15
Tap, tap, tap, tap.
Me laten las sienes. No estoy seguro de si es por contener la inquietud o por la tensión que jamás he dejado de sentir. Solo sé que me incomoda el sonido que hace Hellen con la punta de su zapato cada vez que golpea el suelo.
Tap, tap, tap, tap.
—Ya no hagas eso, por favor —murmuro molesto.
El sonido se vuelve más intenso. Y luego ¡ clic ! Josh entra en la sala pisando fuerte. Detrás de él, Ivanka con sus tacones y Velandia, que tropieza con sus talones.
Seren está con la cabeza apoyada en mi hombro; apenas puede mantener los ojos abiertos durante más de cinco minutos, su respiración es lenta y pesada, como si todavía siguiera soñando.
A mí, en cambio, la sangre me sube a la cara, la urgencia de reaccionar me sacude de los pies a la cabeza.
Pero no me muevo. No quiero que noten mi nerviosismo.
Un frío repentino se apodera de mis manos y me recuerda noches que desearía borrar.
Mi cuerpo sabe que algunas decisiones nunca se pueden deshacer.
En silencio, lo primero que hace Ivanka es colocar su tablet frente a nosotros para enseñarnos fotografías de anoche, sacadas directo de una cuenta de X que lleva el nombre de Seren en su usuario.
Ambos parecemos borrachos, extrañamente cercanos en un bar de mala muerte, de madrugada. Algo magnífico y retratable.
Creo que jamás he visto a Josh tan molesto. Al menos, no en mucho tiempo. La última vez fue hace dos años, cuando no conseguí un papel importante debido a que no cumplí con el requisito de estatura —me faltaron cinco miserables centímetros—. Pero jamás me había gritado a mí.
Me tiemblan las manos. Cuando retomo mi carrera, Josh solo pone una condición: no volver a perder el control. Todo esto es como un flashback que no estoy seguro de poder tolerar; lo sabía, sabía que lo de anoche traería problemas.
Mi inexpresividad parece enfadarlo aún más, pero es que es la única forma que tengo de mostrar mi culpa sin largarme a llorar. O quizás es el hecho de que Seren continúa medio dormido y apoyado en mí.
— ¡ Seren Montiel !
Eso lo sobresalta. Supongo que el grito de la bruja tiene mayor efecto en él.
—Lo siento —murmura mientras se despereza—. Fue mi culpa, ¿sí? No tienen que gritarle a Dedrick. Fue mi idea, me hago responsable de cualquier daño.
La expresión de Josh se deforma. Desconozco si se trata de desconcierto, incertidumbre, sorpresa o desconfianza. Solo sé que sus ojos se desorbitan y su boca por poco toca el suelo.
—¿Eso es verdad? —me cuestiona.
Seren me golpea con el codo en las costillas. Lo miro, inquieto ante la idea de que se lleve las consecuencias de esto él solo. Me indigna el hecho de que pueda ofrecerse como escudo sin que su mundo se desmorone. En su boca suena a valentía, en la mía sería un suicidio.
—Dime, Rossel, ¿es verdad? —cuestiona Ivanka esta vez—. Seren, si estás haciendo esto para…
—Lo es —suspiro—. Fue su idea, pero yo acepté, no me obligó a nada. Así que la culpa sigue siendo de los dos.
—Asumo los daños —replica Seren—. ¿Qué tengo que hacer?
Ivanka baja los hombros y niega con su cabeza. Se acomoda las gafas resoplando con fuerza.
—Te desconozco, Seren. No… —Resopla otra vez—. Ya tendremos una conversación tú y yo. De momento, tengo que arreglar este asunto rápido.
Se acerca para tomarlo fuerte por la muñeca. Apenas lo jala, me veo en la necesidad de evitarlo. Sobre todo, porque Seren se aferra a mi mano, casi pidiendo ayuda. Finjo que soy yo quien no quiere soltarlo.
—Dedrick —dice Hellen con un dejo de cansancio.
—¿No es un tema de ambos? —Mi intento por mantener la calma está al borde de fallar—. Me parece que tenemos que solucionarlo todos.
—¿Tienes idea de lo que está pasando? —Ivanka vuelve a alzar la voz—. La imagen de ambos está en juego. La imagen de Seren . No podemos dejar que esto escale. Los fanáticos pueden shippear lo que deseen, pero si lo de ustedes se vuelve público, están perdidos. Los dos.
Se me presiona el estómago con fuerza. Tiene la boca llena de razón. Recuerdo aquella fiesta de estreno. La fugaz risa de Jillian, sus dedos sobre un vaso que apenas puede sostener, la música demasiado alta y yo… Yo sigo sus indicaciones, confío en que todo está bien.
—¿Eso cómo lo sabes? —Nunca creí que Seren la confrontaría.
Ivanka vuelva a mirarme. Esta vez sus ojos queman.
Todos en esta sala, menos Seren, sabemos la razón por la cual un escándalo de este tipo sería una forma de destrozar de una vez por todas mi carrera.
El aire me falta por un segundo. El recuerdo breve y doloroso de despertar al día siguiente en un departamento desconocido, luces apagadas, un centenar de llamadas y algo irrecuperable.
No importa cuánto tiempo pase, la sombra de Jillian sigue adherida a cada uno de mis pasos.
