Capítulo 9 La llave de oro y plata #2
Vesta acababa de colgar su celular con gesto de decepción.
—Buenos días.
Ella volteó rápidamente a verme.
—Buenos días.
Si tenía alguna oportunidad de que Vesta me contara la historia de cómo Aika perdió un pedacito de oreja, era justamente ahora.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
Vesta levantó una ceja y aguardó mi pregunta.
—Aika me dijo que tú le arrancaste un pedacito de oreja.
Vesta comenzó a reír.
—Por respeto a la gata no debería contar cómo fue en realidad. Pero es una historia demasiado divertida como para privarte de ella.
Era increíble; mi plan había resultado todo un éxito… Era eso o Vesta sentía más desprecio por Aika del que yo creía.
—Leo y Rubiel salieron a combatir a unos demonios que estaban atacando una aldea cercana y le dieron la orden a la gata de que se quedara en el palacio. Evidentemente, ella no hizo caso y salió a defender al “amor de su vida”.
Vesta dramatizó en exceso esa última parte.
—El punto es que, cuando llegó a donde ellos estaban peleando, los demonios empezaron a atacarla y Leo le dio la orden a Rubiel de que la protegiera.
Vesta dio un suspiro.
—No sé por qué lo hizo. Yo la hubiera dejado morir por desobediente.
Se percató de que se estaba saliendo de la historia y se concentró nuevamente en el relato.
—Leo y Rubiel han peleado tantas veces juntos que saben coordinarse perfectamente; pero Rubiel estaba cuidando a la gata y Leo seguía peleando contra todos los demás demonios.
Por su tono de voz podía detectar que esa parte del relato le causaba cierta molestia.
—Un demonio logró lastimar a Leo con una espada envenenada. Aun así, él siguió peleando hasta que se desmayó por efecto del veneno. Rubiel consiguió acabar con los demonios que quedaban y traer de regreso a Leo y a la estúpida gata.
Respiró profundamente.
—Una vez que curé a Leo y estaba estable, salí a preguntarle a Rubiel qué había pasado. Él me dijo que Aika había ido a ayudarlos, pero los demonios empezaron a rodearla y fue a su rescate.
De acuerdo, hasta ahí las historias coincidían.
—No le hubiera hecho nada a la gata, pero empezó a gritarme y a decirme que no había sido su culpa, sino de Leo, porque él no había podido defenderse tan bien como ella y Rubiel.
Detecté inmediatamente el error de Aika.
—Después de todas las cosas que se puso a gritarme, comencé a atacarla y Rubiel nuevamente salió a su defensa. Los habría calcinado, pero escuché que Leo pedía ayuda. Estoy casi segura de que en realidad la herida no le dolía tanto, pero aun así fui a ayudarlo.
Vesta sonrió con malicia.
—Afortunadamente le alcancé a arrancar un pedazo de oreja con un rayo que le lancé. Seguramente no habría sobrevivido, pero Rubiel alcanzó a moverla. Después encontré el pedazo de oreja y se lo di a Vulcan.
Vesta comenzó a reír.
—Durante tres meses Vulcan intentó conseguir el resto de la oreja de gata.
Me di cuenta de que Vesta era de las que más se preocupaba por Leo. Me pregunté si habría una razón en específico.
—Muy bien, suficiente descanso. Hoy te voy a enseñar una técnica bastante complicada, pero que tú has estado usando de manera accidental.
Vesta hizo un movimiento con la mano y un maniquí salió volando hacia la pared.
—Telequinesis, el poder de mover cosas a distancia.
—¡Perfecto!
Había estado deseando aprender ese poder desde el día que derramé jugo sobre el vestido de Vesta.
—Este poder es disparado por situaciones estresantes o de miedo. Voy a enseñarte a usarlo a voluntad.
—De acuerdo.
Una duda saltó a mi mente.
—¿También funciona con seres vivos?
Vesta asintió.
—No solo funciona con objetos y seres vivos, sino también con energía.
Eso era en verdad emocionante; la telequinesis me daba un amplio abanico de posibilidades, tanto en defensa como en ataque.
Empecé a relajarme y a sentir mi energía.
—La telequinesis es un poder muy versátil. Al no requerir ningún medio físico para mover tu objetivo, puedes hacerlo siempre y cuando puedas verlo en tu mente. Este poder está limitado solo por tu capacidad de visualización y por tu imaginación. ¿Dudas?
Como siempre, las explicaciones de Vesta eran claras y concisas, muy diferentes de las que daba Azul, las cuales estaban llenas de alegorías y de un tono catedrático.
—No, hasta ahora todo está claro.
—De acuerdo, concentra tu energía en tu mano y visualiza el objeto que quieres mover, además de la forma en que quieres hacerlo.
Respiré profundamente y me concentré en el maniquí.
Quería derribarlo, pero consumía una gran cantidad de energía y, sobre todo, de concentración. A diferencia de los otros ejercicios, me sentía cansada mentalmente y no físicamente.
—Usa tus sentimientos a tu favor; las emociones intensas liberan mucho poder.
¿Emociones intensas? Era fácil decirlo, pero evocarlas era un poco más complicado.
