El dilema de mirar un cielo estrellado 9
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Hellen revisa su celular con los ojos entornados.

Velandia duerme a ratos y murmura canciones inventadas.

Seren va al fondo, pegado a la ventana, escribiendo algo en su libreta.

Ivanka a su lado, se enfoca en su computadora hasta que su celular suena.

Yo los observo a todos, como si me hubiera tocado ser el espectador de una película.

Vamos camino a una entrevista que es solo para Seren y para mí. Viajamos con el equipo principal casi completo. Josh está enfermo, nos acompaña ahora en una videollamada con señal entrecortada, a través del celular de Ivanka. Ambos nos dan las instrucciones de rigor.

—Recuerden: enfoque en la historia, en el trabajo actoral. No hablamos de su vida privada ni de qué tal se llevan fuera del set. Son colegas —remarca Josh.

—Seren, cuidado con bromear sobre el final —dice Ivanka.

—Dedrick, sonríe un poco más a la cámara, ¿sí? —Fuerzo la peor de mis sonrisas. Hellen se ríe con una especie de ternura agotada y me da un codazo—. Justo así no. No puede parecer que te obligamos.

Entramos al estudio. Es más elegante que el de la última ocasión.

Paredes tapizadas en gris carbón, sillas de terciopelo granate y una cámara principal que nos observa desde un riel flotante.

Dos estilistas se acercan antes de que podamos sentarnos.

El maquillaje es rápido y sencillo, al menos.

Seren aparece unos minutos después desde el vestuario, con una chaqueta de satén azul que hace juego con su cabello.

Cuando comienza la entrevista, él vuelve a transformarse.

Se mueve como si no le costara llevar el ritmo de las preguntas.

Más bien, creo que nada le pesa como a mí, que todo me resulta más difícil.

Seren habla de la serie, de lo complejo de los personajes y, de la nada, comienza a sacarme de órbita.

—Trabajar con Dedrick ha sido… inspirador.

—Lo dice con tanta naturalidad que es complejo detectar si finge o no—.

Ver cómo se entrega a cada escena, cómo construye a Julien, me hace querer dar más de mí.

Aprendo de él todos los días. Es un privilegio compartir el set con alguien que ama tanto su oficio.

Habla con pausas, mide el efecto de cada palabra antes de seguir.

Se toma el tiempo para dejar claro que sabe lo que está haciendo, o como si le gustara descubrirlo en el proceso.

La entrevistadora se ríe, la cámara lo ama, y él no esquiva nada.

Mientras tanto, yo vuelvo a quedar con la mandíbula apretada hasta que todo acaba.

—No me esperaba esta faceta de adulador —le digo en el camarín—, pero bien jugado.

Seren cambia su atención de la pantalla de su celular a mí en cuestión de segundos. Por un instante, parece que va a sonreír, pero solo curva la comisura de los labios como si estuviera determinando si puede usar esa expresión fuera de cámara.

—¿Adulador? —cuestiona en voz baja—. Solo fui honesto. Ver cómo te desenvuelves en el set, cómo haces que parezca fácil, me hace darme cuenta de que tengo mucho que aprender todavía.

Pausa. Baja la mirada al celular, pero no lo desbloquea. Parece que, en su mente, aún repasa las respuestas que dio.

En la tarde, cuando llego a casa y me lanzo sobre el sofá para dormir una breve siesta, Josh me llama.

Tiene esa expresión que usa cuando algo anda mal y no tiene forma de explicarlo con palabras coherentes.

En días comunes, cuando buscamos papeles en los cuales podría encajar o cuando me contiene cada vez que fallo en una audición, es un ser humano cálido y comprensivo.

No muestra con frecuencia este tipo de comportamiento. Se ve… ¿asustado?

—¿Cómo estás? Vi la entrevista de hoy. Hellen me dijo que te notó raro.

Directo, como siempre. Odio esa pregunta. Siempre siento que alguien está a punto de decirme que fallé. Sus palabras flotan un segundo, como si buscaran dónde aterrizar en mi expresión. Ah, Hellen.

—Bien —respondo. De inmediato, me llevo una mano a la nuca y resoplo—. Me estoy adaptando.

Me pregunta si he visto las redes, si es que sé lo enganchada que está la gente desde que subieron el primer video de promoción.

Los edits de la primera entrevista ya están por todas partes.

Se enfocan en mi dinámica con mis compañeros de reparto y la comparan con la forma en que interactuaba antes.

Enfatizan en mi supuesta química con Seren, los supuestos gestos y miradas que expresan conexión.

Me burlo con las cejas alzadas, pero por dentro intento ordenar mi desastre, porque lo que más me da ansiedad, después de las promociones, es la respuesta del público a esas promociones.

Y claro que lo he visto todo. Estoy en una etapa de mi carrera en la que un error considerado mínimo me puede hundir para siempre y en la que una interacción cualquiera puede alzarme hacia el estrellato que toda mi vida he deseado. Es un limbo agobiante.

—¿Qué tan preparado te sientes para el estreno? Mañana AquilaTV lanza el tráiler y el próximo mes viajamos a Vespra.

—¿Mañana?

