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ADAM
Las butacas del Teatro Central están repletas.
Cuando me aferro a la mano de mis coestrellas e inclinamos el cuerpo para recibir los aplausos, todas las partes de mi alma regresan a mi cuerpo.
Las primeras presentaciones siempre son las más difíciles, pero para cuando el telón baja, me encuentro con los pies en la tierra sin apenas percatarme de que antes flotaba.
El elenco celebra entre abrazos y chillidos. Antes hemos estado todos tan nerviosos que parece imposible que hayamos acabado y que todo haya salido bien.
— ¡ Gran trabajo, Rossel !
Montalbán me extiende su mano y me atrae hacia él para abrazarme y darme palmadas en la espalda.
Lo acepto, porque no esperaba obtener este recibimiento del público ni este entusiasmo de su parte.
Él siempre se ha caracterizado por la seriedad y el profesionalismo.
Supongo que es la ilusión de una primera función.
Han sido semanas de trabajo incansable, anteriores al inicio de las grabaciones de Sombras de neón . Pese a la molestia de Josh, por pasármela dentro del teatro demasiadas horas al día, ha valido la pena cada segundo invertido.
—Has regresado a los escenarios en gloria y majestad —dice Montalbán.
Hellen y Josh se apresuran a entregarme ramos de rosas como si se estuviesen peleando por mi atención.
Pero los ojos de Seren Montiel son lo primero que se roba mi atención.
Estuvo en primera fila durante toda la función, pero había desaparecido y pensaba llamarlo para poder encontrarlo.
Entre sus brazos lleva un ramo de tulipanes amarillos; en su rostro, una pequeña sonrisa.
—Felicidades, Dedrick Rossel, por tu regreso al teatro.
—Gracias. —Me arden las mejillas al intentar sostener los tres ramos. Aunque supongo que es más por el hecho de que Hellen y Josh están a unos pasos de nosotros y debo tener la cara de ilusión más grande que existe—. Gracias por venir. ¿Disfrutaste la función?
—Estuvo increíble. Tú estuviste increíble. ¿Verdad que sí? —Le pregunta a mis compañeros de equipo.
Los miro con una ceja alzada. Espero que entiendan la señal de que deberían marcharse, porque es evidente que regresaré a casa con Seren hoy.
—Los llevo —dice Hellen.
—Podemos irnos en taxi —contesta Seren—. Iremos a cenar. No se preocupen. Llegará a salvo.
—Mañana a la misma hora, Dedrick —me recuerda Josh—. Buenas noches. Y felicitaciones de nuevo.
Me da una palmada en el hombro al pasar por mi lado. Hellen me regala una sonrisa y un guiño. Apenas los pierdo de vista, Seren pega sus labios a los míos. Me alejo por inercia, casi tropezando hacia atrás, y observo nuestro alrededor para asegurarme de que nadie nos ha visto.
—Oye…
—¿Nos vamos?
Seren me lleva a un restaurante enclavado en las alturas de Saras, donde la ciudad se despliega como una maqueta iluminada. En la cima del edificio, la terraza se abre al cielo con barandales de vidrio y cada edificio es una estrella borrosa, cada auto un cometa, cada ventana un recuerdo iluminado.
—Demasiado elegante para lo que tengo puesto —digo.
Las luces son tenues, doradas, suspendidas desde esferas brillantes a distintas alturas. Las mesas están vestidas de blanco. Hay un murmullo elegante en el aire y una música de cuerdas que camufla el ruido de la ciudad.
Seren pide su plato favorito de spaghetti, y como ama el vino tinto con las comidas, se sirve una copa. El aroma amargo de la bebida me recuerda que es mejor mantenerme al margen de ella.
—Estás callado —dice Seren.
—Te gusta comer en silencio.
—Pero es una cena especial. —Se frota la nuca—. Yo…, en realidad, tengo mucho que decir, pero no sé cómo empezar, por eso estoy callado.
Mantengo mi expresión calmada, una forma de darle espacio para que continúe. Él toma un profundo respiro.
—Dedrick, te felicito otra vez…, de verdad —sonríe con los pómulos alzados—.
Te he visto actuar muchas veces, pero jamás había visto algo así.
No sé cómo decirlo… —Se ríe con las manos algo temblorosas—.
Eres increíble. Y, de algún modo, en el teatro eres distinto.
Siempre te he admirado, porque amas lo que haces… pero hoy vi algo nuevo.
—¿Eso es bueno o malo? —me burlo. Su vergüenza me provoca ternura.
—Bueno. Muy, muy bueno. Si alguna vez me aferré a lo que pensaba de ti para avanzar en mi carrera, hoy solo aspiro a tener tu talento.
Eres único, Dedrick. Antes de conocerte, actuar no me entusiasmaba tanto.
Después me empezó a gustar, porque era entretenido grabar contigo.
Hoy… solo puedo decir que tu pasión me inspira.
Debo parpadear rápido para que ninguna lágrima se escape.
No esperaba algo así, aunque no es la primera vez que se dirige a mí con tanta admiración.
Hay algo en su mirada que me sacude con una calidez inesperada.
Es una satisfacción que no sabía que podía sentir, como si acabase de ganar una batalla cuya existencia ignoraba hasta este momento.
—¿Está bien si hoy digo que te amo? —pregunta. Toma mi mano y aprieta mis dedos con suavidad.
Lo que sigue es un intercambio silencioso de miradas. La ciudad se extiende detrás de nosotros, sus luces parpadean como si también compartieran nuestro silencio.
