Capítulo 8 El peso de una imagen #5
Terminé mi desayuno y caminé tranquilamente hacia el cuarto de entrenamiento; Vesta llegó un par de minutos después que yo.
—¿Desde cuándo tienes tanto interés por aprender magia?
Consideré que era una tontería mentir acerca de mis razones; incluso podría ser conveniente hablar con la verdad para que me enseñara lo que realmente necesitaba aprender.
—Quiero aprender a defenderme. Después de ver lo que le pasó a Leo, tengo miedo de lo que pueda pasarme fuera del palacio.
Me sentí avergonzada al confesarle mi temor a Vesta. Sin embargo, ella no se burló de mí.
—Ya tienes nociones básicas de cómo atacar a alguien, ahora necesitas saber cómo defenderte.
Asentí y concentré toda mi atención en Vesta.
—Hoy es más temprano que de costumbre. Voy a enseñarte dos cosas: creación de escudos y desvío de energía.
Ni siquiera recordé que si tenía éxito tendría derecho a dos preguntas.
—Ok.
—Los escudos son increíblemente útiles y versátiles.
Pueden adquirir cualquier forma que puedas imaginar y adoptar diferentes estructuras, volviéndose más duros o maleables.
Evidentemente, cada una tiene sus ventajas y desventajas: mientras más maleable y flexible sea, más fácilmente lo podrás mover, pero te protegerá menos.
Mientras más duro sea, protegerá más, pero es más fácil que se rompa.
El secreto está en hacer escudos con la combinación perfecta entre dureza y flexibilidad. ¿Alguna duda?
—¿Qué tanto pueden resistir?
Vesta sonrió.
—Eso depende de qué tanto poder emplees en crearlo y en sostenerlo. Verás, los escudos son relativamente fáciles de sostener, pero una vez que empiezan a recibir ataques, comienzan a tomar energía del usuario.
Genial, en ese momento me sentía tan vulnerable que una bolita de papel podría atravesar mi escudo sin problemas.
—Empecemos por crear un escudo. Recuerda que su función, a diferencia de las esferas de energía, es proteger. Tienes que pensar en que el escudo va a protegerte de cualquier cosa que pueda dañarte.
Comencé a relajarme y a sentir mi energía.
—Levanta tu mano y visualiza una pared de energía entre nosotras.
Cerré los ojos e imaginé una sólida pared de color turquesa e instintivamente empecé a dirigir energía hacia mi pared imaginaria.
Era mucho más cansado que hacer una esfera de energía. Tardé más de un minuto dirigiendo la energía al escudo. De pronto, sentí un escalofrío.
Abrí los ojos. Una delgada y translúcida pared de color turquesa se encontraba entre Vesta y yo.
Me sentía cansada, y mi pulso estaba acelerado, al igual que mi respiración.
—No está nada mal, para ser tu primer intento.
Vesta formó una pequeña esfera de energía y la lanzó contra mi escudo.
Sentí cómo la energía de mi cuerpo escapaba cuando la pequeña esfera de Vesta se destruyó junto con mi débil escudo y empecé a sentirme mareada.
—¿Quieres volver a intentarlo?
—Sí.
Era un gran esfuerzo, pero me sentía satisfecha conmigo misma; esos escudos prometían ser increíblemente útiles y me darían la protección que necesitaba.
—Necesitas motivación. ¿Qué te parece si te cambio tus dos preguntas por una fotografía de tu madre?
Mi corazón dio un brinco al escuchar esas palabras.
No tenía ninguna pregunta planeada para ese día y solamente tenía que aprender a hacer escudos y desviar energía. No sabía qué tan difícil sería, pero estaba segura de que lo iba a lograr. Tenía que hacerlo.
Pasamos alrededor de dos horas haciendo escudos. Las piernas se me doblaban del cansancio, pero había logrado crear un escudo bastante sólido y ya podía proyectarlos a los maniquíes para protegerlos de los ataques de Vesta.
—De acuerdo, parece que tienes la idea. Ahora vamos a ver si logras detener un ataque decente.
Vesta se acercó a mí y lanzó una esfera de energía considerablemente más grande que las que estaba empleando con los maniquíes.
Su ataque me tomó desprevenida. Formé un rápido y sólido escudo frente a mí.
