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La ciudad de Saras es una de esas metrópolis que resguarda los sueños ajenos.
Desde lejos se alzan avenidas que no descansan, edificios que parecen tocar el cielo, teatros iluminados donde cada noche alguien intenta convertirse en otra persona sobre sus escenarios.
Es un lugar que respira ambición y donde miles de historias llegan todos los días con la esperanza de transformarse en algo más grande.
Jillian está a mi lado y tiene una sonrisa tan amplia que parece desafiar al futuro. Sus ojos brillan con la emoción que siempre la ha caracterizado y me dicen que nuestra historia comienza ahora, dentro de este autobús que avanza por la carretera y deja atrás a Puerto Dara.
—Anímate —canturrea. Me rodea con uno de sus brazos y frota uno de los míos con su mano. Sé que busca reconfortarme, pero estoy tan nervioso que solo puedo exhalar un suspiro—. Ya verás que todo saldrá bien.
—¿Y si no?
Sisea y con sus brazos forma una equis frente a su rostro.
—Prohibido ser pesimista —sentencia—. Los Rossel estamos hechos para triunfar. Ya verás que en diez años seremos leyenda. Nos casaremos con millonarios y nos llevaremos a papá y a mi hermana del feo vecindario donde vivimos.
—¿En serio crees que te vas a casar con un millonario? —me burlo.
—¿Tú me has visto? —Se señala la cara—. Lo único que me falta es salir en la portada de una revista.
Suele decirlo para hacerme reír, pero también sé que es uno de esos sueños que solo viven en sus más profundas fantasías.
A Jillian siempre le ha gustado sentirse realizada e independiente.
Vive empecinada en demostrarle a mi madre que nos convertiremos en artistas famosos, que llegaremos a la gran pantalla y que ganaremos premios que nos destacarán como los mejores.
También lo hace para ver sonreír al viejo Eloy. Creo que gran parte de sus ganas de sobresalir en el mundo del espectáculo nacen de ese lugar recóndito donde mi abuelo guarda sus sueños frustrados.
El viejo Eloy vive de su pasión por la música.
En su adolescencia se une a la banda de su escuela y encuentra lo que cree su destino.
Se distancia de su padre al negarse a ingresar a la universidad y pasa de tocar en celebraciones escolares a teatros locales.
En esos años conoce a la abuela, y todo va bien hasta que, después del nacimiento de mamá, recibe una oferta para unirse a la orquesta sinfónica de Puerto Dara, por lo que sus viajes se vuelven cada vez más frecuentes.
Llega entonces el momento de elegir entre la música y la familia.
Eloy elige la segunda y abandona una parte de sí mismo que nunca vuelve a reclamar, pero, de no haber tomado ese camino, probablemente Jillian y yo no existiríamos.
Desde pequeños, gracias a él, entendemos que nuestra pasión por el arte no es casual y que terminará marcando nuestras vidas.
Jillian y yo sabemos que no solo se trata de cumplir los sueños del viejo Eloy.
Tomar este camino también tiene que ver con lo que de verdad nos hace felices.
Siendo sincero, me lleva un par de semanas más que a ella tomar esta decisión.
Me cuesta salir de mi zona de confort, dejar atrás el miedo al fracaso y avanzar en medio de la incertidumbre.
Pero el viejo Eloy me ha enseñado que hay cosas que no se pueden esquivar; me arrepentiría de cargar con este sueño toda la vida.
Sé que, si mis pies recorren las calles de Saras y se encuentran fuera de una agencia de artistas, es porque mi destino está aquí.
El edificio de Lunaris & Co. es más pequeño de lo que muestran las fotografías. Aun así, tiene una presencia sobria. Frente a la puerta de vidrio, un guardia vigila en silencio. A un costado, está adherido el cartel de las audiciones.
— Eres el mejor, ¿me oíste, Dedrick Rossel? —Jillian presiona su mano en mi hombro y me besa la cabeza—. Nada de estar asustado.
—Demasiado tarde para eso.
Su risa me llena los oídos antes de que una persona nos dé el paso hacia el patio trasero del edificio.
Allí, nos colocan una hoja con un número en la espalda y nos separan por géneros.
Entre una enorme fila, Jillian alza la mano cada vez que avanza, así que no la pierdo de vista hasta que ingresa a la agencia.
No alcanzo a verla salir antes de escuchar mi nombre.
Tengo el estómago tan apretado que apenas me puedo mover.
Entro en una habitación de paredes grises. Una chica con un auricular en una oreja me señala una silla alta ubicada en el centro, frente a un lienzo blanco, bañada por la luz directa de un foco.
Al frente tengo a tres personas. Un hombre barbudo que se mantiene detrás de la cámara y otro que está sentado tras un mesón junto a una mujer de piel morena y mejillas redondeadas.
Ella me dedica una sonrisa en cuanto nuestras miradas se cruzan, es breve, pero suficiente para deshacer la rigidez del ambiente.
—Buenas tardes. Soy Josh Garcés, agente de talentos, y ella es Luna Arévalo, nuestra pasante de marketing .
—Cámara lista —anuncia el hombre barbudo.
—Cuando quieras —me dice Josh.
