El Diario del Alquimista Capítulo 14 La vida de un arma #11
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Capítulo 14 La vida de un arma #11

—Necesito que alguien lo active, y el único que sabía cómo hacerlo era el inútil de Eleazar. Así que ahora voy a conseguir ese poder y me voy a convertir en el alquimista más poderoso de Auralia, así tenga que arrancarte los ojos.

Comencé a reírme de él.

—Puede que tus conocimientos en magia sean superiores a los míos, pero soy mejor alquimista que tú.

—Eso está por verse, hermanito.

—Adelante, te estoy esperando, “hermanito”.

Él no era el único que contaba con nuevas cartas bajo la manga. Gracias al análisis que había hecho de las investigaciones de los alquimistas, ahora era más poderoso que nunca.

No hace falta decir que ninguno de los dos necesitábamos la más mínima invitación para comenzar a pelear.

Se acercó rápidamente y lanzó una esfera de energía que desvié con telequinesis, ambos intentábamos tocarnos, era todo lo que necesitábamos para matarnos, nuestras manos se encontraban cubiertas de energía, la cual desviábamos o deteníamos con escudos mágicos.

Sentía que peleaba en contra de un espejo.

Nuestros movimientos se anticipaban por una fracción de segundo.

La telequinesis de ambos nos lanzaba al suelo con tal violencia que nos veíamos forzados a lanzar esferas de energía para mantenernos a cierta distancia, el efecto del conocimiento absorbido por él era evidente, técnicas alquímicas desconocidas para mí aparecían una tras otra a una velocidad increíble.

Una línea plateada cruzó frente a Wilson muy cerca de su cuello.

Hicoro había logrado incorporarse lo suficiente como para lanzarle un cuchillo.

—NO TE METAS, MALDITA BASURA.

Wilson creó un rayo de color dorado en su mano y lo lanzó contra Hicoro.

Tenía que hacer algo para detenerlo, pero no estaba lo suficientemente cerca como para quitarlo y era demasiado tarde como para usar telequinesis, un escudo esmeralda se materializó frente a él, deteniendo el rayo.

Desgraciadamente, eso había dejado expuesta mi defensa.

Un pequeño pico de cemento voló a una velocidad vertiginosa contra mí causándome un corte en el brazo derecho.

Dejé que el dolor me invadiera y que el odio fluyera junto con mi energía, por un instante fui capaz de ver el flujo de mi energía hacia el brazo de Wilson.

Una explosión fue acompañada de un grito de dolor.

—¿QUÉ DEMONIOS HICISTE?

—Fragoquinesis. Ahora estamos iguales.

No había duda, Wilson tenía mayores conocimientos mágicos, pero él no se había dedicado a pelear tanto como yo. Dejé salir mi poder con libertad y violencia, el suelo comenzó a resquebrajarse por los rayos de transmutación que era incapaz de controlar.

Wilson copió mi acción y, como si nos hubiéramos coordinado, lanzamos un rayo esmeralda y dorado contra el otro con tal precisión que se unieron y empezaron a formar una esfera que combinaba la energía de ambos y se acercaba a mí cada vez que dejaba de imprimir suficiente energía como para alejarla.

Después de unos segundos, la energía alcanzó un nivel crítico, dando lugar a una explosión que nos lanzó por los aires a los dos.

Estaba exhausto, y podía ver, por su forma de respirar, que él se encontraba igual de cansado.

—Creo que esto tendrá que seguir en otra ocasión.

—NO TE ATREVAS.

—Adiós, Leo —dijo mientras un golpe con telequinesis me arrastraba un par de metros por el suelo.

Pude ver un resplandor dorado que indicaba que había realizado un conjuro de teletransportación. Me hubiera encantado seguirlo, pero Hicoro se estaba desangrando frente a mis ojos. Era perseguir a un enemigo, el cual tenía la certeza de enfrentar en otro momento, o salvar a Hicoro.

Me abalancé sobre él y con todo el poder que el ojo del alquimista me podía proporcionar en ese momento empecé a retransmutar las células dañadas para unirlas nuevamente.

Nunca había realizado una transmutación igual, ahora entendía por qué los médicos alquimistas utilizaban catalizadores de poder cada vez que curaban con alquimia, la cantidad de energía que consumía era asombrosa.

—¿Estás bien? —pregunté a Hicoro mientras me tambaleaba.

Hicoro volteó a ver su herida, la cual había cicatrizado de una forma prácticamente perfecta; ahora solamente se veía una pequeña herida superficial.

—Sí, de hecho me siento bastante… ¿Leo, estás bien?

Hicoro se incorporó lo suficiente como para poder detenerme en el momento en que mis rodillas tocaron el suelo.