La esfera de energía explotó y fragmentos de mi escudo salieron volando hacia todos lados antes de que se desvanecieran. La fuerza del impacto me proyectó sobre mi espalda y el vestido de Vesta se rasgó por un pedazo de escudo que salió disparado hacia su posición.
Vesta miró su vestido rasgado y comenzó a molestarse.
Sabía que si me atacaba mientras estaba en el suelo no tendría tiempo de crear un escudo para defenderme.
Las dos nos quedamos viendo por unos momentos hasta que la risa comenzó a brotar de mis labios. Vesta explotó en una carcajada junto conmigo.
—Fue mi error.
Se excusó.
—Estaba demasiado cerca.
Ambas reímos hasta que nos dolió el estómago.
—Ve a comer algo, yo voy a cambiarme.
La miré con angustia.
—No te preocupes, aún no termina el entrenamiento, pero debes de tener hambre y mi vestido se rompió.
Vesta se encogió de hombros.
—No me gusta perder el glamour.
Vesta tenía razón, había gastado mucha energía y pese a que aún no tenía sueño, el hambre era intensa.
Decidimos que nos veríamos en el cuarto de entrenamiento en una hora.
Comí con rapidez. Estaba a unas cuantas horas de conseguir una foto de mi mamá. Era solo un pedazo de papel, pero lo había estado deseando por años.
Llegué al cuarto de entrenamiento cuando aún faltaban diez minutos para la hora.
Vesta traía puesto un nuevo vestido y estaba revisando su celular.
—Aún tienes diez minutos.
Vesta me dijo eso al tiempo que me veía con cierta confusión.
—Lo sé.
Respondí sonriendo, y ella se encogió de hombros.
—Está bien. Desviar energía es el primer paso para lograr controlar la energía de tu oponente.
Esa era una técnica que sonaba bastante interesante. Si yo podía controlar la energía de mi oponente, entonces ellos estarían en desventaja.
—Aviéntame una esfera de energía.
Dudé por un momento.
Una cosa era la teoría y mi esperanza de defenderme, pero no había considerado realmente lanzarle una esfera de energía a alguien con vida.
—No me va a pasar nada. De hecho, es una técnica difícil de explicar si no la has visto antes.
Cerré los ojos por un momento y respiré profundamente.
Hice una esfera de energía y la lancé con temor hacia Vesta.
Su mano se cubrió de chispas de color morado y abofeteó mi esfera de energía, la cual salió disparada hacia uno de los maniquíes.
Se veía increíblemente poderosa haciendo eso.
—¡Genial!
Mi voz demostró todo el asombro que yo sentía.
—Y no has visto cuando nos ponemos a jugar con esto.
La miré casi aterrorizada.
Vesta comenzó a reír.
—Imagina jugar tenis, pero la raqueta es tu mano y la pelota es una esfera de energía.
Estas personas estaban completamente locas.
—Algún día tienes que intentarlo, es bastante divertido.
—¿Y qué pasa cuando alguien se equivoca?
—Se levanta y le toca disparar.
Vesta hablaba con tanta naturalidad de eso que me dio miedo.
—¿Leo también juega de esa forma?
Vesta me volteó a ver con una mirada de ironía.
—Fue su idea.
No sabía qué idea hacerme de Leo.
Por una parte, ellos lo describían como un arma, alguien prácticamente indestructible. Una persona que no se tocaba el corazón para matar a nadie si la situación lo requería.
Pero también estaba el Leo que se la pasaba investigando en su enorme laboratorio cubierto de libros, y finalmente, estaba el Leo que salía de vacaciones y jugaba con su vida lanzando esferas de energía por diversión.
—Empecemos. Lo primero que tienes que hacer es crear un escudo que cubra desde tu mano hasta tu antebrazo; después, solo tienes que golpear la esfera de energía para desviarla.
Comencé a sudar frío, no era muy buena en ese tipo de actividades.
—Calma, empezaremos lanzando cosas que no te van a lastimar y a una velocidad lenta.
Me concentré en visualizar un escudo que rodeara desde mi mano hasta mi antebrazo.
Cuando mi energía empezó a formar el escudo sentí como si tuviera algún tipo de armadura en el brazo.