14 #2
Un largo silencio. Me toco el puente de la nariz y parpadeo. Con las mejillas abrigadas, desvío la mirada hacia el cielo para buscar aire.
—Lo siento. Dije algo malo. No sé tener la boca cerrada.
—Pero tienes razón. —Y pese a que suena disgustado, hace algo inesperado: curva los labios hacia arriba—. Llevo más de un año luchando en mi contra para crear al Seren Montiel de las pantallas. Ivanka dice que una imagen jovial es mucho más atractiva que mi amargura.
—¿Amargura? Yo solo veo que eres… demasiado tranquilo.
—Demasiado callado. Demasiado triste. Demasiado asocial. —Cuenta con los dedos, sin apartar la vista del suelo.
No me sorprende, es casi predecible viniendo de ella.
Ivanka es un genio del marketing, una artesana de personajes públicos que sabe con precisión qué desean los fanáticos.
Jillian habría sido su próxima creación, el próximo rostro que moldearía a su antojo.
Sonrisa ensayada, gestos impecables, emociones calibradas.
Aunque con ella era diferente; Jillian ya brillaba por sí misma, su carisma era natural y nada forzado.
En el caso de Seren, su atractivo físico es un plus, un brillo que atrae miradas, pero no basta.
No es suficiente si no sonríe de forma constante, si no se muestra animado, si su voz no suena llena de emoción.
Seren debe ser el rostro perfecto de un joven que comenzó a cumplir su más grande sueño, generar inspiración.
Sin embargo, la perfección nunca se logra sin grietas. Solo espero que las de Seren no dejen que se filtre demasiado dolor.
—¿Y este es tu más grande sueño?
Seren no ha dejado de mirarme. Yo he tenido que desviar la vista hacia la luna una vez más. Nos ilumina apenas un fragmento, lo suficiente para hacernos compañía. Él habla con calma, aunque su voz vibra con una tensión contenida que me recorre los hombros y la mandíbula.
—No —confiesa—. Nunca estuvo en mis planes convertirme en actor.
Cuando ha llegado a Lunaris después, una mano sobre su hombro y, por último, la invitación a audicionar.
Acabó con un contrato entre las manos y un millar de promesas que, de un modo u otro, se han cumplido al pie de la letra.
—¿Qué tal ha sido la experiencia? —Esta vez sí lo miro, busco la sinceridad antes de recibir su respuesta—. Te ha ido bastante bien con el público.
—¿Tú crees? —Asiento—. Puede ser. Mira, no ha sido malo hasta ahora, pero… no estoy seguro de querer permanecer aquí. No me apasiona la idea de dejar morir mis sueños por esto. No estoy seguro de que lo valga.
Baja la mirada; aprieta los dedos contra sus rodillas, los suelta, los vuelve a apretar.
La farola dibuja sombras alargadas bajo sus ojos mientras confiesa que le inquieta perder su privacidad y que eso perjudique a su familia, que descubran que no es tan feliz como aparenta, que sepan que su imagen pública es tan ficticia como los papeles que interpreta.
Su temor más grande es justo aquello para lo que más deberíamos estar preparados: aceptar la fama.
Pero la actuación entrega mucho más de lo que él piensa, y el peso de sus consecuencias negativas no alcanza a inclinar la balanza.
—Actuar no es solo aprender y ensayar líneas —digo—.
Es involucrarte en vidas que no son la tuya sin pagar el costo real, sacar emociones que la mayoría prefiere reprimir y obligarlas a tomar forma.
Aprendes a usar tu voz y tu cuerpo. Es demasiado como para tomarlo a la ligera y no basta con que las personas te vean.
—Me quedo en silencio un momento—. Hace falta que se queden, que regresen una y otra vez a lo que has creado. Para mí, actuar lo vale todo.
He hablado de más, pero hay algo profundamente injusto en que Seren acumule el reconocimiento que lo rodea y le resulte tan indiferente.
—Lo noto. Todos lo notan. Eres el mejor en lo que haces, Dedrick. Realmente, te admiro.
El elogio me llega tarde, se queda flotando entre nosotros y no sé dónde ponerlo. Lo que dice después, lo aplasta.
—Pero si con eso bastara, ya estaría feliz. Yo lo que quiero es asegurar el sustento de mis padres, que dejen de vivir pendientes del dinero y de los cuidados que necesita mi abuela. Quiero hacerme cargo.
Vemos el mundo de forma tan distinta. Seren parece siempre mirar hacia los demás, y no sé si eso me irrita o avergüenza. Aun así, fuerzo una sonrisa y busco otro argumento. Necesito que, al menos, reconozca una mínima parte del lugar que ha encontrado aquí.
—En unos meses vas a ver cómo todo esto empieza a rendir.
El dinero es parte de este rubro, Seren, y alguien como tú tendrá problemas para recibir ofertas.
No solo vas a poder sostener a tu familia, vas a tener margen para elegir, gastar, invertir…
—Lo miro de reojo—. Incluso podrás comprarte una nueva casa.
Eso le arranca una sonrisa. Entonces me pierdo en la forma en que sus labios se abren para darme la razón.
La noche se extiende sobre nosotros mientras hablamos de máscaras: las que se forjan para sobrevivir al escenario, las que se pegan al rostro hasta que uno olvida cómo era antes de usarlas.
De sueños rotos. De sueños imposibles. De sueños alcanzables.
Giramos en torno a ello. Cada vez que tocamos una fibra sensible, uno de los dos se acomoda en la banca, mueve las manos, resopla para desviar la atención del otro.
La luna parece comprendernos; ella también se reserva algo hoy. Como nosotros, en esa frágil asimetría donde conviven el temor y la belleza. Hay, en su leve luz, un eco de nuestro anhelo, una especie de susurro convertido en caricia, un gesto tímido de confianza.