Capítulo 5 Tregua y lecciones #2
Al decir esas palabras, sentí que firmaba una sentencia.
—Muy bien —dijo Vesta—. Dime, ¿qué cambios has notado?
Lo pensé por un momento.
—Siento algo raro en los ojos. Me siento con más fuerza y siento cosquilleos cuando me acerco a ustedes.
—Está bien, voy a explicarte lo básico de momento y poco a poco lo irás comprendiendo.
Yo asentí con la cabeza.
—No tienes nada raro en los ojos. Ahora puedes ver la energía; no eres más fuerte, pero eres consciente de tu magia y los cosquilleos que sientes son nuestras presencias.
Mi expresión delataba mi desconocimiento en el tema.
—La presencia, o esencia, es la forma en que nuestra energía es percibida por las demás personas; nos permite identificarnos, localizarnos y muchas cosas más. ¿Alguna duda hasta aquí?
—No, creo que no.
Era un poco confuso hablar de estos temas con tanta seriedad, pero aun así era entendible.
—Ok, vamos a intentar enseñarte a hacer esto.
La mano de Vesta brilló en morado y una esfera del mismo color apareció en su palma; después la lanzó contra uno de los maniquíes de entrenamiento, el cual explotó en pedazos.
Yo di un paso hacia atrás de forma instintiva. El hecho de que alguien pudiera destruir cosas con tanta facilidad era verdaderamente escalofriante, y que esperara que yo hiciera lo mismo era terrorífico.
—Yo no puedo hacer eso —solté con un hilo de voz.
Vesta sonrió.
—Todo aquel que tenga sus poderes despiertos lo puede hacer.
Era evidente: la primera lección era imposible de realizar; por eso se había atrevido a decirme que iba a contestarme cada vez que aprendiera algo de magia.
—Cierra los ojos.
Levanté una ceja y la miré fijamente; no me sentía cómoda cerrando los ojos frente a una mujer que podía destruir cosas a distancia.
—No te voy a hacer nada, lo prometo.
Yo suspiré, esperaba que Rubiel pudiera llegar a rescatarme antes de que tuviera el mismo destino que el maniquí.
Cerré los ojos y pude ver una gran cantidad de puntitos que destellaban frente a mí.
—Relájate y respira profundo.
Necesité al menos cinco inhalaciones profundas para poder relajarme un poco.
—Listo.
Yo seguía respirando profundamente para no salir de ese estado de relajación.
—Concéntrate en ti y en el cosquilleo que sientes en tu propio cuerpo. No pienses en nada más. Solo siente tu propia energía.
Las instrucciones eran raras; aun así, intenté seguirlas.
Poco a poco fui sintiendo que el cosquilleo de mi cuerpo fluía y vibraba como si estuviera vivo.
—Ya puedo sentirlo.
Era una sensación magnífica; el cosquilleo que sentía de Vesta se hizo cada vez más claro. Casi tenía la certeza de poder ubicar el lugar del que provenía.
—¿Puedes sentirme?
Su voz era suave, seguramente para no distraerme.
—Creo que sí.
—Concéntrate en identificar mi energía. Voy a moverme sin hacer ruido y muy lentamente para ver si me puedes seguir sintiendo.
Me concentré en sentir la presencia de Vesta. Casi me dieron escalofríos cuando lo logré.
Después, ella comenzó a caminar a mi alrededor de forma tan silenciosa que hasta un fantasma podría envidiarla.
Sentía que estaba a mis espaldas, y cuando habló, mis sospechas se confirmaron.
—Puedes saber qué tan poderosa es una persona por el grado de intensidad de la energía que detectes.
Ella hablaba mientras se movía de forma aleatoria, a veces se acercaba, otras se alejaba, daba vueltas a mi alrededor o caminaba en línea recta.
—Mientras más magia utilices, más cansada te sentirás, y tu cuerpo se desgastará si abusas de ella.
Eso casi me desconcentró por un momento.
—¿Qué me puede pasar?
No había tenido tiempo de considerar que los poderes que al parecer tenía tuvieran un costo.
—La mayoría de los seres alcanzan su límite de poder con el tiempo.
Leo tiene la capacidad de producir una cantidad ilimitada de poder.
En su caso, el verdadero límite radica en la resistencia de su cuerpo a tal cantidad de energía.
Ignoro si tú tienes esa capacidad. De todas maneras, los efectos pueden ser desmayos, debilidad por varias semanas o incluso meses; en algunos casos, envejecimiento repentino que se va revirtiendo conforme tu energía se recupera.
Y el más extremo es la muerte, pero no te preocupes por eso, es casi imposible llegar a ese punto.
Volteé hacia mi izquierda, justo donde sentía a Vesta, y abrí los ojos.
—¿Entonces usar magia es peligroso o no?
Yo también hablé suavemente, Vesta se estaba comportando bien conmigo y yo no tenía por qué ser grosera con ella.
—Siempre y cuando la uses correctamente no lo es.
—Ok.
—Ya me lograste sentir, irás mejorando con la práctica y con el tiempo. Ahora te voy a enseñar a controlar tu energía para que dejes de hacer tonterías en la mesa.
Vesta sonaba casi divertida con el comentario que acababa de hacer.
—Cierra de nuevo los ojos y concéntrate en tu energía.
Esta vez lo logré con mucha más facilidad que la primera; ahora ya sabía qué tenía que hacer, así que un par de segundos después podía percibir nuevamente con claridad a Vesta y sentía la energía fluyendo por mi cuerpo.
