Capítulo 26 Caminando a la inmortalidad #4
—Los licántropos auténticos necesitan que otro licántropo los muerda para que sus poderes se activen.
Habló rápidamente para no darme tiempo de responder.
—Sabes que muero de preocupación cada vez que estás en una batalla. También sé que intentas negarlo para que no me sienta mal, pero antes de conocerme nunca habías estado tantas veces a punto de morir. Si te convirtieras en licántropo…
—El factor de regeneración me mantendría a salvo.
—Además, serías casi inmortal, siempre y cuando te transformaras con regularidad. También podrías entrar en mi campamento sin que nadie se diera cuenta. Pero no puedo pedirte algo así.
—¿Por qué no? —pregunté, entusiasmado—. Tú estás a punto de alcanzar tu madurez mágica y no me molestaría ser más rápido, fuerte y longevo.
Nirash, al igual que Frigian, pertenecía a una especie mágica que envejecía con mayor lentitud una vez que alcanzaban la madurez de su magia.
Ser casi inmortal me permitiría pasar mucho más tiempo junto a ella.
—Pero te estaría obligando a cambiar.
—No —respondí mientras tomaba su rostro entre mis manos—. Solo sería un poco más difícil matarme y podría permanecer contigo para siempre.
Me tomó varias horas convencerla de que estaba de acuerdo con mi transformación.
Para ser honesto, también tuve que convencerme a mí mismo.
Tenía miedo de dejar de ser quien era.
La posibilidad de transformarme en un monstruo casi inmortal, cuyo límite estuviera determinado por la cantidad de energía que poseyera mi cuerpo, me provocaba incomodidad, pero, sobre todo, una enorme curiosidad.
La cantidad de ventajas superaba los inconvenientes.
Luna era digna de la confianza absoluta de Nirash, así que yo también me vi obligado a confiar en ella.
La manada de Luna no representaría ningún problema.
Debido a su forma de organización, les resultaba literalmente imposible traicionarnos.
Comenzamos a planear mi propio secuestro.
Nos dimos cuenta de que, irónicamente, el lugar más seguro para llevar a cabo mi transformación sería una base militar abandonada que los magos habían ocupado.
Nirash podía asegurarse de que nadie se acercara al ordenar que cedieran la base a los licántropos.
Además, se encontraba lo suficientemente apartada como para que pudiera entrenar y aprender a dominar mis poderes antes de regresar a la civilización.
—¡SEÑOR, NOS ESTÁN HACIENDO PEDAZOS!
Aquello formaba parte del plan.
Nirash combatía junto a los licántropos y el número de bajas de ambos bandos era mínimo, tal como lo habíamos previsto.
—¡RETIRADA!
—¡ATRAPEN AL ALQUIMISTA! —gritó Nirash cuando me disponía a huir junto con mi escuadrón.
Mi pistola poseía un nuevo círculo de transmutación.
La bala únicamente tocaría el cuerpo del enemigo y liberaría una descarga de energía que lo dejaría inconsciente.
Era lo suficientemente creíble para que pareciera que me defendía de verdad.
—¡LEO! —gritó Hicoro mientras luchaba por llegar hasta mí.
—¡RETIRADA! ¡ES UNA ORDEN, TENIENTE!
Vi el dolor en el rostro de Hicoro cuando tuvo que abandonarme.
Tampoco podía hacer demasiado.
Los licántropos los seguían de cerca y, si se hubieran quedado, todos habrían muerto.
Las órdenes eran claras: no podíamos sacrificar a un escuadrón completo para salvar a un solo hombre, aunque ese hombre fuera un Sebakhem.
—¿Ya se fueron? —pregunté desde el suelo, mientras al menos cinco licántropos fingían luchar contra mí.
—Sí. Luna, por favor, retira a tus lobos antes de que alguno muerda a mi novio.
Sentí que una energía cercana cambiaba.
—¿No es esa la razón de todo esto, amiga?
Los licántropos, siguiendo una orden imperceptible para mí, me rodearon.
—Leo…
La voz de Nirash expresaba lo difícil que aquello resultaba para ella.
—Lo sé.
Cerré los ojos mientras esperaba el conjuro que me golpearía y me dejaría inconsciente.