Después de pensarlo por un momento, recordé la impotencia que había sentido cuando los demonios nos habían atacado. Recordé el miedo. Jamás me había sentido tan vulnerable en toda mi vida. No quería volver a sentirme así. Estaba enojada conmigo misma.
Dejé salir todo mi enojo.
Sentí una explosión de poder en mi interior; era como si mi pecho fuera a volar en mil pedazos por todo lo que sentía. Dirigí el sentimiento que me consumía e hice un movimiento con la mano prácticamente sin pensar.
El maniquí salió volando por la habitación y se destruyó al golpear la pared.
El poder que sentía seguía aumentando sin control. Un resplandor turquesa me cubrió totalmente y los demás maniquíes comenzaron a volar por la habitación. Las máquinas de ejercicio y las espadas que estaban en las paredes y los estantes comenzaron a vibrar.
Rubiel abrió la puerta y cruzó la habitación en dirección a mí.
—DÉJALA —ordenó Vesta.
—VA A PERDER EL CONTROL.
Rubiel obedeció la orden, pero podía ver que estaba increíblemente preocupado por mí.
—Magali, contrólalo: es tu poder y tus emociones.
Yo no era consciente de lo que estaba pasando; era como si estuviera atrapada dentro de mi propia mente.
Las máquinas comenzaron a elevarse.
—Desde luego, Amelia estaría muy orgullosa de ver cómo su hija pierde el control de sus poderes. Pobre Leo. Siento lástima por él; va a estar condenado a arriesgar su vida constantemente para salvarte hasta de ti misma.
Sentí como si me hubieran dado una sacudida.
—Vesta.
Rubiel intentaba detenerla antes de que dijera algo que me molestara aún más.
—Es la verdad y tú lo sabes. No voy a permitir que ponga en riesgo a todos en el palacio. Si no puede controlar sus poderes, entonces no merece estar aquí. Lo único bueno de todo esto es que Amelia no está aquí para verla.
La tristeza comenzó a invadirme.
¿En verdad mi mamá se hubiera avergonzado de mí? ¿Estaba condenando a Leo?
Poco a poco volví a sentirme dueña de mi cuerpo.
Comencé a relajarme y a dominar mis emociones. El poder comenzó a disminuir.
Los objetos de la habitación descendieron y dejaron de vibrar. El resplandor turquesa desapareció.
Rubiel corrió hacia mí.
—¿Estás bien?
Me sentía confundida y un poco cansada, pero, fuera de eso, estaba bien.
—Sí, no te preocupes, estoy bien.
Vesta me observaba con una sonrisa en el rostro.
—Felicidades, acabas de controlar tu poder antes de que se saliera por completo de control.
—Vesta, podría haberse lastimado.
Rubiel seguía preocupado.
—Pero no le pasó nada.
Ella me volteó a ver.
—Por cierto, Amelia estaría orgullosa de ti pase lo que pase, pero necesitaba decir algo que te hiciera reaccionar. Lo siento.
Yo veía mis manos. No creía que tuviera esa cantidad de poder dentro de mí. Tenía que aceptar que tenía un poco de miedo por lo que acababa de pasar, pero sobre todo estaba fascinada.
Rubiel salió de la habitación después de asegurarse de que yo estuviera bien.
—¿Qué demonios acaba de pasar?
—Tus poderes están unidos a tus emociones; era de esperarse que, si tienes algún sentimiento que te supera, tus poderes intenten protegerte. Podría decirse que tus poderes llegan a ser muy instintivos.
Vesta se cruzó de brazos.
—¿Entonces es normal?
Ella asintió.
—Estaba esperando que pasara desde el primer día en que empezamos a entrenar. Es completamente normal: yo quemé un castillo cuando tenía cuatro años, Alexandra destruyó la mitad del palacio y, según lo que me contó, Leo habría causado mucho daño si no lo hubieran detenido.
Eso me hizo sentir mejor; al menos todos habían pasado por algo parecido.
—¿Quieres seguir entrenando?
Increíblemente, me sentía bien pese a lo que acababa de pasar, así que no encontré ninguna razón para no seguir entrenando.
—Claro.
La telequinesis resultó ser una técnica que me agradaba bastante.
Por lo que acababa de ver, era una excelente arma, pero también una defensa impresionante.
—De acuerdo, empecemos por algo pequeño. Junta los pedazos de maniquí en un montón y pon los maniquíes que sobrevivieron en otro.
Era una tarea que me llevó más tiempo del que esperaba, pero cada vez podía hacerlo con más rapidez y precisión.
Al cabo de un par de horas, ya era capaz de mover cosas con bastante delicadeza o de sacarlas volando por la habitación.
—¿Qué te parece si seguimos mañana?
La idea de Vesta me pareció excelente. Me estaba muriendo de hambre.
—Sí, por favor.
—¿Ahora no vas a hacer tu pregunta?
Desde luego que quería hacer mi pregunta, pero no estaba segura de que la lección pudiera considerarse un éxito.
—Sí, claro.
Pensé por un momento.
—¿Por qué te preocupas tanto por Leo?
Creí que era una pregunta un tanto intrascendente.
Vesta titubeó antes de contestar.