramático que Montalbán dice que solo yo puedo interpretar, palabras que me hacen erguir la espalda y sonreír.

—Tres disparos y un bis, fue el musical más concurrido de los tres que dirigí durante esta temporada —añade—, lo que solo nos indica que Dedrick es una fuente de éxito, que las personas siguen amando su faceta teatral. Me parece buena oportunidad para su carrera. Es un talento que debe explotarse.

—Estoy de acuerdo —dice Josh—. Y agradezco que se lo considere como un artista de su nivel. Entonces, Ded…

—Por supuesto que sí. —Me inclino sobre la mesa—. Me siento muy honrado.

—El honor es mío.

Un honor que me mantiene de buen humor por varios días.

Cada vez que recuerdo las palabras de Montalbán, no puedo evitar sonreír como un idiota.

Tal vez es una ilusión desmedida, incluso un poco ridícula, pero después de tanto tiempo, volver a experimentar la certeza de servir para lo que amo remueve algo profundo en mí.

Josh se reúne con Montalbán a solas para organizar mi agenda y alinear el proyecto con las promociones de Sombras de neón. Mientras, yo me tomo un tiempo libre para esconderme en las escaleras de emergencia junto a Seren.

Lleva semanas ocupado en su nueva serie, así que vernos un rato en el trabajo ha sido difícil. Anoche nos quedamos hablando hasta tarde, pero necesitaba estar cerca de él, aunque fuese un momento.

—¿Quién será tu hermano? —pregunta. Mantiene sus manos en mi cabello en lo que yo descanso mi cabeza en sus piernas, aunque ahora se queja de no poder trenzarlo como antes.

—Adrián Valcázar.

—No sé quién es.

—Tampoco yo —río—. Pero Montalbán dice que está a mi altura, así que me fío de él. Mañana lo conoceré.

—¿No tienes una entrevista mañana? —Suena preocupado—. ¿Estás comiendo bien? Anoche apenas cenaste.

—Estoy bien, no te preocupes. —Me siento y apoyo la cabeza en su hombro—. Me asusta más la entrevista. No veo a Romy desde que terminamos de grabar.

—Quizá le sirvió para pensar y puedan hablar ahora.

—Eso espero, no quiero que nos vean raros.

La premiere de Sombras de neón es dentro de dos meses; el estreno, al día siguiente. Debemos estar alineados para que nuestro paso por la alfombra roja sea convincente. Debemos brillar con la misma complicidad que se mostrará en la pantalla. Debemos sacar clips memorables una entrevista tras otra.

Tras el lanzamiento del tráiler, las nuevas campañas invaden marquesinas y pantallas.

Las plataformas han comenzado a resucitar mis películas antiguas, aquellas en las que dejé jirones de mí mismo y que apenas tuvieron eco en su momento.

En algunas ni siquiera salgo más de dos minutos.

Es como si el público me hubiera encontrado por primera vez.

@cinephilia_23: @dedrossel nunca me había fijado en ti, pero qué barbaridad, qué talento.

@filmlover88: ¿Cómo dejamos pasar a este hombre?

@nostalgicmoviegoer: Me siento culpable de no haber visto sus películas antes, ahora me arrepiento.

@dedrossel_fam: Por fin le darán a nuestro @dedrossel el reconocimiento que se merece.

Hay algo casi confesional en esos mensajes.

Gente que se redescubre a sí misma mientras me descubre a mí.

Yo los leo todos, incapaz de frenar el temor de que esa conexión con el público se me escape de las manos.

Me prometo que apagaré el teléfono, que dejaré de deslizar el dedo sobre la pantalla, pero cada notificación es un latido nuevo.

Una parte de mí se alimenta de esto, la otra se ahoga.

Romy se ha cortado el cabello. Es lo primero que noto cuando la veo pasar por mi lado el estudio de Lunaris & Co., donde haremos nuestra primera entrevista. Apenas pronuncia un «hola» al pasar, así que espero unos segundos antes de seguirla a la sala de maquillaje.

—Te dije que tenía que hablar con ella antes —alego.

Hellen detiene sus pasos y suspira pesado.

—Si quieres, le pido unos minutos.

—No, déjame, yo lo hago.

—Dedrick.

Dentro de la sala de maquillaje, le pido al personal que nos dejen solos unos minutos. Incluso Romy se niega al inicio, pero al final jadea resignada.

—Lo siento —digo—. Pero no me dejas opción.

—Ded, no tenemos nada de qué hablar.

—A mí me parece que sí. —Me siento a su lado, pero a un asiento de distancia. Tiene los hombros demasiado tensos—. Mira, Romy, sé que hice cosas mal durante la grabación, que me comporté… raro.

—Horrible.

—Horrible —acepto—. No tengo justificación. Estuve demasiado metido en mi papel y se me iba de las manos en ocasiones, pero nunca quise lastimarte.

Estoy seguro de que no volví a hacerle daño después de la primera vez, al menos no de esa manera tan brusca, y evité el contacto físico todo lo que pude al final de cada toma para no incomodarla.

Sé que fui agresivo y respondí mal en más de una ocasión, que Lía me pasaba la cuenta y era demasiado para tolerar.

Romy desvía la mirada y se cruza de brazos. No sé de qué otra forma disculparme. Sé que no podré cambiar su mala experiencia, solo quiero…

—Bien. —Alza una mano frente a mi rostro—. Acepto tus disculpas. Entiendo que eres consciente de todo lo que hiciste mal, y lo valoro. —Vuelve a acercarme su mano cuando intento abrir la boca—. Pero eso no significa que seremos amigos a partir de ahora.

—No es necesario.

—Colegas, entonces.

—Colegas. —Asiento.

Junto a los aplausos de la audiencia en el set de la entrevista, sonrío como un niño al que por fin le reconocen el dibujo mal hecho que colgó en la nevera.

Solo que ninguno sabe que este dibujo es mi vida entera, mi carrera, mis obsesiones.

La presentadora nos llena de elogios. Y yo recuerdo las noches en vela, el dolor de corregir una y otra vez un gesto mínimo frente al espejo, las peleas internas con directores que no entendían mi necesidad de precisión y mi disociación constante. Mis caídas. Mi llanto en soledad.

La presión en el vientre que me grita que las cosas pudieron ser mejor se mantiene. Pero al menos me alivia el hecho de que la entrevista se sienta más natural y que Romy se despida de mí con un «nos vemos mañana» y una sonrisa.