Capítulo 12 Forjando alquimistas #6
De lo primero que me di cuenta fue de que la rebeldía de Vulcan había cambiado para transformarse en obediencia y lealtad. No era algo impuesto por mi poder, sentía que el sentimiento era honesto y además recíproco.
En ese momento no podía pensar en que algo malo le pasara a Vulcan, era demasiado importante, el vínculo que ahora nos unía nos había transformado en dos caras de la misma moneda.
Los siguientes entrenamientos fueron tan efectivos como innecesarios.
Ya no necesitábamos practicar tanto, solo tenía que pensar en cambiar de dirección para que Vulcan lo hiciera.
Cuando estábamos separados había una conexión entre nosotros, pero cuando montaba a Vulcan éramos uno mismo, él podía ver lo que yo veía y escuchar todo lo que yo pensaba, al igual que yo con él.
La puntería de Vulcan era mortal, no fallaba un solo disparo y además podía lanzar el fuego en una ráfaga constante, la cual resultaba en un lanzallamas que yo estaba feliz de no tener que poner a prueba contra mí.
Para ese momento, la silla de montar era innecesaria, Vulcan y yo nos coordinábamos tan bien que la silla era más un estorbo que una ayuda.
Por fin era el día de la competencia y estábamos listos para superar casi cualquier prueba.
En cuanto llegamos todos a la explanada donde se iba a realizar la competencia, pude ver que Vulcan no era el único que tenía una armadura.
Los demás habían colocado algunos círculos de transmutación sobre el equipo de sus hipogrifos; pero el único que en verdad me causaba preocupación era el de Wilson.
Estaba seguro de que había empleado magia y la encubriría con alquimia, pero no estaba seguro de qué conjuros hubiera hecho o qué modificaciones había sufrido su hipogrifo por medio de la magia. Definitivamente esa no iba a ser una pelea justa para los demás, pero yo tenía un arma secreta.
Los poderes de Vulcan y la coordinación que habíamos alcanzado eran una combinación que no se debía tomar a la ligera, la cual afortunadamente pasaba inadvertida por los demás participantes.
—Veo que le pusiste una armadura al pedazo de piel con alas que te tocó, es una buena idea, aunque no esperes que sobreviva, Aurum y yo vamos a ganar esta competencia.
—Yo no espero que sobreviva. Estoy seguro de que lo va a hacer, así como estoy seguro de que vas a perder frente a nosotros.
Wilson se encontraba junto a su hipogrifo, el cual, para ser honestos, tenía un tamaño descomunal.
—Mi padre contrató a los mejores entrenadores de hipogrifos de Auralia. Aurum está listo para hacer pedazos a tu hipogrifo con los ojos cerrados.
—Se llama Vulcan, y es posible que, si te diriges a él con respeto, tenga algún tipo de consideración contigo.
Wilson emitió una prolongada carcajada.
—Suerte, Leo, la vas a necesitar. Aurum, nos vamos.
Nuestros hipogrifos se miraban con la misma rivalidad que sentíamos nosotros, y la tensión en el ambiente era generalizada. Todos nos encontrábamos junto a nuestros hipogrifos esperando el silbatazo que diera inicio a la última prueba.
Las reglas eran simples, el último en permanecer en su hipogrifo era el ganador. Los competidores podían retirarse o volver al campo y, si alguien caía de su hipogrifo, podía volver a montarlo.
Solamente estaba prohibido matar a los competidores, pero matar al hipogrifo era una estrategia, aunque baja, totalmente válida.
Dada la señal, nos dispusimos a subir a nuestros hipogrifos. Solo hacía falta el silbatazo de salida para que la carnicería empezara, lo cual sucedió después de unos segundos.
Pude ver cómo todos golpeaban las costillas de sus hipogrifos para que empezaran a volar. Yo simplemente di una orden mental y Vulcan inició el vuelo.
El nerviosismo que sentía se quedó en el suelo. Ahora, tanto Vulcan como yo estábamos totalmente concentrados. No podríamos permitirnos ninguna distracción, tanto el hipogrifo como el jinete estábamos en verdadero peligro.
Era la última prueba que teníamos antes de graduarnos. Por lo menos, teníamos que resistir un mínimo de diez minutos en el aire, pero yo no estaba tan preocupado por pasar mi último examen o no, solo quería que Vulcan sobreviviera.
Además del indecible gusto que me daría el vencer a Wilson y a su hipogrifo, el cual ya no representaba ni el más mínimo impulso de envidia, Vulcan era mejor de lo que podía esperar.
Esa no fue la batalla más difícil que tuve en mi vida, pero sí una de las más memorables, la cual recuerdo con todo detalle.
Un total de veinte hipogrifos levantaron el vuelo casi simultáneamente.
El batir de las alas levantó el polvo del suelo y los graznidos de los hipogrifos podían perforar hasta el corazón más valiente.
Veinte alquimistas desenvainaron sus espadas.
Cada uno traía en una pequeña bolsa de cuero todo lo que había preparado para dicha ocasión, pequeñas esferas con bombas de humo, explosivos de bajo poder, sedantes, gases irritantes, etc.
Estábamos listos para el combate. Tanto Wilson como yo nos dedicamos a eliminar a los demás competidores.
