El dilema de mirar un cielo estrellado 2 #2
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Camina delante de mí con los brazos abiertos. Nunca le ha importado llevarse miradas extrañadas por su particular comportamiento, así que ignora los alegatos de las personas que casi golpea cuando da vueltas con los brazos abiertos.

— ¡ El viejo Eloy va a gritar de felicidad ! —Me toma de las manos sin dejar de caminar de espaldas—. Y tu amargada madre se morirá de asombro. ¡ Lo logramos, Dedrick !

En los días siguientes recibimos un correo de la agencia.

Dentro está el contrato de representación y un plan de formación.

Leemos, enviamos nuestros datos completos y coordinamos una reunión para firmar e inscribirnos de manera oficial.

Una semana después recibo mi calendario de entrenamiento.

Clases de actuación frente a cámara, improvisación, trabajo vocal, movimiento corporal y análisis de guion.

Todo organizado en bloques a lo largo de la semana.

Cuatro días completos dedicados a aprender a mejorar la calidad de mi actuación.

Me asignan un coach para supervisar mi progreso, alguien que revisará mis avances, me dará indicaciones y decidirá cuándo estaré listo para aceptar papeles.

La ilusión es tan intensa que el vértigo es inevitable. Josh y yo compartimos una forma de mirar el futuro que se sostiene en el esfuerzo, en aceptar las derrotas y en afinar cada detalle hasta que no quede nada al azar. Y con la llegada de Hellen Tozzi, nuestra base se vuelve todavía más firme.

La agencia tiene acuerdos con apartamentos cerca de la zona donde están los estudios. No es nada glamoroso. Habitaciones compactas, cocinas compartidas, pasillos donde siempre hay alguien entrando o saliendo con libretos bajo el brazo. Jillian y yo nos instalamos juntos en uno.

Mi primer año en Lunaris & Co. culmina con audiciones pequeñas.

Papeles de extra en series o películas, apariciones donde apenas hay que caminar detrás de los personajes principales, y proyectos estudiantiles en los que todos estamos aprendiendo.

No dejo el teatro. De hecho, me aferro a él con más fuerza.

Participo en montajes pequeños, obras independientes.

Cada vez que me pregunto si todo ese trabajo minúsculo cuenta como avanzar, Hellen y Josh me ayudan a entender que cada set me enseña algo diferente: cómo funcionan las cámaras, cuánto tiempo puede pasar entre una toma y otra, cómo mantener la concentración aunque todo alrededor sea ruido, cables y gente que corre de un lado a otro.

Sobre todo, aprendo a esperar. Mi representante me enseña todas las claves para evitar los nervios, para sostener la actuación y mi imagen pública, para no dejarme caer cada vez que una audición no resulta como deseamos. Su mano siempre está en mi hombro.

Es Jillian quien tiene un primer año brillante.

Siempre ha tenido más talento que yo —eso es algo que no puedo negar—, así que su proceso de entrenamiento no se extiende demasiado.

Ivanka cumple rápido lo que promete y le consigue su primer papel apenas unos meses después de su ingreso.

Amarte fue el comienzo marca el debut de Jillian en el cine.

Es un papel secundario, que deja una huella clara en su camino, el inicio de algo que va a crecer.

Me hubiese gustado verla en la cumbre de su carrera, que se convirtiese en la actriz que siempre deseó ser, casada con un millonario, con el viejo Eloy y mi madre viviendo en su mansión.

Pero Jillian tropieza más de una vez, siempre rodeada de las personas equivocadas, y se deja arrastrar por las sustancias.

Una noche, en el baño de una discoteca, la graban a traición mientras consume.

El video es difundido y, aunque ella intenta defenderse, lo hace con torpeza, de modo que quienes antes la aplaudían ahora la condenan.

Apenas una semana después, Ivanka decide rescindir su contrato.

Jillian debe abandonar Lunaris & Co. un día después de que yo recibo mi primer papel.

—Entonces me voy contigo. —Me levanto, decidido a tomar mis cosas.

—Te lo prohíbo —alza la voz—. No vas a arruinar tu carrera por mí, Dedrick. Esto es cosa mía. Me voy a recuperar, saldré adelante y conseguiré un nuevo representante. No necesito a Ivanka. Te juro que voy a remontar. No me voy a rendir.

—¿Y dónde vas a vivir?

Ella deja caer sus hombros.

—Me las arreglaré. Tengo algunos ahorros, conseguiré un trabajo. Todo esto va a pasar pronto, ¿sí? Confía en mí.

Quiero creerle, siempre he querido creerle cada palabra. Pero sus ojos brillan con tanta desesperanza que es difícil obligar a mi cerebro a creer que todo está bien, que confiamos en ella.

Mi amada Jillian pierde la vida tres años después de que llegamos a Saras.

Todo sucede demasiado rápido. Hace poco estábamos en mi habitación en Puerto Dara hablando del futuro, riéndonos de lo improbable que parecía todo, y ahora el apartamento en Saras está lleno de huecos donde antes estaba su voz.

Durante un tiempo estoy convencido de que voy a dejarlo todo. El entrenamiento, las audiciones, el teatro, la ciudad entera si hace falta. Actuar se parece inútil. Me pregunto para qué sirve aprender a sostener emociones en escena cuando en la vida real apenas puedo sostenerme a mí mismo.

Tiempo después, Josh irrumpe en mi apartamento, se sienta conmigo durante horas sin pedirme explicaciones.

Hellen llega con comida, té caliente y conversaciones.

No me empujan de vuelta al trabajo ni me recuerdan lo que debería estar haciendo, solo me acompañan en ese espacio gris donde el tiempo parece detenerse.

Gracias a Josh, la agencia me concede un mes sin entrenamiento obligatorio ni audiciones. Un mes para atravesar el duelo.

Para muchos actores una agencia es solo un lugar de trabajo, un intermediario entre audiciones y contratos. Sin embargo, para mí Lunaris & Co. se transforma un espacio donde no soy solo un nombre en una lista ni una apuesta de carrera.

Y Josh y Hellen… Ellos se convierten en lo más cercano a la estabilidad dentro de esta industria.