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Dedrick se queda en el vehículo de Hellen. Ded Rossel camina hacia la entrada del Canal IV. El set de la entrevista luce impecable. Los maquilladores hacen su trabajo, al igual que el equipo de vestuario. Él bebe tres vasos de té en menos de una hora. Todo mientras espera que Romy Laurent aparezca.
Tengo la costumbre de llegar demasiado temprano a todas partes, por eso me parece una falta de consideración que ella llegue tarde.
Y, sin embargo, no digo nada. Así que me aferro a lo que puedo controlar, repaso mis líneas y ordeno mi respiración.
Cualquier cosa con tal de no pensar en lo fácil que sería que esto terminase en una discusión.
En el set Romy me toca el hombro con cautela y me regala una sonrisa, como si quisiera darme ánimos. No hay una disculpa, pero al menos siempre está de ánimo para trabajar.
El proceso de grabación es algo que conozco.
El entrevistador es tan amable como todos los que he conocido.
Sus pullas usuales, sus preguntas un poco irrespetuosas disfrazadas de curiosidad, su forma de mirar y buscar señales en nuestro lenguaje no verbal para destacarlo en la edición, sonsacar cosas que delaten algún tipo de relación ajena a lo profesional entre Romy y yo.
Tal vez no es el retraso de Romy lo que mantiene mis alertas encendidas desde la madrugada.
En realidad, tiene que ver con lo que nos toca grabar después de la entrevista.
Es una de las primeras discusiones entre Lía y Damián.
Sus enfrentamientos no son simples roces, escalan rápido, se vuelven brutales.
Damián carga con una agresividad que me ha costado encarnar.
—Necesito estar solo un momento, por favor —pido.
Hellen luce indecisa ante mi petición, pero abandona la sala tras decirme que tengo diez minutos.
Con el guion en la mano, me levanto y empiezo a caminar por la sala. Respiro hondo, repaso mis líneas e intento disciplinar mi mente, obligarme a ver el rostro de Romy, a sostener la escena sin que nada más se filtre.
“Sombras de neón”
ESCENA 12 — INTERIOR. APARTAMENTO DE DAMIÁN — NOCHE
La puerta se cierra con un golpe que resuena en la habitación. Lo que hace segundos era cercanía ahora es tensión.
LÍA
¿Te crees con derecho a decidir por mí?
LÍA se aparta primero. Da un paso atrás. No aparta sus ojos de DAMIÁN . Él la observa con la mandíbula apretada y los hombros rígidos.
DAMIÁN
¿Y tú? ¿Crees que puedes hacer lo que quieras sin consecuencias?
LÍA
No me hables como si fueras mi dueño.
LÍA se gira, dispuesta a salir del apartamento, pero apenas da un paso, DAMIÁN la sujeta del brazo. LÍA se detiene, intenta soltarse con un tirón. DAMIÁN tira de ella con fuerza. Sus respiraciones chocan.
DAMIÁN
Entonces deja de actuar como si necesitaras que alguien te controlase.
LÍA
¡Suéltame!
Ella lo mira. No hay rastro de sumisión, solo resistencia. Él la sostiene ahora con ambas manos, una en cada brazo. No la suelta.
Tengo los labios inflamados, el corazón en la garganta y la mente completamente nublada.
Bato las pestañas para enfocarme en la escena; sin embargo, veo el rostro empapado de Jillian donde debería estar el de Romy.
Agobiado, presiono mis dedos en sus muñecas con más fuerza de la que debería.
Es una instancia que dura poco, porque supongo que las cámaras, Calvert y Mirna, la coordinadora de escena, esperan el momento para realizar un corte limpio en edición.
—Ded —murmura—, me estás lastimando.
— ¡ Corten ! —grita Calvert—. ¡ Ahora !
No es hasta que Romy repite sus palabras con más fuerza, que doy unos pasos hacia atrás. Murmuro un centenar de disculpas, mientras que Romy me observa con el ceño fruncido y se frota las muñecas.
—Romy…, perdona, yo…
Extiendo mi mano hacia ella, pero me impide tocarla. Sale del set junto a Mirna.
—Nos tomaremos un descanso —dice Calvert. Y se me acerca de inmediato—. ¿Qué ocurre, Rossel?
—No quise hacerle daño, de verdad. —Con la mano temblorosa me acomodo el cabello hacia atrás.
—Te creo —asegura—. Pero te pasa algo. ¿Necesitas apoyo? Creí que Mirna te había explicado bien cómo hacer esto sin lastimar a tu compañera.
—Lo sé, lo entiendo… Sé hacerlo. Solo estoy un poco desconcentrado.
Ya no recuerdo la última ocasión en que me sentí tan avergonzado, me tiemblan hasta los muslos al disculparme. El nudo en mi garganta apenas me permite explicarle a Romy que todo ha sido sin querer, que estoy estresado, que quizá por ello he actuado de esa manera.
—Está bien, Ded. —Su sonrisa es tan forzada que tengo la sensación de que le duelen las mejillas—. Ya pasó.
—No volverá a suceder —prometo.
Es una promesa que no logro cumplir. Las escenas en las tomas siguientes funcionan mejor, sí, pero su efecto en mí no desaparece.
Cada vez me cuesta más volver a pisar la tierra, porque Jillian aparece sin que la llame.
Está ahí cada vez que Lía se quiebra, cada vez que Damián pierde la paciencia y alza la voz para decirle que está equivocándose.