Josh asiente. No sé qué decirle. Ha sido rápido. Mi parte favorita de este trabajo se ha esfumado dolorosamente rápido. Evito mostrarme sorprendido, pero sé que el desconcierto automático en mi rostro es evidente para Josh.

El silencio se extiende. Sospecho que algo va mal cuando él suspira y chasquea la lengua. Aquí viene la verdadera razón de su llamada:

—Mira, he estado hablando con Ivanka…

Me explica que para Ivanka mi imagen de «hombre excesivamente centrado» es algo contraproducente al lado de su producto —Seren—, y que ya no vende como antes.

El Ded Rossel de hace diez años era bien identificado y gustaba de cierta forma, pero ahora las cosas son distintas.

Las personalidades silenciosas y centradas son menos atractivas.

Ella dice que tengo que evolucionar. Otra vez esa palabra. Evolucionar.

La última vez que intenté adaptarme para encajar terminé viendo cómo todo se desmoronaba.

Fue en una película donde tuve un papel secundario como amigo del antagonista, un actor con quien nunca logré llevarme bien.

La estrategia para forzar una cercanía entre nosotros fue similar a lo que Seren está haciendo ahora, pero se sintió diez veces más incómoda porque fui yo quien tuvo que sostenerla.

Eso me mantuvo en crisis durante toda la etapa de promoción y acabé negándome a participar en campañas posteriores.

La imagen que llevo años construyendo de pronto ya no funciona.

Porque ya hay cuentas que solo suben contenido sobre Seren.

Él es la nueva cara de Lunaris & Co. Es conveniente, atractivo y tendencia.

No somos tendencia juntos, pero estamos cerca de serlo, porque el contenido sobre nosotros también existe por algunos rincones.

Lo único que tengo que hacer es seguirle el ritmo.

La extraña dinámica entre nosotros que inicia Seren frente a la cámara no es una anomalía, está perfectamente guionizada por Ivanka Tiberi. Es bastante interesante que pretenda que su producto se relacione de forma tan directa con un Rossel. Vaya que ama su trabajo.

Así que Seren Montiel es fácil de orquestar. Nada nuevo para un novato.

Sé que Josh no está de acuerdo por la forma en que se frota la barba. Hemos creado a Ded Rossel con sangre, sudor y lágrimas. Ninguno de los dos está dispuesto a eliminarlo del camino y crear a un nuevo Ded de la noche a la mañana.

—Me preocupa esto, Dedrick.

Se me presiona el estómago. Imagino a lo que quiere llegar.

—Seren me está opacando —afirmo. Él asiente mientras presiona los labios—. ¿Y qué tienes en mente?

Ivanka ha pensado en forzar la interacción entre Seren y yo. Josh es más de estrategias un poco menos evidentes. Pero ninguna me gusta. Nada que tenga que ver con una falsa relación platónica entre nosotros me resulta agradable o conveniente.

A su manera, sé que tienen razón. La especulación vende.

La conexión, aunque sea falsa, arrastra clics, crea comunidad, genera inversión emocional.

Y si la gente empieza a hablar de nosotros —de cómo él me mira, de cómo yo le respondo—, no hay necesidad de invertir en otra campaña.

Se vuelven parte de la historia sin que se lo pidamos.

Todo es igual a vistas y dinero. Incluso puede animar a la agencia a crear mercancía de colección.

— Ritmos de ruina no es una historia de amor —aclaro.

—No tiene que serlo para que las interacciones entre ustedes sean más… cálidas.

—No quiero que la serie se venda por eso.

El mundo se inclina. Me alejo. El calor me recorre. Es rápido. Ya estoy aquí desde mi rincón, viéndome fruncir el ceño a la pantalla de mi celular.

—¿Por qué no esperar? —añado. Uh, qué reproche—. Aprovechen el éxito de la imagen de Seren por ahora. Dejen que el resto lo haga Julien y la serie cuando se estrene.

No tiene idea de cuánto me duele haber dicho eso.

Acabo de aceptar una derrota. Una vez más, el valor de un producto al que pertenezco, al que he entregado mis descansos y mi cordura, dependen de un otro.

Una vez más, sigo sin importar. Soy el protagonista, en el papel más importante y fascinante de toda mi vida, y sigue sin ser suficiente.

Me despido de Josh con un nudo en la garganta.

Él me pide una disculpa por hacer esta llamada justo hoy y no esperar hasta mañana.

No quería agobiarme. Añade, como siempre, que él cree en mí y que está dispuesto a luchar por mi carrera hasta el último recurso sin tener que presionarme a dibujar una sonrisa que vaya cargada de dolor.

Que hablará con Ivanka para buscar alternativas y le hará llegar mis sugerencias, a pesar de que no he dado ninguna.

Desearía ser fácil de llevar. Desearía poder conmigo mismo para dejar que los demás también lo hagan.

Luchar contra esa parte más exigente y resistente de mí.

Esa que se niega a mentir fuera del set, que lo encuentra repulsivo.

Pero no puedo. Estoy listo para evitar a toda costa que esto fluya, a no dejar que las miradas duren demasiado, a controlar los silencios y no ensayar en absoluto ningún tipo de interacción.

Todo se vende. Incluso lo que no somos.