Sabíamos que no representaban un reto para nosotros y necesitábamos ver las habilidades de los hipogrifos que usábamos, pese a que no íbamos a usar todo su potencial. La idea era muy simple: eliminando a todos los demás, podríamos dedicarnos a intentar matarnos sin interrupciones ajenas.
Sabía que Wilson no tenía ningún inconveniente en matar a los hipogrifos de los demás, sin embargo, yo sentía un profundo respeto y admiración por estos animales, incluso pensaba respetar la vida de Aurum, tanto como las circunstancias lo permitieran.
Decir que no herí a ningún hipogrifo sería una hipocresía.
Estaba utilizando todas mis habilidades para asegurarme de que tanto Vulcan como yo escapáramos ilesos a cada uno de los combates.
Usando la técnica que me había enseñado Eleazar, era capaz de leer los movimientos del jinete y del hipogrifo antes de que sucedieran, y, gracias a que Vulcan podía ver esos mismos movimientos por nuestra conexión, nos era posible elaborar un contraataque antes de que pusieran en marcha su plan.
Vulcan rasgaba las alas de los hipogrifos al tiempo que, con las pequeñas bombas que había creado, aturdía a los jinetes o cortaba a los hipogrifos con mi espada, sin matarlos, pero asegurándome de inutilizarlos.
Por su parte, Wilson no perdía oportunidad para matar a los hipogrifos, los cuales se desplomaban pesadamente sobre el suelo causando serias lesiones a los jinetes.
Afortunadamente, no guardábamos mucho rencor por las heridas obtenidas.
A lo largo de nuestra formación, nos habíamos causado bastantes lesiones, por lo que aprendimos a tomarlas casi con humor.
Finalmente, estábamos solos. Después de tres cuartos de hora, Wilson y yo éramos los únicos que seguíamos en el aire y en el suelo nuestros compañeros se habían dividido para brindar apoyo a cada uno.
—Veo que tú también querías pelear solo contra mí.
—Lo único que me preocupaba era que te fueran a ganar antes de que tuviera la oportunidad de hacerlo yo.
Estaba cansado al igual que él, pero nuestro orgullo nos impulsaba a seguir peleando.
—Leo, en verdad espero que no le tengas demasiado aprecio a ese animal, porque pienso matarlo.
—Puedes intentarlo.
Estábamos a suficiente altura como para que fuera imposible que cualquiera en tierra escuchara nuestra plática.
—Supongo que modificaste a tu hipogrifo con magia, ¿cierto?
—Desde luego, necesitaba un animal fuerte para que soportara todos los cambios que le iba a hacer, por eso cambié los números cuando vi que me habían dado a la porquería de animal que tienes tú.
—En ese caso tengo que agradecértelo, me diste al mejor hipogrifo que puede existir.
—Desgraciadamente no va a salir de aquí vivo.
El combate inició antes de que pudiera activar el ojo del alquimista.
Gracias a una bomba de luz que lanzó, quedé cegado por unos momentos.
Afortunadamente, Vulcan no había sido afectado por la bomba de luz, lo cual me permitió ver a través de sus ojos y esquivar la garra del hipogrifo de Wilson, la cual pasó a una peligrosa proximidad de mi cabeza.
Vulcan esquivaba los ataques con una maestría nunca antes vista, mientras que la espada de Wilson y la mía chocaban con tanta velocidad que la mano me dolía a causa de la fuerte vibración.
Tal y como él lo había dicho, su hipogrifo no era para nada un hipogrifo común y corriente. Mi espada pasó por su pecho causando un ruido metálico.
—¿Lo blindaste?
—No es lo único que hice.
Las garras de Aurum empezaron a brillar con un destello eléctrico.
—Aún es tiempo para que abandones esta pelea.
—Yo también tengo un par de trucos debajo de la manga.
Aurum se acercaba a toda velocidad hacia nosotros con las garras apuntando hacia el cuello de Vulcan.
—¡FUEGO!
Una intensa bola de fuego salió disparada desde el pico de Vulcan para impactarse contra el pecho de Aurum, el cual perdió el control de su vuelo durante unos segundos.
—Maldita sea, no pensé que tendría que llegar a este punto.
Por primera vez desde que empezó el combate vi en Wilson una mirada que reflejaba el miedo y la ansiedad que sentía.
Pude ver cómo Wilson colocaba una pequeña esfera sobre la armadura de Aurum y un campo hecho con energía roja los cubrió a manera de escudo.
Vulcan lanzó una potente llamarada hacia Aurum, el cual resultó completamente ileso, al igual que Wilson, que se encontraba protegido por el campo de energía.
—Por favor, dime que no es lo mejor que puede hacer tu hipogrifo.
Desgraciadamente, ese era el ataque más poderoso de Vulcan y ahora éramos nosotros los que nos dedicábamos a escapar de las bombas de Wilson, las cuales habían dejado de ser explosivos de bajo nivel para convertirse en bombas que en verdad ponían en peligro no solo la vida de Vulcan, sino también la mía.
Cada explosión retumbaba en mis pulmones y el sonido era ensordecedor.
Por su parte, Vulcan intentaba desesperadamente romper el escudo que los protegía, desgraciadamente los ataques no eran lo suficientemente poderosos como para romperlo.