10
La arrogancia destruye a largo plazo. Julien estará encantado de observar desde lejos cómo Leonel cae trozo a trozo.
Encontrará su oportunidad para recuperar todo lo que se le ha arrebatado y restregárselo en la cara.
Yo no estoy seguro de estar preparado para ver a Leonel Salvatore hecho añicos, pero es la primicia para la segunda temporada de Ritmos de ruina .
Seren y yo revisamos el guion en la sala de espejos, con el pretexto de ensayar algunas escenas claves que ya no serán modificadas en el proceso de producción. Es una buena excusa para pasar tiempo a solas dentro de la agencia y no levantar sospechas de personas ajenas a nuestro equipo.
—¿Qué opinas? ¿Te gusta? —Busco su mirada, lo noto acomplejado al leer el tercer borrador.
Tiene el cabello húmedo y recién cortado.
Ivanka lo obligó a cometer ese crimen contra la humanidad hoy por la mañana.
Nada le queda mal a Seren Montiel, solo sé que no es algo que él quisiera hacer.
El azul continúa en su lugar y para mantenerlo saludable le ha tocado quitar la mitad para que crezca antes de iniciar las grabaciones.
—Es un poco… repetitivo.
Alzo una ceja. Se me hubiese ocurrido cualquier palabra, menos esa. Repetitivo. ¿A qué se refiere?
—Es lo mismo pero al revés —responde con calma—. Julien es quien esta vez esperará hasta que Leonel se vuelva vulnerable para destrozarlo y quitarle su poder. Lo mismo pero al revés.
Tiene razón. No puedo creer que no lo haya notado. El conflicto es igual al anterior, pero con la emoción ante la venganza de Julien en medio del caos que es su vida personal. No me sorprende que Latorre haya pasado por alto que estaba escribiendo lo mismo.
—¿Por qué no lo dijiste antes? Pudimos hablar con Latorre.
Seren se encoge de hombros. Es algo típico de él: acatar y callar. Supongo que nadie le pidió su opinión sobre el guion, por lo que no tuvo oportunidad real de expresar lo que sentía al respecto.
En términos técnicos, todos los elementos del guion están en su lugar. Los diálogos son adecuados al tono de los personajes, hay flashbacks interesantes de la vida de Leonel que no conocíamos y las locaciones que describe son similares. Pero desde la perspectiva de…
Un momento.
Seren bate sus pestañas largas despacio y se muerde el labio inferior. Es su típica expresión de culpabilidad.
—Le diré a Latorre —dice.
—¿Qué? No, no. Está bien. Digo, es normal que quieran este cambio. El público te pide en pantalla.
No me sorprende, pero claro que no lo considero normal ni justo.
Mucho menos si me lo imponen por medio del guion y no me lo explican de frente.
Estos cambios son abruptos, agotadores y estresantes.
Pretenden que siga creyendo que soy el protagonista de esta historia, mientras mi cara comienza a borrarse de la pantalla para colocar la de Seren, quien tiene más diálogos, más escenas, la mayoría de los nuevos personajes están enfocados en acompañarlo a él en su nuevo proceso. No a Julien, no a mí.
—¿Dedrick?
La voz de Seren comienza a alejarse y ya es demasiado tarde para cuando me toma la mano. Nos veo juntos desde un rincón.
Han sido incontables las veces que me he encontrado aquí, pero creo que es la primera vez en muchos años que me veo tan agobiado.
Mi ceño fruncido es más rígido de lo que debería y no puedo hacer nada para cambiarlo.
Pobre Seren, ni siquiera con su sonrisa, su calor o sus caricias puede traerme de regreso.
¿Por qué sigue disculpándose? ¿Cómo va a culparse por ser tan increíble?
Esto no se trata de él. Si yo no soy suficiente, no es algo que deba perjudicarlo.
El perjudicado siempre soy yo. Me quedo atrás, aunque dé zancadas. Cada paso mal dado logra que la imagen de Jillian se vuelva borrosa.
Entonces me alejo. Sin importar su expresión de desconcierto, sin importar si cree que lo odio por esto.
La sala pierde proporción. Las paredes parecen más altas.
Seren habla y su voz llega con un segundo de retraso.
No logro sostener su mirada, su rostro se desdibuja por momentos.
No solo soy yo quien se ve como una imagen mal enfocada.
No soy dueño de mis palabras, pero sí le pido que no me toque. Pese a que necesito regresar, también necesito estar lejos de él. Antes de que tome todo de mí y se vaya para siempre, de camino al éxito rotundo, a las sonrisas falsas, a ganar millones solo con una frase y un par de fotografías.
