El día de la Trilla (Empíreo 3.5) Sloane #4
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Sloane #4

—No, no estoy bien —respondo con honestidad por primera vez, y dejo que la rabia impregne todas mis palabras—.

No está bien que no tuviera tiempo de llorar a mi hermano antes de que me obligaran a cruzar el Parapeto.

No está bien que me metieran en un pelotón con una de las personas responsables de su muerte, y luego me pusieran a las órdenes de la otra.

No está bien que yo me encuentre aquí y él no.

No está bien que no quiera saber nada de la manipulación, el poder o el hecho de convertirme en una de las armas implacables de las que este lugar tanto se enorgullece.

No está bien que yo no tuviera elección, y tú sí, por el simple hecho de que mis padres perdieran su guerra y tu padre ganara la suya.

Dain se estremece.

De repente se oye un batir de alas sobre nosotros y los dos alzamos la vista a una Roja Cola de Daga que desciende del cielo.

«Thoirt». El corazón me da un vuelco y siento un «clic» en las profundidades de mi alma, como si algo hubiera ocupado lo que estaba roto y hubiera sellado una grieta que aún supuraba, haciendo que la vida sea mínimamente más soportable.

Aterriza en el sitio en que el naranja casi me ha arrebatado la vida, y el suelo tiembla bajo mis pies.

Gira la cabeza hacia nosotros y gruñe en dirección a Aetos.

Es de un color rojo fresa, con unas escamas relucientes y unas garras formidables, y es posible que sea la dragona más bella que he visto en mi vida.

—Supongo que esta es la tuya —dice Dain levantando las manos y mirándome a mí en vez de a ella—. ¿Puedo fiarme de que no vas a hacer nada para volver a intentar que te maten?

—Sí.

—Muy bien. —Se aleja de Thoirt, se da la vuelta y se marcha en cuanto sale de su campo de visión—. Parece que voy a tener que denunciarme a mí mismo por romper el Código —masculla.

No me da lástima, no mientras él viva y Liam esté enterrado en Tyrrendor.

— Perdiste a tu hermano en Resson.

Tiene una voz mucho más dulce de lo que me imaginaba en un dragón.

—En efecto. —Me giro por completo hacia ella.

— Yo también. —Agacha la cabeza, pero no me resulta amenazadora—. Los dragones de mi estirpe hace mucho que escogen a jinetes de la tuya.

Sus palabras me dejan boquiabierta. Es una Roja Cola de Daga, igual que Deigh, y se parece sorprendentemente a la figurita de Liam.

—¿Eres la hermana de Deigh?

— Sí, y tal como él escogió a Liam, yo te escojo a ti, Sloane Mairi.

Se me van las ganas de luchar, y ahora, sin la rabia y sin la ira, me quedo solo con el dolor, y saben los dioses que se me antoja insuperable. Es una carga demasiado pesada, y está tan afilada que no creo que pueda soportarla sin desangrarme.

— Tal vez vinculándonos nos ayudaremos mutuamente a soportar esa carga. Tal vez nos ayudaremos a cicatrizar las heridas.

Me estudia sin juzgarme, contradiciendo todo lo que me habían enseñado sobre su raza.

—He perdido a todo el mundo —susurro, y mi garganta amenaza con cerrarse—. A mis padres, a mi hermano. Soy la última Mairi viva. ¿Cómo se cicatriza una herida así?

Necesito desesperadamente la respuesta, si es que la tiene. Los ojos me escuecen.

— Tiempo. —Me acerca el morro—. Como última Mairi viva, como la hija de la maestra de runas, debes elegir vivir.

—¿Porque a mi madre se le daban bien las runas? —Me encojo de hombros, pero camino hacia ella—. No ansío...

— Poder. Ya lo sé. —Se detiene en cuanto la tengo al alcance de la mano, y apoya la cabeza en el suelo—. He sentido todas las pérdidas que has sufrido. He visto todo lo que has soportado y sé lo mucho que te costará franquear todo aquello que consideras insalvable. Pero debes sobrevivir.

—¿Y entonces de qué te sirvo como jinete si no quiero manipular?

— Por ahora. —Se me aproxima y yo levanto la mano hacia las escamas calientes que tiene entre las fosas nasales—. No quieres manipular por ahora. Te ofrezco lo que tanto has anhelado: la capacidad de decidir. Solo canalizaré cuando estés preparada.

—¿Y si decido que nunca estaré preparada? —Contengo la respiración.

— Pues entonces vamos a ser unas compañeras excelentes —contesta con suma delicadeza—. Pero he visto tu corazón y sé que emergerás de esta oscuridad. Manipularás cuando estés lista, porque de lo contrario esta guerra estará perdida.

Niego con la cabeza.

—Piensas en Liam. El guerrero era él.

— Pienso en ti. Tu hermano no heredó el don de tu madre. Tú sí.

—No lo entiendo.

— Aún no, pero lo entenderás. —Me empuja la mano—. Por ahora, sanarás las heridas. Crecerás. Aprenderás. Y te prometo que, aunque ahora mismo seas la última de tu estirpe, jamás volverás a estar sola. No verás nunca un amanecer en el que yo no te esté esperando.

Me inclino hacia delante y apoyo la frente sobre sus escamas, procesando la enormidad de lo que acaba de prometerme, de lo que significa verdaderamente vincularme a ella.

Volveré a tener una familia.

Por primera vez en meses, la sonrisa que esbozo no solo se refleja en mis ojos, sino también en cada latido de mi corazón.

— ¿Te gustaría que volviéramos volando con tus amigos?

Mis compañeros de pelotón.

Levanto la cabeza y sonrío, y entonces afirmo con la cabeza.

—Sí.

Cuando me acomodo en el asiento y me agarro al pomo, siento como si estuviera cruzando las puertas de Mairghdelle.

Estoy en casa.