El Diario del Alquimista Capítulo 15 En necesidad del mundo ¿real? #2
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Capítulo 15 En necesidad del mundo ¿real? #2

Vesta estaba a punto de reclamar algo, pero su rostro se transformó rápidamente en una amplia sonrisa.

—Claro, sería un placer. Te espero.

Se levantó de la mesa y salió de la cocina.

—¿Eso es bueno? —pregunté con nerviosismo.

—El mejor para enseñarte a manejar esos poderes sería Leo. Al fin de cuentas, tus poderes son un derivado de los suyos, pero mientras él no esté, mi hermanita te puede enseñar. Es muy hábil con esos poderes, créeme.

—Yo hablaba de la cara que hizo, parece que está planeando algo —dije con nerviosismo.

—Para nada, Vesta jamás haría algo así —dijo Azul confiado, aunque Rubiel parecía igual de preocupado que yo.

El resto del desayuno transcurrió normalmente. Me preguntaron algunos detalles de mi sueño, pero al parecer lo que mencionaba solamente era útil para confundirnos.

—Pero, Rubiel —dijo Neritha—. Tú te la pasabas todo el tiempo con él, alguno de esos lugares tiene que ser familiar para ti.

—Lo sé, pero hemos viajado demasiado y conozco muy bien a Leo. Si él quisiera que lo encontráramos, nos daría alguna clave.

—¿Y si nos está dando las claves necesarias y yo no las puedo entender? —pregunté con cierto remordimiento de conciencia. Era posible que él estuviera permitiendo todo esto para pedir ayuda y que, gracias a mí, sus amigos fueran capaces de proporcionársela.

—No lo creo —contestó Rubiel, mientras Azul negaba con la cabeza.

—Leo es un maldito egocéntrico y orgulloso. Le cuesta mucho trabajo pedir ayuda, pero no es idiota: la pedirá cuando lo necesite.

—Si es que lo necesita —dijo Rubiel completando la frase de Azul—. No te preocupes, lo he visto hacer cosas increíbles.

—El maldito siempre tiene una carta bajo la manga. No sé cómo lo hace, pero es como las cucarachas: por más que lo pisen, consigue salir con vida —dijo Azul con una sonrisa, y contestó una llamada de negocios que lo obligó a ir a su oficina a revisar unos papeles.

—Ten mucho cuidado con Vesta, creo que te tiene preparado algo especial para hoy.

—Sí, me di cuenta. ¿Tú no quieres a Vesta?

—Claro que sí la quiero, solo que nuestra relación es un poco… extraña, por así decirlo. Tengo muchos motivos para odiarla y para querer matarla, pero tengo más razones para estarle agradecido.

—Supongo que tiene que ver con Leo, ¿cierto?

—¿Ya llegaste a esa parte? —dijo Rubiel francamente asustado.

—¿A qué parte?

—A… este… no, ninguna. Discúlpame, estoy loco. Yo… voy a ver cómo está mi mujer… Provecho.

Rubiel salió de la cocina rápidamente, dejándome a solas con Neritha.

—¿Qué le pasa? —pregunté.

—Mi mejor teoría es que después de tantos siglos de golpes en la cabeza se volvió idiota, pero era así antes de conocerlo, por lo que no puedo saberlo con certeza —dijo Neritha riéndose—.

Pero no te preocupes, ya lo descubrirás.

Esta familia tiene demasiados secretos y es posible que, gracias a ti, algunos sean revelados.

La mirada de Neritha se perdió por un momento en el infinito con añoranza, como si imaginara un futuro hermoso o recordara tiempos de felicidad. Después me dio un beso en la frente y comenzó a levantar los platos sucios.

Agradecí por el desayuno y ella prometió que llevaría comida y bebida a mi cuarto después de que entrenara con Vesta, para que no tuviera que interrumpir mi lectura del diario. Ella lo consideraba de mayor importancia que mi entrenamiento mágico.

Nuevamente me encontraba en el cuarto de entrenamiento y Vesta tenía una cinta en la mano.

—Ponte esto en los ojos —dijo con un tono jovial.

—¿Para qué?

—Simple, vamos a ver si en verdad tienes tantos poderes como Leo.

Chasqueó los dedos y la cinta se aferró con firmeza a mi cabeza, cubriendo mis ojos.

—¿Qué vas a hacer? —pregunté con nerviosismo.

