Capítulo 26 Caminando a la inmortalidad #5
Por eso se aseguraban de que ningún enemigo sobreviviera a sus mordidas: no estaban dispuestos a concederle ese honor a cualquiera.
Nos divertíamos peleando entre nosotros y, sobre todo, los licántropos tenían la gentileza de darnos espacio a Nirash y a mí.
Sabía que no podría tocarla durante un buen tiempo y estábamos aprovechando nuestros últimos días.
Después de la siguiente luna llena, tendría que aprender a controlar mis instintos y mi fuerza para no despedazar a Nirash con un simple abrazo.
Los días transcurrieron a mayor velocidad de la que me habría gustado.
Había abierto con alquimia un agujero en el techo para permitir que entrara la luz de la luna, y la propia Luna iba a morderme para activar mis poderes.
Según lo que me habían explicado, aquello era muy similar a poseer un gen desactivado.
Las cadenas estaban fijadas al suelo y a mis muñecas.
La luz plateada de la luna me iluminaba mientras Nirash me dirigía palabras de aliento.
—No tienes que quedarte a ver esto —le dije al observar su expresión preocupada.
—Lo sé, pero no voy a dejarte solo.
—Mantente a una distancia segura.
—Claro.
Percibí el sarcasmo en su voz.
—No te preocupes, alquimista. Yo me encargaré de eso —dijo Luna mientras comenzaba a quitarse la ropa.
—¡Luna! ¿Te importa?
—La desnudez es algo normal en la vida de los licántropos y no tengo tanta ropa como para romperla solo por transformar a tu novio.
—Leo, cierra los ojos.
Comencé a reír.
Luna era una mujer hermosa cuando su cuerpo no estaba distorsionado por la licantropía, pero yo solo tenía ojos para Nirash.
Aunque, de haber estado Hicoro presente, habría tenido que encadenarlo para impedir que se lanzara sobre ella.
—¿Listo, alquimista?
—Listo —respondí con nerviosismo.
—Tú puedes, amor.
Nirash me dio un beso cargado de pasión y preocupación.
Nunca había presenciado una transformación licántropa desde tan cerca.
El proceso fue rápido.
Luna aumentó de estatura y su cuerpo se cubrió de pelo. Su cara se transformó en la de un enorme lobo de color chocolate y su hocico mostró dientes afilados como navajas.
Mi instinto me gritaba que debía huir, defenderme y proteger a Nirash.
Estuve a punto de transmutar las cadenas en una espada y utilizarla para enfrentar a Luna, pero aquello era precisamente lo que debía evitar.
Cerré los ojos y esperé la mordida.
Los dientes de Luna se cerraron sobre mi hombro izquierdo.
Sentí la sangre deslizarse por mi brazo hasta alcanzar el suelo y pude oír y sentir cómo mi clavícula se hacía pedazos.
El dolor me invadió al instante.
Me faltaba el aire y hacía todo lo posible para no gritar.
Abrí los ojos y vi cómo Luna recuperaba su forma humana, se ponía una bata y abrazaba a Nirash, quien tenía los ojos cubiertos de lágrimas y las manos sobre la boca.
—Te amo —dijo con un hilo de voz.
Quería responder.
Quería decirle que yo también la amaba, pero un dolor diferente al de la mordida tomó el control de mi cuerpo.
Sentía el corazón latiendo con fuerza y cada una de las células de mi cuerpo retorciéndose y cambiando.
Era como si incluso ellas estuvieran aullando.
Un grito de dolor desgarró mi garganta.
La vista se me nublaba y me sentía confundido.
Lo normal cuando alguien sufría heridas era que perdiera calor. Sin embargo, mi temperatura corporal aumentaba como si tuviera fiebre.
Con un esfuerzo sobrehumano, observé mi hombro, que ya había dejado de sangrar.
El proceso fue más lento de lo que esperaba.
Pensaba que me transformaría de inmediato, pero las horas pasaban mientras mi cuerpo se agitaba y convulsionaba.
Sentía cómo mis músculos se volvían más poderosos.
Mi vista mejoraba. Percibía las cosas con mayor claridad e incluso podía ver en los rincones de la habitación donde dominaban las sombras.
Mi oído se volvió increíblemente agudo.
Escuchaba mi respiración agitada, mi corazón palpitando a toda velocidad y los sollozos de Nirash.
Mi mente se llenó de recuerdos molestos y dolorosos.
El sufrimiento de mi cuerpo y la ira parecían volverme más fuerte.
Las cadenas se tensaban y temblaban como las cuerdas de una guitarra.
Una parte de mi mente se preguntó si realmente podrían soportar el esfuerzo al que estaban siendo sometidas.
El dolor era tan intenso que solo gracias al sonido procedente de mi clavícula comprendí que había regresado a su posición original y que el hueso se había soldado.
Entonces advertí que los cortes que las cadenas producían durante mis forcejeos cicatrizaban al instante.
—Cubre tus oídos —le oí decir a Luna.
Sus palabras iban dirigidas a Nirash y comprendí su significado de inmediato.
Una fuerza descomunal circuló por mis venas.
Sentía cómo mis huesos crecían y mis músculos se tensaban.
Mis dedos se convirtieron en garras.
Incluso mi brazo derecho se cubrió de pelo y las cadenas vibraron bajo la fuerza que ahora poseía.
Mi mente se volvía cada vez más salvaje e instintiva.
Mis ojos se dirigieron hacia la luna, que brillaba justo sobre mí.
De mi garganta surgió un aullido cuya potencia me sorprendió.
Finalmente, me había transformado en licántropo.