—Me amas —susurro, intentando convencerme de que oí bien. Necesito que lo repita, así que lo cuestiono—: ¿Me amas?
—Como artista, como persona…, como tú. Hoy entendí que amo cada parte de ti.
Seren me deslumbra con su sonrisa cuando pronuncio unas pocas palabras que, quizá, son justo lo que necesita oír.
Debo ser honesto, me cuesta admitir en voz alta que lo amo, pues me invade ese calor incómodo que surge cada vez que pienso en que aún hay momentos en que me siento inseguro frente a él.
Pero no puedo negar la paz que me da su cercanía.
Me he enamorado de alguien que, desde el principio, nunca ha querido hacerme daño.
—Te besaría si pudiera —dice.
—De alguna forma, ya lo hiciste.
La noche no promete nada más que tranquilidad, y es lo que me gusta.
Nada duele ni sobra. Es tan nuestra y sencilla que, por primera vez en mucho tiempo, no siento que estoy huyendo de mi vida.
Camino al lado de Seren Montiel con tres ramos de flores entre mis brazos, los que me niego a soltar.
La velada acaba entre mis sábanas, donde nos aferramos el uno al otro, con la necesidad de que esta noche sea un poco más eterna que otras.
Al día siguiente me espera una reunión importante.
No soy un novato en esto, eso lo sé, pero aun así los nervios me recorren el cuerpo ante la idea de conocer a Romy Laurent.
Camino por el estudio como un náufrago entre paredes desconocidas, con la sensación de que algo me persigue, aunque sé que no hay fantasmas.
Lunaris & Co. me parece más angosta, sofocante y al mismo tiempo interminable. Es curioso cómo un corredor puede transformarse según lo que uno arrastra por dentro.
Me siento en una especie de déjà vú al encontrarme con una estrella en ascenso.
Y me duele volver a vivir este sentimiento, cuando creí que comenzaba a superarlo.
Me pregunto si siempre viviré en este agujero constante en el que me hundo cada vez que recibo algo y no es justo cómo lo quiero.
Sé que Romy Laurent no tiene la culpa, pero vuelvo a refugiarme en mi reticencia.
Horas más tarde, Josh me espera en su oficina. Él siempre anuncia las grandes noticias con el rigor y entusiasmo que lo define. Apenas cruzo el umbral, sus ojos buscan los míos, por lo que me quito las gafas.
—Perdón por la hora —digo—. Me quedé dormido.
—No pasa nada. Siéntate. ¿Quieres un té?
Se ve que está demasiado animado hoy. Supongo que no es para menos.
Dos campañas publicitarias con proyección internacional.
Una sesión de fotos junto a Romy Laurent para la portada de Variety .
Incluso menciona un evento benéfico, donde tendré la oportunidad de codearme con otros artistas destacados.
Quieren que toque el piano en una ceremonia hecha para publicitar millonarios.
Es la primera vez que estoy sobrecargado de trabajo.
Josh cierra el dosier con un guiño.
—Prepárate para una temporada intensa pero increíble.
Las palabras de mi orgulloso representante flotan a mi alrededor, pero apenas las registro. Mi mente no está aquí. Ded Rossel está en una sala de juntas con Romy Laurent e intenta acomodar sus pensamientos para que cada palabra que cruce con ella sea adecuada y no demuestre su miedo.
—El ensayo es esta tarde —me dice Hellen—. Espero que estés listo.
—Por supuesto que está listo —alega Josh. Es imposible eliminar la sonrisa de su rostro—. Es Ded Rossel.
—Es un ensayo importante. Estará la coordinadora de intimidad.
—¿Ensayaremos eso hoy? —Puede que haya dejado escapar más desgano del que pretendía.
—Será importante que puedas conversar con ella sobre lo que deben hacer para que no se sientan incómodos. El director está listo para escuchar sugerencias. Te prometo que intentaremos que esta sea una buena experiencia para ambos. Romy está muy emocionada por conocerte.
Pido el resto de la mañana para practicar mis líneas en la comodidad del Estudio B, el único lugar donde estar en soledad es algo asegurado. No puedo más con lo sofocante que es la oficina de Josh. Ambos aceptan.
Me encierro en esas cuatro paredes, pongo el seguro a la puerta y me lanzo al suelo para tomar respiros profundos.
No puedo llorar, tengo que verme presentable para conocer a Romy Laurent, así que tengo los ojos cerrados hasta que el corazón me deja de latir en las sienes.
Me odio por esto. Obtengo lo que más he anhelado en todos estos años que he vivido en la sombra y no soy capaz de disfrutar siquiera un segundo de ello.
La trama de la película continúa siendo una trampa para mis recuerdos.
Después del almuerzo, me encuentro en el mismo sofá individual de hace tres años, listo para recibir a la nueva estrella de Lunaris & Co. Hellen en la misma ventana, a la espera de su llegada.
Romy Laurent entra con el mentón en alto.
No me mira ni saluda hasta que ya está sentada en el sofá y, recién entonces, sus ojos se detienen en mí.
Se acomoda detrás de la oreja un mechón de rizos, que vuelve a caer en el mismo lugar, y, sin apuro, extiende su mano morena de uñas blancas impecables.
—Mucho gusto, Ded Rossel. Mi nombre es Romy Laurent. No tienes idea de lo mucho que ansiaba conocerte.
La forma en que su sonrisa se amplía me provoca una sensación de calma inesperada. Su voz es profunda, pero tiene un matiz tan animado que termino sonriendo de vuelta. Suelto el aire que no sabía que estaba reteniendo y dejo caer los hombros justo al estrechar su mano.