Se levanta rápido y me rodea con fuerza. No reacciono. Siento la presión de sus brazos, pero no el contacto. Soy incapaz de alejarlo; tendría que empujarlo lejos, y ni siquiera estoy seguro de que mis manos respondan si lo intento.
—No me alejes —susurra—. Déjame ayudarte.
Cierro mis ojos y pongo la punta de la lengua en el paladar.
Tardo en reconocer que soy yo quien se mueve, pero aun así deslizo las manos por sus brazos.
Es mi forma de decirle que lo acepto. Que no me suelte.
Que me sujete más fuerte. Me dejo llevar por la suavidad de su voz.
Necesito sentir algo más que angustia. Solo quiero regresar.
—¿Me sientes?
Hunde el rostro en mi cabello y aspira como si buscara encontrarme dentro de mí. Aunque no respondo, algo en mí deja de oponerse. El calor de su cuerpo respira contra el mío. La habitación recupera contornos. El aire vuelve a fluir.
—Lo siento. —Vuelve a susurrar—. Lo siento, lo siento, lo siento.
No es su culpa que mi fracaso sea inminente.
No es su culpa que haya llegado a este lugar donde justo estaba yo.
Que cayera rendido a sus pies hasta el punto de que cualquier dificultad en el trabajo se ve como una grieta amenazadora en la vida que imagino con él.
Nada de lo que está pasando es su culpa.
Sin embargo, lo único que logro decir es:
—Deberías replanteártelo.
—¿Qué?
—Esto. Nosotros.
¿De verdad quiere salir con un fracasado que vive en la humillación constante?
Incapaz de llenar expectativas. Incapaz de ser visto.
Incapaz de todo. Alguien que conoce de memoria el sabor metálico de la frustración y ha aprendido a disimularlo entre chistes.
Alguien que intenta una y otra vez llenar vacíos que no le pertenecen, que se desgasta intentando ser memorable.
Solo soy una nota al pie en la historia de los demás.
Un borrador perpetuo. Un intento pulido hasta la extenuación.
Con ambas manos sobre mis hombros, me obliga a dar la vuelta. Soy incapaz de mirarlo a los ojos; los míos están llenos de lágrimas, al igual que mis mejillas. Sus dedos se dedican a limpiarlas.
—¿No te da vergüenza? —balbuceo.
—¿De qué estás hablando? —La desesperación y desconcierto comienzan a desdibujar su expresión.
—Estar conmigo, Seren. ¿No es difícil? Tener que hacer… esto todo el tiempo. Ayudarme. ¿De verdad no te avergüenza?
—¿Cómo voy a avergonzarme de ti? —Le tiemblan los labios—.
Tienes una forma de tomar el escenario como si te perteneciera desde antes de nacer.
Eres talento en estado puro. Eres inteligente, agudo…
Sabes leer a tu equipo, poner límites y hacer que todo el mundo crea en lo que haces.
Haces lo que quieres, sí, porque entiendes cuándo, dónde y cómo hacerlo.
Eres un cantante y compositor brillante.
—Sus palmas se posan en mis mejillas. Intenta lograr que lo mire.
No puedo—. Todo en ti solo me hace admirarte.
Soy reemplazable. Soy una estrella estancada. Necesito el sol para brillar. Necesito que la luna salga llena cada noche para no perderme. No funciona solo con que me lo digan, necesito que me vean de verdad. Los aplausos. Los spots. Los comentarios. La aceptación.
Julien Bec era mi oportunidad. Y han decidido que no ha funcionado sin siquiera tomarse el tiempo de decírmelo.
—Dedrick —me llama Seren. Sus labios me rozan las mejillas, los párpados, los labios. Entonces, me aferro a él y me escondo en su pecho—. Eres una estrella, no necesitas que nadie te lo diga. Simplemente lo eres —murmura en mi cabello.
Desearía que sus palabras bastaran. Que esa manera suya de alentarme, de alzarme como si yo fuera algo más que contradicciones, tuviera el poder de sostenerme cuando todo tambalea.
Quisiera agradecerle —y no solo con palabras bien intencionadas— por atreverse a admirarme, por quererme sin reservas, sin miedo al caos que arrastro detrás de la sonrisa.
Cómo deseo creerle.
Guardo cada frase suya. Lleno mi pecho de ellas por si acaso un día todo se vuelve oscuro y no queda más que su voz en mi cabeza para no rendirme.
Pero, aun así, todo se siente etéreo. Hermoso, sí, pero intangible.
Me duele en el alma que, sin importar lo que Seren diga o haga, continúo de pie en el borde del abismo.