Me tiembla el mentón. Por un segundo vuelvo a ser el Ded Rossel de veintitrés años, con el celular en la mano, perdido, asustado y cargando un dolor que no tiene nombre.
El peso de lo irreparable me atraviesa como una corriente helada.
—Seren. —Suelto su mano despacio, pero mis ojos no lo encuentran a él. Están atrapados en el recuerdo de Jillian, que lucha por mantener su carrera mientras todo a su alrededor se desmorona, mientras los efectos de lo que la calma se convierte en un hilo que ya no puede sostener—. Ve.
Sé que le duele, que siente que lo traiciono.
Sé que lo estoy arrinconando a un control de daños que ninguno de los dos quiere, pero es la única forma de salvaguardar su imagen y la relación parasocial que mantiene con sus fanáticos.
Sé que me arrepentiré de esto apenas vea cómo Ivanka pretende controlar esta situación.
Sé que yo saldré más dañado que nadie con esto.
Y es así.
No me sorprende cuando sucede.
Ded Rossel es quien ha tomado la desesperada decisión de llevar a Seren Montiel por el mal camino para dañar su imagen pública. Ded Rossel es el actor fracasado que está celoso de la carrera de su coestrella y equilibrar la balanza para no sentirse tan miserable.
No es lo que las disculpas públicas de Seren dicen, pero es la conclusión a la que todo el mundo llega pocos minutos después de verla.
Lo arrinconan a mantenerse a raya. Lo obligan a decir que se enfocará en la nueva temporada de la serie y a darles lo mejor para que se sientan orgullosos de él, como si no fuese evidente que es lo que hace de manera constante.
Como si salir a divertirse fuese un pecado.
Como si tener un buen amigo fuese un pecado.
@serenmontielFC: Te amamos y siempre te apoyaremos, Seren
@hilla_77626: Ded está desesperado intentando colgarse de la fama de Seren!!!
@t_esy: Aléjate de Ded, que no apague tu brillo
@uuu555: soy la única que piensa que hay algo raro aquí?
Ese último debate me interesa. Con cuidado extiendo los comentarios y salgo más decepcionado que antes. Mi cabeza solo da vueltas y vueltas entre lágrimas que brotan tras recordar la razón por la cual leer comentarios me está prohibido desde hace años.
@down_uu: Creo que Ded Rossel debería dejarle de una vez el espacio a los nuevos talentos. Ya pasó su tiempo… aunque, si lo pienso bien, nunca lo tuvo. ¿Cuál fue su gran papel? ¿El que tuvo con Sandoval?
@luv_Seren: ¡ tienes razón ! Es vergonzoso verlo aferrarse a esto. Lo único que consigue es estorbar en la carrera de mi bebé.
@iri_99: Acaso no vieron lo que pasó con su tía? Es obvio que está haciendo esto a propósito !
@luv_Seren: ¿cuál tía? cuenta.
La persona deja un enlace directo de una noticia vieja.
Me tiembla tanto la mano que lanzo mi celular lejos, el golpe estalla en mis oídos.
Necesito abrir la ventana y no logro destrabar el seguro, lo jalo hasta que cede de golpe.
El frío entra, pero no me alcanza. Respiro hondo, corto, otra vez, cada vez peor.
No funciona. No llena. Cierro los ojos y caigo de rodillas.
Me tiro del cabello hasta que arde, si lo arranco quizá se lleve los recuerdos.
Pero no sale. Me doblo y golpeo el suelo con el puño.
No cambia nada. El llanto irrumpe, desesperado, y esas palabras siguen clavadas en mi cabeza.
Febrero, 2015. Jillian Rossel es encontrada sin vida en el baño de El Gran Salón de Saras tras el estreno de Luna de acero.
Yo acabo de llegar a casa, con una resaca que se evapora como mi alma apenas entiendo lo que ha sucedido.
Se lo cuento a mi madre y escucho el llanto desgarrador de mi abuelo al otro lado del teléfono.
Ellos se niegan a dar declaraciones a la prensa.
Durante semanas recibo llamadas insistentes de mi madre, en las que me pide que regrese; que no necesito esta vida, que puedo actuar en el teatro de Puerto Dara por el resto de mis días; que, por favor, me vaya de allí.
Jillian. Mi amada Jillian. Una infancia común, rodeada de amor, de risas, de una familia que la ha sostenido siempre.
La miro hacia atrás en mi memoria y no descifro el punto exacto donde empieza a desmoronarse.
Solo personas equivocadas, ofrecimientos envueltos en promesas, y esa certeza peligrosa de que todo estará bien.
Ella avanza, crece, se acerca a lo que siempre ha soñado.
Yo la observo con admiración absoluta, sin imaginar que mi corazón cargado de orgullo se transformaría en un miedo sordo que, años después, nunca me abandonaría.
El pecho me arde. El corazón golpea con tanta fuerza que creo que va a romperme desde dentro.
El cuerpo me tiembla como si hubiera estado expuesto al frío por demasiado tiempo.
Jillian es el eje de todo lo que hago después.
El motivo por el que me quedo. Por el que sigo aceptando incluso aquello que me incomoda. Por el que no me permito fallar.
El dolor no se detiene. No hay palabras de consuelo que puedan remediar la sensación de haber perdido el eslabón más importante de mi carrera. Solo el llanto indigno que brota y no cesa, mientras mi alma se retuerce en el vacío de lo que podría haber hecho para evitarlo.