—¿Sientes la energía de tu cuerpo?
Yo asentí.
—Tienes el control de esa energía. La puedes manipular y moldear para varios propósitos. Respira y siente que esa energía se empieza a desplazar a tus manos, visualízalo en tu mente.
Levanté las manos y las puse a la altura de mi tórax. Esta vez tardé un poco más en lograrlo, pero después de unos cinco minutos ya podía sentir la energía en mis manos, aunque me empezaba a sentir cansada y mi corazón estaba latiendo más rápido a causa del esfuerzo.
—Relájate y no pierdas la concentración.
Después de unos momentos, habló nuevamente:
—Abre los ojos.
Abrí los ojos lentamente.
Me quedé sorprendida: chispas color turquesa centellaban alrededor de mis manos.
—Felicidades, acabas de concentrar tu energía en las manos, ese es el primer paso para lograr hacer esferas de energía.
El brillo de mis manos no desaparecía.
—Pero yo no quiero destruir cosas.
Eso era verdad, no era fanática de que las cosas explotaran a mi alrededor.
—No solo sirven para eso. Controlando tu energía vas a poder evitar que salga accidentalmente como pasó en la cocina; además, se acabaron los berrinches.
La miré torciendo una ceja.
—Te diré una de las frases favoritas de Leo: “Tus poderes están unidos a tus emociones”.
Ella sonrió por un momento.
—No entiendo, ¿cómo que unidos a mis emociones?
Me preparé para recibir una explicación de extrema complejidad.
—Sí, piensa en esto: cuando estás triste, te sientes débil e incluso eres más propensa a contraer algún tipo de enfermedad; cuando estás enojada o asustada, liberas adrenalina, eres más fuerte y puedes hacer cosas que cuando estás tranquila no puedes hacer.
Lo mismo pasa con tus poderes: mientras más triste estés, menos magia tendrás o, al menos, te costará más trabajo utilizarla; cuando estés molesta, te será más fácil usarla, aunque puede que los efectos no sean los deseados.
—Ok. No enojarme para que nadie a mi alrededor salga lastimado.
Vesta rió un par de segundos.
—Básicamente.
Dirigió su mirada hacia mis manos.
—Concéntrate en que la energía que tienes en la mano forme una esfera.
Era difícil; sentía que intentaba moldear arena; no lograba darle a mi energía la forma que deseaba.
Después de quince largos y exhaustivos minutos lo logré. Una pequeña esfera turquesa flotaba a escasos centímetros de mi mano derecha; la sensación era cálida y sentía un agradable cosquilleo.
Vesta fijó la mirada en mí.
—¿Lo hice mal?
Esperaba que me dijera la verdad antes de que me explotara la mano al cometer un error.
—No, en realidad está muy bien hecho, no esperaba que aprendieras tan rápido.
Su comentario me causó curiosidad.
—¿No es normal?
—La mayoría de las personas tardan semanas en aprender a hacer lo que tú acabas de lograr en un par de horas.
Increíblemente, Vesta sonaba un poco impresionada.
—Ahora tienes que entender que esa esfera de energía no se comporta como una pelota cuando la lanzas, puede llegar mucho más lejos gracias a que la gravedad prácticamente no la afecta y además puedes, con un poco de práctica, controlar su trayectoria.
Aquello seguía siendo inexplicable para mí.
—Intenta lanzarla contra el maniquí.
El maniquí se encontraba relativamente cerca, aunque no confiaba en mi puntería.
—¿Cómo la lanzo?
La pregunta sonaba un poco estúpida, pero yo jamás había tenido algo así en mis manos y no sabía cómo utilizarla.
—Como si lanzaras una piedra, intenta lanzarla lo más recta posible.
Vesta hablaba como si fuera increíblemente fácil.
Me concentré en el maniquí e intenté lanzar con la mayor seguridad posible la esfera de energía color turquesa que tenía entre mis manos.
En cuanto la esfera se separó de mi mano, sentí que la fuerza abandonaba mi cuerpo, como si de pronto estuviera increíblemente cansada.
La esfera atravesó la habitación a una velocidad increíble, pero pasó a escasos centímetros del maniquí y terminó estrellándose contra la pared, causando un pequeño estruendo y dejando una mancha de hollín con pequeñas chispas turquesa. Me sentí mareada.
—Necesitas afinar tu puntería. Hazlo otra vez.
No entendía cómo Vesta pretendía hacerme lanzar otra esfera de energía.
—Estoy mareada.
Sin decir más, me acerqué hasta una pequeña repisa de madera con varias pesas y me senté.
—Es bastante normal, tu cuerpo no está acostumbrado a desprenderse de su energía. Con el tiempo y la práctica podrás hacer cosas que requieran más energía sin que te sientas mal.
Me quedé sentada por unos minutos hasta que me sentí en condiciones normales.
Me levanté.
—Creo que lo voy a intentar de nuevo.
Tenía una motivación para empujar mis propios límites. Quería respuestas acerca de mi mamá y Vesta las conocía. Incluso sospechaba que era de las personas que más información podría tener acerca de ella.
Me concentré nuevamente en dejar salir mi poder y comencé a crear una nueva esfera de energía. Esta vez lo hice más rápido que antes y casi no me costó trabajo.
La lancé y deseé que el maniquí se destruyera. Quería obtener respuestas.