17
No suelo estar detrás de las cámaras tan seguido como me gustaría. Han pasado tres años desde que fui seleccionado para ser parte del proyecto Ritmos de ruina . Dos temporadas. Una tercera potencial. Ha sido extraño pasar más de un año continuo aprendiendo líneas, ensayando y grabando día con día.
Como jamás lo imaginé, al iniciar el segundo trimestre del año, Ded Rossel recibe un nuevo llamado a audicionar.
Morgan Calvert presenta su proyecto audiovisual «Sombras de Neón» y me ofrece el papel como coestrella de Romy Laurent.
Coprotagonista , leo, mientras me obligo a sonreír para evitar el dolor estomacal que significa volver a verme al costado de una «estrella en ascenso».
Porque eso es lo que es Romy Laurent, es una cara nueva, una imagen fresca.
Sé que Josh observa con cautela el disgusto en mi rostro.
Humillación no es una palabra que suela decir con poca frecuencia cuando se trata de mi trabajo.
Si bien, manifiesto mi agradecimiento por esto, lo asumo como una pequeña derrota y una oportunidad al mismo tiempo.
He de aceptar que no encajo como actor reconocido, sino como acompañante de las verdaderas estrellas.
—Es una oportunidad —destaca Josh.
—Sí —contesto de forma algo tosca. Hellen presiona sus dedos en el dorso de mi mano—. Ritmos de ruina también era una oportunidad, y mira donde estamos.
Seren sigue grabando con su verdadera coestrella y yo estoy aquí.
Si no fuese por el musical, estaría desocupado.
Todo me recuerda que en este momento no tengo nada que ofrecer a un proyecto para el que se supone que fui elegido como estrella principal.
A lo mejor solo funciono como constelación secundaria, como el complemento que hace que otros destaquen.
Por un instante me descubro batiendo las pestañas, estoy a punto de llorar.
—Mira, Dedrick. —Josh chasquea la lengua más de una vez. Se ha quedado en blanco y busca las palabras adecuadas—. Con los años que llevas en esto, deberías tener claro que el éxito no se mide por cuántos papeles protagónicos recibes.
El descontento se me escapa en una pequeña y ahogada carcajada, casi como si mi cuerpo no pudiera contener la incredulidad.
Me recuesto contra el respaldo del asiento y cruzo los brazos de manera brusca.
Dejo que la irritación se me note en cada gesto.
Hellen me observa como si su mirada leyera cada uno de mis pensamientos.
—Dedrick, es tu talento el que te mantiene aquí —murmura ella—.
Tú mismo sigues luchando a diario por conseguir oportunidades como esta.
—Intenta tomar mi mano y se lo permito. Soy demasiado débil ante su calor maternal—.
¿No lo ves? Es la primera vez que recibes una oferta.
No hemos tenido que seguir a los productores para conseguirte una audición: te la han ofrecido.
Estaba por mencionar a Montalbán, pero cada palabra se me queda en la garganta. Lo único que hago es suspirar. Parece una compensación ridícula para alguien como yo, acostumbrado a luchar por lo que anhela.
—Y la harás. —Josh me lanza el guion—. Tienes tres días.
Son apenas seis páginas. Sé que puedo con ello, pero hoy no pienso dar mi brazo a torcer, así que solo le echo una ojeada.
Disfruto en secreto cómo se agota la paciencia de mi representante, la que debe estar en decadencia, porque cuando tomo mi celular, se deja caer en su asiento.
Me satisface su frustración. No puedo ser siempre el único que viva así.
—Dedrick —Hellen me llama con suavidad.
No la escucho. Estoy más enfocado en la foto que Seren me ha enviado.
Seren: me voy a casa.
Seren: y por casa, me refiero a la tuya. te extraño.
Sé que el cambio abrupto de mi expresión no pasa desapercibido.
Josh chasquea los dedos frente a mi rostro, es un llamado suave que contrasta con su mandíbula tensa y sus fosas nasales dilatadas.
Me hacen sentir más culpable y avergonzado de lo que quiero admitir.
Mi satisfacción se desvanece con un suspiro, guardo el celular en el bolsillo y añado una disculpa.
—Tres días —digo con el guion en mano—. Daré lo mejor de mí. Lo prometo.
—Mañana te espero aquí a las ocho en punto. Contraté un coach .
Esta vez, le doy las gracias de forma sincera. La historia de Sombras de neón contiene tantas escenas sexuales —algo que no he hecho jamás—, que me intimida. Apoyo de un experto es lo que más requiero.
—Confiamos en ti, Dedrick.
Hellen me deja en casa al final del día.
Cuando estamos a solas su severidad incrementa, cada regaño se extiende, exacto y cortante, hasta que salgo de su vehículo con la mano alzada en un gesto de despedida.
Justo cuando creo que todo ha terminado y ella se dispone a marcharse, su expresión se descompone en indignación.
Mis ojos siguen su reacción. La camioneta de Velandia se detiene justo delante de ella.
—Pasaré por ti a las seis y media —dice sin mirarme y se marcha.