—Tienes que ir a un hospital.

—No —dije con las fuerzas casi extintas.

—Entonces, ¿qué hago? —dijo con desesperación.

—Solo necesito descansar, llévame con Vulcan.

Estaba esforzándome para que mis pensamientos tuvieran algún tipo de congruencia, sentía que la hemorragia en mi brazo aumentaba, no entendía por qué si mi energía disminuía mi sangre fluía más rápidamente fuera de mi cuerpo.

Hicoro me cargó en sus brazos prácticamente sin esfuerzo y me llevó afuera en donde estaba Vulcan, el cual se encontraba preocupado.

—¿Ahora?

—Vulcan, llévanos a casa.

Para sorpresa de ambos, Vulcan invitó a Hicoro a subir conmigo. En realidad, lo obligó, ya que en el momento en que Hicoro me dejó sobre el lomo de Vulcan, este lanzó una bola de fuego hacia él.

Lo último que escuché antes de quedarme dormido fue un sonoro “HIJO DE” en el momento en que Vulcan inició el vuelo.

Me sorprendió despertar en mi cama y con el brazo vendado, tardé un par de segundos en lograr enfocar la vista con claridad.

—Leo, ¿estás bien?

Fue aún más sorprendente encontrar a Hicoro sentado en una silla junto a mi cama esperando mi despertar.

—Me duele un poco la cabeza. ¿Cómo llegamos aquí?

—La maldita cosa esa me dejó en el balcón junto contigo.

El silencio se apoderó de la habitación hasta que Hicoro lo rompió.

—¿Qué me hiciste?

—Intenté curarte, después no estoy muy seguro de lo que pasó.

—Te pusiste blanco, nunca te había visto así, estabas helado.

—Estaba cansado, mi cuerpo no puede manejar la energía correctamente cuando estoy en ese estado.

—Me salvaste la vida, sentí que me estaba muriendo y de un momento a otro fue como si la fuerza regresara a mí.

—Era energía, te di buena parte de la mía para que te curaras.

—Fue, ¿magia?

—Un poco de magia y un poco de alquimia, estoy seguro de que Eleazar lo hubiera hecho mucho mejor que yo.

—Estoy vivo, hombre, ¿qué más quieres?

—Hubiera sido genial matar a Wilson.

—Ese tipo, ¿en verdad es tu hermano?

—Desde luego que no, él dice que somos hermanos porque ambos somos hijos de Atlantis, pero no tenemos nada que ver.

Eso dejó una duda en mi cabeza.

—Hicoro, ¿tú tienes hermanos?

Él negó con la cabeza antes de contestar.

—No, ninguno que yo sepa, hubiera sido interesante tener alguno, pero mis padres murieron antes de poder hacerme uno —dijo con ironía.

—Igual.

—¿Sabes algo? Muy pocas personas han visto lo que yo acabo de verte hacer y la verdad es un secreto bastante fuerte como para que un amigo cargue con él.

—No entiendo a dónde quieres llegar.

—Bueno, tú no tienes hermanos, yo tampoco y considerando lo que hemos vivido se podría decir que somos hermanos de armas, ¿no crees?

—Supongo que sí.

—Bueno, nunca nadie había intentado salvar mi vida a costa de la suya.

—Igualmente, te enfrentaste a un demonio armado con un cuchillo —dije con una pizca de risa en la voz.

Hicoro sacó un cuchillo y realizó un corte en la palma de su mano.

—¿Qué dices, hermano?

Tomé el cuchillo y realicé un corte idéntico en mi mano.

—Por qué no, supongo que va a ser interesante tener un hermano que tenga músculos más grandes que su cerebro.

Hicoro se rió al tiempo que nos dábamos la mano.

—Oye, yo no estoy diciendo nada de que tengo un hermano que además de pequeño es una aberración de la naturaleza.

Una buena carcajada fue inevitable para los dos.

—¿Puedes levantarte, hermano?

—Sí, además necesito algo para comer, me estoy muriendo de hambre.

—Eso me recuerda, no tienes nada de comida en tu casa.

—Claro que sí… tenía.

Hicoro empezó a ponerse rojo mientras hablaba.

—Eres un mastodonte, ¿te tragaste toda mi comida?

—Oye, oye, oye, ni que hubieras tenido mucha.

Hicoro ayudó a levantarme.

—No te preocupes, hermano, esta vez yo invito.

En ese momento, no tenía idea de que ese pacto de sangre tendría repercusiones mucho más grandes de lo que jamás hubiera imaginado, y me vincularía con Hicoro de maneras que incluso años después seguirían siendo un misterio para nosotros.