Teníamos que cubrir todas las posibilidades.
Si alguien nos había seguido, le parecería mucho más creíble que me secuestraran estando inconsciente y no que caminara de la mano de Nirash.
Según me había explicado, sería mejor transformarme durante la luna llena.
De ese modo, el proceso resultaría más sencillo.
Además, era bastante conveniente: solo faltaban unos días y pensaba aprovecharlos de la mejor manera posible.
—Buenas noches, alquimista.
La voz era suave y femenina.
—¿Ya despertó? —preguntó Nirash.
—Estoy segura de que ya puede escucharnos. Su respiración cambió y su corazón late más rápido.
—No lo sé. ¿Habré utilizado demasiada magia?
—Claro que no, amor —respondí mientras abría los ojos—. No había dormido durante varios días y creo que mi cuerpo aprovechó para recuperar algunas horas de sueño.
Nirash estaba sentada junto a la cama y Luna permanecía frente a mí.
—Buenas noches, Anna.
Se aproximó y me dio la mano para saludarme.
Aquella mujer me resultaba sorprendente.
Sus manos eran suaves, pero fuertes, y su belleza era evidente.
Habría podido pasar por una persona normal si no la hubiera visto transformarse en licántropo desde la distancia.
—Dime Luna —respondió con una sonrisa—. Me han hablado mucho de ti.
—Igualmente.
—Tengo que admitir que saben luchar. Los licántropos no somos fáciles de derrotar.
—Gracias, aunque ustedes consiguieron forzarnos a retirarnos.
—Es cierto.
Su sonrisa reveló unos dientes impecablemente blancos y bien alineados, muy diferentes de lo que podría imaginarse al pensar en la boca de un licántropo.
—¿Nos siguieron?
Esta vez dirigí la pregunta a Nirash.
—No. Logramos perderlos desde el campo de batalla.
—Excelente —respondí mientras me levantaba de la cama.
—Alquimista, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Desde luego.
—¿Cómo demonios lograste enamorar a Vesta?
Me volví hacia mi novia y sonreí.
—La secuestré.
Un golpe amistoso, demasiado fuerte para mi gusto, precedió su respuesta.
—¡Así se hace, alquimista!
Luna dirigió la mirada hacia Nirash.
—Amiga, este de verdad me gusta para ti. Espero que sea tan poderoso como dices.
—¿No podemos hablar de esto después? —preguntó Nirash con nerviosismo.
—No se preocupen. Ya sé que la transformación es peligrosa y que el entrenamiento será difícil.
—No hablábamos de eso —aclaró Luna—. Alquimista, ¿quieres luchar conmigo? Será un combate amistoso. Necesito averiguar qué tan fuerte eres para decidir si debemos traer cuerdas o cadenas.
—¿Vas a estar en el mismo cuarto durante mi transformación? —pregunté a Nirash.
Era tan terca que no lograría disuadirla de aquella idea.
Lo mejor que podía hacer era asegurarme de protegerla.
Nirash asintió.
—Cadenas. Además, me ofrezco a fabricarlas yo mismo. Agradecería que tus hombres trajeran algo de metal, pero, aun así, estaré encantado de combatir contigo.
—Hecho —dijo Luna con una sonrisa lobuna.
Faltaba menos de una semana para que hubiera luna llena y mi nerviosismo aumentaba.
El metal que había preparado era una aleación que utilizábamos para levantar tanques de guerra. Suponía que mi fuerza no podría superar su resistencia.
Los hombres de Luna eran excelentes personas. Aun así, me aseguraron que probablemente solo ellos verían con buenos ojos la relación que Nirash y yo manteníamos.
Luna era una excelente amiga de Nirash y se ganó un lugar en mi corazón con una rapidez increíble.
Era fascinante hablar con ella. Aunque aparentaba apenas unos veinticinco años, en realidad tenía más de trescientos años y, durante todo ese tiempo, nunca había tenido una amiga como Nirash.
Ella le había salvado la vida en más de una ocasión y Luna estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por ella, incluso aceptar que su novio fuera un Sebakhem y transformarlo en licántropo, algo que, desde su punto de vista, constituía un verdadero honor.