El dilema de mirar un cielo estrellado 7 #2
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Seren suspira.

—Interpretar a dos personas, que siendo de mundos completamente opuestos, compiten, se desafían, se admiran sin saberlo… fue, digamos, complejo. Hasta un nivel de locura un tanto exagerado.

Guarda silencio. Lo tomo como una señal.

—Hicimos esta serie con el alma y junto a un equipo que dejó todo en cada escena.

Queremos que la vean. Que se dejen llevar.

—Seren vuelve a mover su mano para pedirme que continúe—.

Y que nos digan si también sintieron ese vértigo.

Porque Ritmos de ruina no se trata solo de un pianista y su admirador.

Se trata de sobrevivir y de rendirse a algo más grande.

Seren sonríe y asiente.

— Ritmos de Ruina . Muy pronto. Solo por AquilaTV.

—No se lo pierdan.

Un lapso de silencio. Aunque la mano me tiembla, la alzo para tocar el hombro de Seren y pedirle que me mire.

—Oye…

—¿Comenzamos? —pregunta Seren al tipo de la cámara.

Lo grabamos tres veces. En la segunda, Seren se muestra tan nervioso que por primera vez en el día lo escucho reír. En la tercera, yo también me descoloco por tener que hablar demasiado. Pero eso parece bastar. Queda bien, según el tipo de la cámara. Natural, según Velandia. Adorable, según Hellen.

El video se publica según el tiempo establecido, una tarde, dos semanas después, justo un día tras la presentación del reparto principal.

En minutos, las redes se lo devoran. Clips editados con música dramática, tweets con mil versiones del mismo corte donde Seren sonríe y me mira.

Me sorprende la cara de desagrado que naturalmente tengo, ni siquiera me sentía mal.

Lo que más se ve es el rostro de Seren multiplicado hasta el agotamiento.

Su voz, su sonrisa, sus ojos que parecen los de un cachorro incluso cuando ni siquiera pretende verse lindo.

Es hipnótico. No hay otra palabra. Y entiendo la locura, claro que la entiendo.

Veo ese rostro perfilado de mentón a frente casi a diario desde hace casi un año.

Lo que no entiendo es la fascinación por el cabello azul.

Sí, genera buen contraste con su piel, pero sigue sin convencerme del todo.

No es necesario ver la cara de Callan para saber que ha sonreído con burla todo este tiempo. Sus carcajadas estallan en el altavoz de mi celular a un punto en que debo bajarle el volumen.

Sus vacaciones han terminado. Ha tenido que regresar a su apartamento para terminar y entregar su proyecto de tesis, presentarlo y egresar de una vez por todas de la universidad.

Boomie y yo lo entendemos, pero vivimos con tristeza su ausencia, a pesar de que solo vive a media hora de distancia, en una comuna aledaña.

—Envidioso —me acusa entre risas—. ¡ Es bellísimo ! La cámara lo ama.

—No lo niego.

Bufo. Me quedo mirando el celular con el video que grabamos en loop.

El contador de vistas sube como espuma. Miles.

Luego decenas de miles. No es solo envidia lo que siento.

Es otra cosa. Algo más denso. Como si mi realidad se estuviese torciendo un poco.

Me irrita lo fácil que le resulta ocupar la pantalla.

Lo injusto que es que algo tan simple como su mirada viralice lo que a mí me tomó años construir.

Y enseguida me siento miserable por pensarlo.

Supongo que Callan nota algo en mi silencio.

Mi expresión es una sombra y me tiembla la comisura de mis labios.

Bajo los hombros y frunzo los labios como un niño al que han corregido con severidad.

Ojalá pudiera sentarse a mi lado sin decir una palabra y tomarme la mano.

Ese gesto de apoyo siempre funciona cuando ninguno tiene nada más que decir.

A pesar de que no puede verme, niego con la cabeza, pero no sé bien por qué.

No es una respuesta ni un rechazo. Es apenas un gesto reflejo, como querer borrar una frase ya dicha, una verdad que no se quiere enfrentar.

No quiero que diga nada. Aún no sé cómo nombrar lo que siento. Apenas me entiendo.

—Dedrick…

—Tranquila —murmuro—. No pasa nada.

—Sigues siendo el protagonista de la serie. Eres la cara de Ritmos de ruina , estás en el centro de la portada…

Son minutos extensos de un discurso que jamás le había escuchado.

Se siente bien, al menos, saber que no he sido opacado en su totalidad.

El argumento de lo que está pasando con Seren es la novedad, solo eso, un rostro bonito y desconocido en pantalla.

Quisiera convencerme como Callan parece haberlo hecho consigo misma.

Por la noche, Hellen me escribe para preguntarme cómo va el tiempo de exposición pública.

Porque aquí inicia su peor pesadilla: mi etapa de autosabotaje.

Y el hecho de que el público está enloquecido con Seren solo logra que su temor incremente.

No sé cómo responder sin desarmarme un poco, porque esta es la primera vez que tengo una oportunidad tan única, y no soy solo yo quien amenaza de manera constante con arrebatármela.

Me aterra que el temblor en mis manos no sea nerviosismo, sino esa vieja grieta que aparece cada vez que algo importante se acerca.