No lo proceso, solo me derrito en emociones encontradas cuando Seren baja de la camioneta con un bolso pequeño colgando de su hombro.
Viene cubierto e ignora mi presencia para entrar directo hacia el edificio.
Hago lo mismo tras saludar a Velandia y darle las gracias.
Él alza las cejas y presiona sus labios antes de marcharse.
Seren me espera en el pasillo, como si no tuviese la llave para entrar a mi apartamento cuando quisiera.
En cuanto cruzamos la puerta, se quita con urgencia todo lo que le cubre el rostro y me toma por las mejillas.
Alcanza a susurrar un «hola» antes de besarme con fuerza.
Me quejo de placer, de sorpresa, no estoy seguro, solo sé que extrañaba su contacto, me veo incapaz de negárselo.
Me aferro a su cintura todo el tiempo que demanda.
Nos pedimos algo de comer y nos enredamos en el otro sobre el sofá, bajo una manta, mientras conversamos acerca de nuestros días casi entre murmullos.
A veces, nos quedamos en silencio, escucho cómo el mundo sigue afuera mientras nosotros solo existimos en este espacio.
Me muero de ganas de preguntarle por Sabina, pero evita cualquier referencia a ella, así que decido dejarlo así, porque todo lo que quiero es este momento con él, intacto y tranquilo.
Que dure lo suficiente antes de que sea yo quien arruine su quietud.
De vez en cuando nos lanzamos miradas cómplices y pequeñas sonrisas. Cuando se ríe de algo que digo, me parece una melodía perfecta. Me acerco un poco más para apoyar la cabeza en su hombro. Solo entonces me doy cuenta de que mis pies han regresado a la tierra.
Supongo que es ahora… debería hacerlo. Llevo días dándole vueltas a la idea.
He probado frases y armado discursos que se deshacen apenas los practico en voz alta.
Busco las palabras exactas para explicarle lo que siento, pero cada intento me parece torpe.
Aunque no las he encontrado, creo que es mejor decirlo mal, que no decirlo nunca y ahogarnos a ambos en mis propias emociones.
—Oye, Seren. —Sin mirarlo es más sencillo tocar el tema—. Tengo que hablarte de algo.
Cuando me mira, se me revuelve el estómago. Soy un cobarde.
—Me ofrecieron una audición —digo.
—¿De verdad? —Me acaricia el cabello con tanto afecto que por poco sollozo.
Me encojo de hombros mientras le hablo de lo poco que Josh me ha contado del proyecto y de cómo Calvert se contactó con él para asegurarse de que me presentaría a la audición.
— ¡ Eso es genial ! ¡ Felicidades !
—¿Lo es? —Hago una mueca de disgusto—. O sea, sí, lo es… No lo sé.
Seren ladea su cabeza y bate sus pestañas, está confundido.
Probablemente esperaba que estuviésemos los dos saltando de la emoción, como cuando le ofrecieron su papel para «Stanley»; que hable de Sombras de neón hasta el hartazgo.
No sé qué tan sano es admitirlo, pero sus logros se sienten más reales que los míos.
—Seré coprotagonista de Romy Laurent.
—¿Y eso no es bueno? —Me encojo de hombros—. Yo creo que lo es. Tienes un papel importante. Eres su interés romántico.
—Supongo. —Intento sonreír.
Asumo que Seren, al notar mi expresión indecisa, prefiere desviar un poco la atención, pues pregunta:
—Supongo que traes el guion.
—No tengo ganas de revisarlo ahora.
Me vuelvo pequeño cuando Seren me presiona su pulgar en el entrecejo. Apenas noto que estoy demasiado tenso cuando, al sentir su toque, me aparto y tomo distancia para acomodarme mejor en el sofá. Él se pone en alerta de inmediato, levanta el mentón y yergue la espalda.
—No logro sentirme feliz, no sé qué me pasa —digo y desvío la mirada—.
Sé que es una buena oportunidad para volver.
Supongo que debería estar agradecido, después de que mi papel en la serie quedara en segundo plano por el tuyo…
—Hago una pausa y presiono los labios, consciente de lo que acabo de decir.
Seren permanece quieto—. Debería estar saltando de alegría, pero en lo único que puedo pensar es en si me lo han ofrecido porque encajo o porque alguien insistió para que me hicieran encajar.
Podría excusarme con que solo estaba pensando en voz alta, que no tiene por qué tomárselo en serio, pero ¿de qué serviría? Siento que, al decirlo, algo ha dejado de atorarse en mi garganta. Si no lo miro, tal vez pueda sostener esta valentía un poco más. Se lo debo.
Seren tarda un segundo en de responder.
—No sabía que te sentías así.
Sé que se está conteniendo. No quiere dejar ver que mis palabras le han dolido o que de algún modo lo he tildado como responsable de mi propia sensación de insuficiencia.
—A veces siento que vivo corriendo detrás de ti, que necesito alcanzarte. Y no tienes idea de lo cansado que estoy.
—¿Alcanzarme? ¿En qué?
—En todo. En lo que ganas. En cómo te miran. En cómo pareces estar siempre donde tienes que estar.