La rebeldía de Lía empieza a irritarme. Reacciono antes de pensar, siento la frustración de Damián como si fuese mía.
Me cuesta no perderme en su agresividad y, por momentos, deja de parecer actuación.
Cada vez que levanto la voz, hay un instante en el que sé que algo cambia.
Aunque se mantenga firme dentro de Lía, aunque no rompa nunca el personaje, algo en Romy se repliega.
La confianza luminosa que la caracteriza desde el primer día se ha ido apagando de a poco.
Sin embargo, pese al ruido constante que llevo por dentro, Calvert me felicita cada vez que terminamos de filmar.
—Lo estás haciendo increíble, Dedrick —me dice Hellen—. Damián ha sido tu mejor personaje hasta ahora. Doy fe de eso.
Mi interpretación es increíble, pero cada segundo en el set se siente miserable.
Intento hablar con Romy de cualquier cosa que no tenga que ver con la película, pero ella responde con monosílabos y se mantiene a distancia.
Lo único que crece con cada jornada es esta sensación insoportable de rechazo hacia mí mismo, como si cada escena me empujara un poco más lejos de quien creo ser.
—Dedrick. —Montalbán chasquea sus dedos frente a mi rostro—. ¿Estás aquí con nosotros?
Mis compañeros del elenco ríen al unísono mientras se estiran antes del ensayo. Hoy Tres disparos y un bis tiene dos funciones estelares, y son las últimas.
—Sí, perdona. —Me despeino el cabello y camino al centro del escenario para estirar mis brazos. Montalbán me sigue los pasos—. Estoy un poco cansado.
—Sal a despejarte —ordena—. Come algo, respira aire puro y regresa en media hora. Podemos comenzar sin ti.
—No, tranquilo. Puedo hacerlo.
—Ve. Te necesito bien para la función, Dedrick.
Hellen me acompaña a dar un paseo corto por los alrededores del teatro. Nos detenemos por un té helado, y espero a que el frío me despeje la cabeza antes de que termine enloqueciendo.
—Yo no noto que Romy tenga algún problema contigo —dice Hellen—. Creo que estás comenzando a imaginar cosas.
—Me mira raro.
—Hablé con Iliana y me ha dicho que todo está bien.
Iliana es su representante. Asumo que no pretende dejar mal a Romy o crear una disputa entre nosotros al decirle a Hellen o Josh que su estrella tiene problemas conmigo.
Pero yo sé lo que veo, lo que siento en su actitud cuando estamos juntos, cuando tenemos que besarnos o abrazarnos en el set.
La tensión es evidente en ella, por muy bien que interprete su papel.
Si tan solo me diera la oportunidad, enmendaría cualquier daño que esté provocándole.
Al regresar al teatro, mi cabeza continúa dando vueltas a lo mismo y solo se amortigua cuando la función de las ocho comienza a llenarse. Es la única forma en que me vuelvo a centrar en lo importante dentro de este lugar. Y es una función exitosa como todas las que hemos hecho hasta ahora.
Seren asiste a la función de las nueve y media. Lo encuentro en primera fila, esta vez con un ramo de rosas rojas entre sus brazos. Me sonríe cada vez que nuestras miradas se encuentran y es un pequeño impulso para entregarme al escenario hasta que mis pies arden.
Entre abrazos, lágrimas y agradecimientos, el elenco se despide. Han sido las mejores semanas de mi vida desde hace mucho tiempo, me entristece tener que despedirme del escenario.
—Dedrick, iremos a celebrar a Neo 15 —me dice una de mis compañeras—. ¿Vienes con nosotros?
—Paso por esta vez. —Intento expresar mis disculpas con una pequeña mueca—. Que se diviertan.
Dentro de mi apartamento, las cosas se sienten distintas. Acabo de perder algo, pero al mismo tiempo lo he ganado todo. Seren me comenta sobre sus partes favoritas del musical y lo mucho que le ha gustado esta última función, incluso más que la primera.
Él ha comenzado revisiones de guion para la nueva serie original de Lunaris & Co.
junto a AquilaTV. Su primer protagónico de muchos más, asumo.
Incluso ha tenido que regresar su cabello a su castaño natural.
Tras la pausa que han dado a la producción de la temporada tres de Ritmos de ruina , era evidente que algo se traían entre manos.
Seren lo merece, por eso, prefiero ignorar el vuelco de mi estómago para centrarme en felicitarlo.
—¿Cómo va todo con la película? —pregunta.
No me atrevo a decirle que el recuerdo de Jillian me pisa los talones con más fuerza que nunca. Pero le cuento lo suficiente para que entienda por qué no logro quitarme esta inquietud con Romy.
Nos queda un camino largo de promociones una vez que terminen las grabaciones, y si la película recibe la atención que se espera, ese tiempo podría alargarse mucho más de lo previsto.
La idea de sostener esta tensión, de tener que compartir espacios, entrevistas y silencios con alguien que empieza a evitarme, me desgasta.
—No sabía cómo decírtelo. Sé que no tengo justificación, pero me da miedo que pienses mal de mí.
—Bueno… Sí es raro escuchar que hiciste algo como eso, pero te creo cuando dices que no fue a propósito, ¿está bien? Fue un error.
—Lo fue —le aseguro—. Trato de tener cuidado con ella todo el tiempo.
Y me cuesta más de lo que quiero admitir. Pero antes de abrir la boca, exhalo un suspiro y me aferro a su cuerpo. Quiero olvidarme de eso por un momento, de todo.
No hay monstruo más hambriento que una verdad a medias.