—Simplemente te voy a atacar un poco. No te preocupes, ningún poder te va a lastimar. Solo tienes que sentirlos y ver de dónde vienen para esquivarlos o defenderte, cosa que se supone ya sabes hacer.

—¿QUÉ? ¿Esto es porque escuché la canción?

Sabía que ese comentario había tenido un efecto en Vesta a la hora del desayuno, así que esperaba que el hecho de que me hubiera dado cuenta sirviera para que se tranquilizara.

Estaba equivocada.

Sentí como si el aire a mi alrededor me hubiera golpeado, haciéndome caer al suelo.

—Te contesto cuando logres esquivar mis ataques.

Intenté quitarme la cinta de los ojos, pero era imposible y definitivamente no me atrevía a hacer una esfera de energía tan cerca de mi cara.

—Ahí va otra.

Intenté concentrarme y, pese a que en esta ocasión fui consciente de un cambio en la energía que estaba a mi alrededor, no fui capaz de esquivar el ataque.

—¿Qué pasó con esos poderes de visión? Leo los hubiera esquivado sin problema.

Sentí la formación de una nueva esfera de energía, mi miedo y nerviosismo eran inmensos, tanto que hice algo que jamás pensé llegar a hacer. Cargué una esfera de energía y la lancé con todas mis fuerzas frente a mí.

—Muy bien, empiezas a defenderte, pero no creo que sirva de mucho que apuntes en direcciones opuestas.

El ataque de Vesta se estrelló en mi espalda.

Esta situación se repitió por cinco minutos. Durante ese tiempo, podía escuchar cómo las cosas a mi alrededor explotaban por mis ataques, aunque en ningún momento logré lastimar a Vesta. Ya no sabía a quién temerle más, si a los demonios o a ella.

Después de un ataque que me derribó y me sacó el aire, pedí un tiempo. Conforme peleaba, me parecía más fácil ubicar la procedencia de los poderes, pero aún no era lo suficientemente hábil.

—¿Qué te parece que dejemos el entrenamiento por hoy? —dijo Vesta, al tiempo que escuché un chasquido y la cinta desapareció de mis ojos—. Al fin de cuentas, eres casi una mortal común y corriente.

En ese momento entendí lo que Leo sentía por Wilson. No estaba segura de querer pertenecer al mundo mágico, pero estaba segura de que no me iba a dejar vencer por Vesta. Ella podía saber muchas más cosas que yo y ser más poderosa; pero iba a demostrar que no era común y corriente.

Todos los días veía en sueños cómo Leo luchaba por su vida. Estaba segura de poder aprender algo de esos sueños y, por lo que había visto, sus poderes eran enormes. Además, era consciente de que aprendía bastante rápido.

Mientras Vesta salía del cuarto de entrenamiento, dejé que mi coraje se concentrara en mi mano. Una enorme esfera turquesa destruyó a uno de los maniquís.

Ahora tenía un nuevo motivo para leer el diario. Sabía que en él podría encontrar información que me ayudara a molestar a Vesta. Ella podría ser poderosa, pero no tenía acceso al diario que deseaba conocer.

Mientras destruía maniquís para relajarme, tomé la decisión de que, durante mi estancia en el palacio, iba a aprender tanto como pudiera, simplemente para probar que era mejor que ella.

Regresaba mucho más relajada a mi cuarto y era consciente de que ya no era la misma mujer que había llegado hacía unos días. No sabía si encajaría en el mundo mágico y mucho menos si en algún momento podría regresar al mundo en el que había vivido toda mi vida; pero había algo nuevo en mí.

Destruir esos maniquíes despertó en mí una curiosidad acerca de mis propios límites.

Cada vez me cansaba menos al hacer esferas de energía.

La telequinesis era tan fácil de utilizar que parecía que la hubiera usado toda mi vida, así que decidí hacer una tarea doble al recostarme en mi cama y empezar a comer un poco.

Iba a leer el diario de Leo, pero mientras lo hacía, me iba a concentrar para detectar todas las presencias que había en el palacio.

Así, al otro día estaría lista para detener los ataques de Vesta, y cuando lo lograra, iba a hacer una pregunta que fuera más dolorosa para ella que todos los ataques que me había dado.

Pero, para eso tenía que esperar y descubrir en qué parte del diario aparecía ella.