Tomo un profundo y entrecortado respiro antes de sonreír.
—Hola, mi nombre es Dedrick Rossel, tengo dieciocho años. Soy de la ciudad de Puerto Dara…
Hablo sobre mi experiencia en el teatro, que es mi mayor orgullo hasta hoy. Tres años sobre el escenario, de ellos, dos en teatro musical. Sé cantar, sé bailar. Si bien mi experiencia se limita al escenario, destaco que quiero comenzar a trabajar frente a las cámaras.
—Quiero desarrollarme como actor a nivel profesional —digo—, ser parte de grandes proyectos y encarnar personajes que dejen huella. En el cine, lo que construyes no desaparece, y eso es lo que me interesa.
Guardo silencio y espero. Luna anota lo que Josh le dice al oído. Luego, él alza la mano hacia mí.
—Puedes iniciar tu monólogo.
Una de las bases para la audición es trabajar un monólogo breve en el que podamos expresar nuestras emociones de la manera más intensa posible. Lo ideal es que sea breve pero contundente.
Cierro mis ojos e inhalo antes de bajar de mi silla.
Me he arriesgado, he escrito mi propio monólogo basado en la experiencia vital de mi abuelo.
Es un relato desgarrador sobre el abandono de los propios anhelos, un dilema en el que el amor se debate entre elegir a la mujer de su vida o seguir sus sueños.
Dos amores distintos, que lo harían igual de feliz.
Elige a la mujer de su vida, pero la pierde tras el nacimiento de su segunda hija.
Gracias a ambas, comprende el significado del amor verdadero, de la felicidad que solo un hijo puede dar.
Sin embargo, por el resto de su vida ronda en esa pregunta de qué habría sido de él de haber elegido aquel sueño de ser músico, si se unía a esa orquesta y seguía avanzando hasta tocar en los teatros más importantes del mundo.
Soñar en grande y decirlo en voz alta siempre ha sido una característica de la familia Rossel.
Hoy he decidido honrar a mi abuelo hasta las lágrimas.
Me he adentrado tanto en el personaje que, al volver a mi lugar, me siento algo perdido.
Solo vuelvo a mí cuando me encuentro con el rostro asombrado de Luna.
—Muchas gracias, Dedrick —dice Josh—. Espera afuera.
Un poco atontado, me dejo caer en las sillas que están a un costado de la puerta. Algunas personas se sientan a mi lado, otras salen cabizbajas y se marchan. Son horas en que contengo mis ansias.
— ¡ Dedrick !
Busco de dónde viene el grito de Jillian. Avanza entre saltos hacia mí. Se detiene con las manos en la cintura, el mentón en alto y una enorme sonrisa.
—Estoy dentro.
—¿Qué? —Me levanto de golpe, con los ojos abiertos de par en par—. ¿En serio?
— ¡ Sí ! —Se lanza sobre mí.
Es una celebración breve que termina cuando la puerta se abre detrás de mí y la misma voz que me recibió antes, me llama.
—Te toca —susurra Jillian—. Te espero aquí.
Creí que el temblor había cesado, pero vuelvo a sentarme frente a Josh y Luna muerto de los nervios. Ella sonríe amplio apenas nuestros ojos se encuentran. Josh, en cambio, escribe durante unos segundos más antes de quitarse las gafas y dejarlas sobre las hojas.
—Dedrick Rossel. Llevo unos siete años trabajando para Lunaris. Suelo trabajar con actores que están comenzando, porque me gustan los talentos en bruto, disfruto ver cómo evolucionan.
»Veo mucho potencial en ti, por lo que quiero representarte. Creo que puedes llegar muy lejos. Lunaris ofrece a los actores un tiempo de entrenamiento antes de presentarlos en la industria. Si aceptas ese proceso de formación con nosotros, podemos empezar este camino juntos.
Se levanta y una sonrisa amplia se forma en su rostro antes de extenderme su mano. La estrecho con el corazón desbocado.
—Bienvenido a Lunaris & Co., Dedrick Rossel.
Encuentro a Jillian en el mismo lugar donde la he dejado, se mordisquea una uña y mueve un pie. Apenas doy un paso se levanta de golpe con sus ojos enormes, como si esperase una mala noticia.
—¿Y? ¿Cómo te fue? Te ves pálido. Te demoraste mucho. ¿Estás bien? —Habla tan rápido que se queda sin aire—. Dime algo.
Lo siguiente es un chillido y un abrazo tan apretado que me corta el aire. Le pido que baje la voz porque los demás nos miran y que salgamos para hablarlo con calma.
Damos un paseo por el centro de Saras, mientras buscamos un lugar donde comer.
Jillian me cuenta sobre su audición y lo nerviosa que estaba.
La mujer que la representará le da un poco de miedo, pero ha sido amable al decirle que tiene el talento que ella busca en sus artistas.
Es exigente y le pide a Jillian estar segura de lo que quiere, así ella logrará lanzarla a la fama más rápido de lo que imagina.
—Ivanka Tiberi —dice.
—Suena seria —me burlo.
Ella me da un empujón.
—Estoy feliz, Dedrick, feliz, feliz, feliz.