El dilema de mirar un cielo estrellado 3
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En algún punto de mi carrera, sentarme en un costado de la mesa larga, rodeado de manos que sostienen el guion como si fuera algo frágil, se convirtió en un trámite. Sin embargo, ahora mis manos tiemblan más que las de cualquiera.

Abro el guion. Reconozco el peso de las páginas, no por su número, sino por lo que prometen.

Hay textos que se sienten veloces incluso antes de ser leídos.

Este no. Este lleva el nombre de Julien Bec en la mayoría de las escenas y debo detenerme en cada una de sus páginas.

No sé si mi corazón late así por el impulso que esta oportunidad le dará a mi carrera, o porque la responsabilidad se vuelve más imperante que ayer.

Es una realidad. Está pasando, incluso si todo se siente algo lejano.

Seren, quien está sentado frente a mí, alza la vista apenas, lo justo para ubicarme. No sonríe. Asiente una sola vez, como si estuviéramos por entrar a una sala llena a dar una conferencia. Supongo que es su forma de saludar.

Liora Jensen está a mi lado. Interpreta a Aurora Bec, la esposa de Julien.

Si soy honesto, no me convence para este proyecto.

Lleva un par de años en la industria, pero solo la he visto en series de calidad irregular.

Aunque sé que las producciones mediocres suelen esconder el talento y, con un guion como el de Ritmos de ruina , Liora podría sorprender.

Desde la cabecera, Ariadna Latorre extiende la mano hacia nosotros para que iniciemos con la lectura de las primeras escenas. La atención de producción se posa en nosotros. Liora parece aproblemada con el ritmo que marca el guion, lo que me obliga a seguirle el tempo.

El texto pide pausa, respiración controlada, incluso en los momentos más simples. La relación entre Aurora y Julien es pacífica, ella funciona como su ancla, la clave para que Julien no se pierda en sí mismo cada vez que la música lo lleva de un universo a otro.

Liora levanta la vista en cada pausa. No estoy seguro de si busca mi aprobación o si evalúa lo que hago.

Se gira hacia mí, pero no logro entenderla hasta que me extiende la mano, tal como Aurora lo hace con Julien.

Eso es suficiente para demostrarme que sabe lo que hace.

Me ajusto a su propuesta, cuyo efecto es inmediato, porque algunas personas dejan los guiones para observarnos.

Seren no levanta la vista hasta que Liora cierra la escena. Latorre asiente y avanzamos hacia la primera aparición de Leonel Salvatore.

La tensión real se presenta cuando Leonel muestra sus verdaderas intenciones por medio de palabras ocultas, pero Seren lee sin énfasis, plano y sin emoción.

No actúa. Coloca las palabras una detrás de otra, como piezas bien alineadas.

Quiero pensar en que se reserva algo para después.

Si ha leído el guion con tanto detalle como para tenerlo destacado, no puede ser posible que sus emociones no existan.

Anoto al margen de mi guion, junto a los diálogos de Leonel, en los momentos donde las emociones se intensifican. Observaré esto durante las semanas que vienen.

A mitad de la sesión, Latorre levanta su mano:

—Probemos con el espacio. —Señala el espacio vacío en la sala—. De pie, ustedes dos.

Mi estómago se da vuelta cuando noto el disgusto en su rostro. Algo se ve mal en esta interacción, puedo notarlo. No quiero pensar en lo terrible que debe verse desde afuera.

“Ritmos de ruina” – Temporada 1

Episodio 2: “El admirador”

INT. SALA DE ENSAYO – TARDE

En el centro de la sala, JULIEN está sentado frente a un piano de cola. Recorre las teclas con los dedos. La cámara se enfoca en sus manos cuando comienza a tocar.

En la entrada, LEONEL observa. Avanza dos pasos, el suelo cruje y JULIEN se detiene. LEONEL detiene sus pasos.

LEONEL

Perdón… no quería interrumpir.

JULIEN

(sin girarse)

No lo haces.

Seren debería dar un par de pasos hacia adelante, pero no lo hace.

El equipo empieza a mirarse entre sí. No tengo más opción que acercarme.

Sé que así no es como debe ser, por lo que titubeo al segundo paso y al tercero me detengo.

Seren repite sus líneas sin apartar la mirada del guion.

Tiene las orejas rojas, delatan que su nerviosismo no forma parte de la actuación.

Las ganas de estamparle el guion en la frente regresan.

Actuar la locura —todavía camuflada— es difícil, lo sé.

En este punto de la historia, Julien aún no entiende que algo ocurre con Leonel.

No ha notado que lo sigue a todas partes, que busca su atención, que esta irrupción en su espacio de trabajo es solo el primer desliz.

La escena exige tensión, sí. Pero no esta tensión.

La vergüenza que Seren arrastra es impertinente, casi ridícula.

No está entendiendo lo que tiene que hacer.

Es como intentar interactuar con una tabla.

Carraspeo para llamar su atención. Seren alza la mirada. Levanto ambas cejas, una pregunta muda: «¿qué diablos te pasa?».

Latorre alza la mano para pedir silencio cuando Sam, la asistente de producción, trata de intervenir con un movimiento que parece cambiar algo en Seren, pues aclara su garganta y toma el guion con fuerza.

LEONEL avanza un poco más hacia JULIEN , pero mantiene distancia. Hace breves pausas al hablar.

LEONEL

Soy Leonel.

Te escuché tocar hace unos días.

No aquí. En otro lugar.

JULIEN deja la mano suspendida sobre el teclado. Entonces lo mira por primera vez.

JULIEN

¿Llegaste a cruzarte conmigo?

LEONEL asiente.

Ahora espera. Demasiado. Ajusta su respiración y se aferra al texto, como para no perderse. Cambia una inhalación por una palabra más rápida. Funciona. No debería haberla encontrado tan rápido. Y yo no debería mostrarme tan sorprendido.

Intento mantener mi postura al ver que las expresiones de Seren se transforman. Su semblante, hasta entonces impasible, encuentra una forma distinta. Seren ya no está del todo aquí, Leonel Salvatore empieza a ocupar el espacio.

LEONEL

Solo por un instante.

Creo… El tiempo ahí funciona distinto.

La respuesta basta para que JULIEN confirme que LEONEL dice la verdad.

JULIEN

No muchos regresan con recuerdos claros.

LEONEL sonríe, incómodo.

LEONEL

Parece fácil cuando tú lo haces.

JULIEN lo observa con atención. No hay vanidad en su gesto, tampoco falsa modestia.

LEONEL

Nunca había visto a alguien viajar así.

Dicen que eres el único.

Me quedo con la boca abierta, mis líneas detenidas en la lengua. Latorre interrumpe.

—Es suficiente.

Está con el mentón en alto y una sonrisa mínima de satisfacción. Sus ojos no se mueven de Seren Montiel, que acaba de convertir una situación ridícula en algo irrebatible. Hace dos minutos parecía a punto de huir y ahora… nos ha dejado inmóviles.

Se me cierra el estómago. Evito las miradas y vuelvo a mi lugar.

Acepto que ha sido notable, sí, pero finjo que no ha sido increíble, que no me ha sorprendido.

Esto es lo mínimo que se exige a un actor: saber actuar.

Y lo hace bien. Quiero decir algo. Felicitarlo, quizá.

No lo hago. Bajo la vista al guion y sigo leyendo hasta que la reunión termina con todos satisfechos con la creación de Latorre, y yo intacto en apariencia.