El día que desapareció CAPÍTULO 59
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CAPÍTULO 59

HARRY

AHORA

Harry apenas mira su comida cuando llega.

Él y Nora están apretujados en un reservado estrecho de un restaurante vietnamita a unas cuadras de la cafetería, de esos con menús plastificados y mesas que se tambalean por mucho cuidado que tengas al sentarte.

Remueve los fideos con los palillos sin ganas de comer, con los nervios todavía de punta por el ajetreo de la mañana.

Nora lo observa por encima de su café helado.

—Mi padre piensa que soy un idiota —dice Harry finalmente—. O peor, útil.

Nora arquea una ceja.

—Eso suena... afectuoso. Viniendo de él.

Harry resopla sin pizca de gracia.

—Me contó algo anoche. Extraoficialmente. Rumores del Departamento de Policía de Houston.

Duda, pero luego se lanza y las palabras se le atropellan.

—Creen que el marido de Charlie no es quien dice ser. Que «Theo Spencer» ni siquiera es su verdadero nombre.

Los dedos de Nora se quedan inmóviles sobre el vaso.

Harry lo nota.

—Y ahora la policía está investigando a Theo por matar al padre de Charlie —continúa Harry, más rápido ahora, como si la velocidad lo hiciera menos aterrador—. No porque su padre la atacara, sino porque quizás descubrió quién es realmente Theo. En realidad, eso es lo que yo pienso, pero...

Nora echa un vistazo al restaurante, comprueba instintivamente quién hay cerca y se inclina hacia delante para bajar la voz.

—Antes de que diga nada —dice con cuidado—, necesitas prometerme algo.

Harry se endereza.

—¿Qué?

—No pongas esto en tu podcast. Ni ahora. Ni nunca, a menos que esté confirmado y sea público. Y no le digas a nadie que salió de mí.

Un peso frío se le instala en el pecho.

—Nora...

—Promételo —dice ella.

Él asiente.

—Lo prometo.

Ella lo estudia un momento más y luego exhala.

—Mi fuente dice que Theo Spencer no existe —dice—. Al menos no como Charlie cree.

Harry siente que la sangre se le va del rostro.

—Su verdadero nombre —continúa Nora, ahora en voz baja— es Edward Theodore Marsh.

—¿Edward Theodore... Marsh ? ¿Marsh como...?

Harry suelta una risa seca, incrédula.

—No. Eso es... no puede ser.

Nora no sonríe.

—Edward Marsh —repite—. El hermano de Leila Marsh.

El ruido del restaurante se desvanece hasta convertirse en un rugido sordo. Harry la mira fijamente mientras su mente lucha, intenta y fracasa en ensamblar las piezas en algo que no parezca imposible.

—Eso es una locura —dice—. No puede ser cierto.

Nora ladea la cabeza.

—Usó la forma abreviada de Theodore, Theo, como nombre de pila. Y Spencer, el apellido que adoptó, es el de soltera de su madre.

Harry asiente lentamente.

—Evelyn Spencer.

—Exacto —dice Nora.

—Así que Theo... —se le cierra la garganta—. Se cambió el nombre. Se casó con Charlie. Y luego se mudó a la casa de su infancia.

La mirada de Nora no se aparta de la suya.

—Eso lo resume bastante bien.

La revelación le cae encima de golpe, pesada y nauseabunda. Theo no mató al padre de Charlie en un momento de caos. Lo mató porque el padre lo sabía.

—Dios mío —susurra Harry.

—Mi fuente dice que esa es la teoría que manejan —dice Nora—. Edward Marsh descubrió, de algún modo, que el señor Whitaker mató a Leila. Y en lugar de acudir a la policía, esperó el momento adecuado para atacar.

—Theo, Edward... quería venganza —dice Harry con voz hueca.

Nora asiente.

—Eso es lo que cree la policía. Y cuando Whitaker atacó a Charlie, Edward aprovechó para matar al hombre y hacer que pareciera un accidente.

Harry niega con la cabeza.

—Pero ¿por qué casarse con Charlie? No tenía por qué hacerlo. Podría haber esperado, sin más. O seguirlo. O... cualquier otra cosa.

—Eso mismo pregunté yo —dice Nora en voz baja.

Harry agarra el borde de la mesa, el laminado liso bajo los dedos.

—¿Y?

A Nora se le tensa la boca.

—Mi fuente no lo sabe. O no quiere decirlo.

Harry piensa en el rostro de Charlie cuando hablaba de Theo. En cómo decía su nombre como si fuera un salvavidas.

Nora frunce el ceño.

—Harry... si esa teoría sobre Edward Marsh es cierta, Charlie está en peligro.

Harry ya está sacando el móvil.

—Llevo toda la mañana llamándola. No contesta.

—¿Dónde está?

—No lo sé —admite—. Ella y Theo, Edward... dejaron la casa hace unas semanas, según el vecino, el señor Shaw, y se fueron a un hotel, pero no sé a cuál porque dejó de hablarme...

—Tienes que seguir llamando. Mándale mensajes. Correos. Lo que sea. Porque si Edward Marsh se cambió el nombre y fingió toda una vida para acercarse al hombre que mató a su hermana...

No termina la frase.

No tiene que hacerlo.

Harry ya está de pie, la silla chirría contra el suelo, el corazón martilleándole en el pecho mientras el pavor lo invade.

—Tengo que localizarla —dice.

—Harry —lo llama Nora, ahora con urgencia—. Sea lo que sea lo que crees saber... ten cuidado con cómo lo dices. Si te ve como una amenaza...

—Lo sé —dice Harry, aunque no está seguro de saberlo.

Vuelve a mirar el teléfono.

Ninguna llamada perdida. Ningún mensaje nuevo.

—Por favor —murmura—. Contesta, Charlie.